Publicado: 17.10.2014 17:00 |Actualizado: 17.10.2014 17:00

"No acabamos a hostias, no dejamos que llegara el momento"

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Muchas cosas han cambiado desde que Los Enemigos decidieran poner punto y aparte a uno de los grupos más importantes del rock en España. Lo hicieron en 2002, sin grandes traumas pero con una certeza; era la hora de parar la maquinaria. "No acabamos a hostias, no dejamos que llegara ese momento. Era un final abierto, se nos pasaba por la cabeza volver después de unos años", explica el cantante y líder de la formación Josele Santiago.

De hecho es la ausencia de objetivos, dicen, lo que ahora les está manteniendo vivos, con una especial ilusión. Se separaron porque estaban aburridos y volvieron cuando se empezaron a echar de menos. Volvieron en 2012 (Así fue su vuelta) tras una oferta de "bolos interesantes", y la respuesta fue tan buena que se animaron con un disco de canciones inéditas, Vida inteligente, que ahora publican. "No hemos encontrado ningún motivo para decir que no. Estamos a gusto y estamos sonando bien. La energía que recibimos en el escenario es cojonuda. Es como si no hubiera pasado el tiempo", explica el carismático vocalista.

Muchas cosas han cambiado desde que lo dejaron. Ahora se toman más en serio la profesión. "Cuando eres más chavalillo estás más pendiente de qué pasa después del bolo, a ver si te cepillas a una chica, que al bolo en sí, las cosas como son", comenta Josele haciendo estallar de risa a sus compañeros, Fino Oyonarte al bajo, Chema Animal Pérez a la batería y Manolo Benítez a la guitarra. "Ahora ya procuras disfrutar del bolo porque después te tienes que ir al hotel porque estás destrozado", zanja. "Cuando eres más chavalillo estás más pendiente de qué pasa después del bolo que del bolo en sí"

También ha cambiado la tecnología, lo digital, que avanza a ritmo imparable y que te obliga a estar atento para no quedarte rezagado. "Nuestro primer CD fue en los 90 con La vida mata. Ahora parece que está muerto. Además, antes se publicaban cinco discos a la semana; ahora se sacan 500", certifica Oyonarte. Ellos son unos clásicos, de los que perciben cierta magia en escuchar cintas de casete en el coche en pleno 2014. "Si lo escuchas a 140 kilómetros por hora suena de cojones", bromea Josele, que protagoniza otro de los cambios, para mejor, del grupo. Su voz suena algo diferente. Hace unos meses tuvo que operarse de un pólipo en las cuerdas vocales que obligó a retrasar la culminación de la grabación cinco meses. Ha ganado en armónicos y casi una octava. Poca broma para este animal de escenario al que la personalidad ya le va de serie. Tuvo que pasarse un tiempo, eso sí, sin poder hablar, y con una libreta en la mano para poder comunicarse con la gente de su alrededor: "Tiene un cierto encanto esa burbuja en la que te metes. Estuve muy tentado de quedarme en ella. Es divertido porque la gente da por sentado que no oyes bien y te grita, ‘¡Qué no puedo hablar, no soy tonto'!", exclama irónico. "Conozco el caso de un señor que no salió porque no quiso, lo operaron de un pólipo y sigue sin hablar", termina.





Vida inteligente no supone una ruptura de sonido para Los Enemigos. Ha sido grabado en directo con todos los miembros tocando a la vez en el estudio, con una producción "con formato de los años 50". Las letras de Josele, uno de los puntos fuertes de la banda, a excepción de algunas más etéreas, se anclan en la realidad del presente. Sin caer en la literalidad de una canción protesta, destilan conciencia social. "A mi madre le tangaron bastante pasta con las preferentes, 3.000 euros, que para ella es mucho. Empecé a escribir Firme aquí desde otro ángulo. Lo más obvio hubiera sido ponerse en el pellejo de un abuelo que está muy indignado y hacer una canción muy airada y muy rockera, pero opté por ponerme del lado del malo y darle contraste con una melodía muy pop y muy amable, para dar la sensación de frialdad", desgrana Josele.  "A mi madre le tangaron bastante pasta con las preferentes"

También tiene letras más abiertas, como Hombre que calla: "La escribí a partir de la lectura de un libro que me impresionó muchísimo, El Gen Egoísta, de Richard Dawkins, que tiene la teoría de que podemos ser simplemente vehículos de nuestra carga genética, seres que utilizan esa carga genética para sobrevivir a través de las generaciones, lo cual asusta mucho, pero ¡lo fundamenta el hijo puta!, es terrible", revela. "Es lo que toda la vida se ha llamado destino, pero ahora lo puedes justificar científicamente, lo cual acojona un poco", concluye.