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" No hace falta hablar fuerte para que te entiendan"

Futbolista. ¿Acaso alguien querría que fuera otra cosa? ¡Ni en sueños! Sin hacer ruido, él ha cumplido los suyos y millones ajenos

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Tras esa mirada cándida, hay un campeón del mundo. Es de carne y hueso, viste piratas y camiseta rosa, y le pican los mosquitos como a todo hijo de vecino. Al parecer, los bichos no hacen distingos ni con los seres extraordinarios, los hacedores de sueños. Así que se ceban en esa pierna mágica que el 11 de julio, en Johanesburgo, cumplió el sueño imposible de millones de niños y el suyo propio. 'Cuesta creer que haya pasado, que haya tenido la suerte de hacerlo, aunque sepa que es real y ha sucedido', confiesa Andrés Iniesta (Fuentealbilla, Albacete, 1984) con la misma naturalidad con que aquel día marcó el gol que dio a España su primer campeonato mundial.

Sucedió. Es real. Pero por si acaso Andresito pone el vídeo una y otra vez y se emociona cada vez que revive el momento, aunque su novia le diga que es un 'pesado'. 'Pero es que uno no se cansa de ver ese gol', se justifica. Él es así. Un tipo normal, bajito y blancucho, sin demasiado músculo, contenido en sus formas y generoso en sus actos. 'No hace falta hablar fuerte para que te entiendan, creo que mi forma de ser me ha llevado adonde estoy', sentencia con una seguridad que matiza su carácter. Algo han tenido que ver también sus padres, 'gente muy normal', que le dio una 'educación muy buena' y le puso un balón en los pies cuando apenas enlazaba los primeros pasos. 'Era de plástico, verde y azul', recuerda.

Andrés se pasaba horas dándole patadas en la pista de fútbol sala del colegio, en la ahora archiconocida Fuentealbilla. 'No pretendía que su fama llegara a China, pero es un orgullo para la gente del pueblo que sea así', comenta divertido. Pero un buen día, su padre vio un anuncio en el periódico, le presentó a unas pruebas y el niño pasó de la pista del colegio a jugar en el campo de tierra del Albacete. Tenía 8 años y era buen estudiante.

'Por si la cosa no salía bien', Iniesta nunca descuidó los libros, aunque su cabeza apuntase desde bien chico al deporte, su actual profesión y probablemente la del futuro, cuando cuelgue las botas y quizá decida poner en práctica los conocimientos que adquiere en la universidad. Aunque no asista a clase, parte de su tiempo lo dedica a estudiar sus apuntes de segundo de Educación Física. 'Siempre me han llamado la atención los números y me habría gustado estudiar Empresariales, pero requería mucho tiempo y esfuerzo y opté por algo relacionado con lo que hago', cuenta Andrés, encantado con asignaturas como Anatomía. 'Me ayuda a conocer mejor mi cuerpo y mis músculos y cuando tengo alguna lesión me suena y sé relacionarla', explica.

Las lesiones han sido su cruz en los últimos tiempos, pero el primer gran trauma lo vivió Iniesta con 12 años cuando, después de pasárselo pipa y de brillar como nadie en el torneo de Brunete jugando con el Albacete, el Barça le propuso trasladarse a la Masia. El sueño llamaba a su puerta inesperadamente pronto y le puso contra la espada y la pared: 'Mi primera intención fue decir que no; no quería separarme de mi familia, estaba muy bien y no me quería ir'.

Pero lo hizo. 'Separarme de ellos fue uno de los momentos más duros y difíciles de mi vida', revela. En su memoria siguen frescos los primeros meses de 'supervivencia' sin la familia, los lloros por teléfono, lo duro que era despedirse cada vez que sus padres le visitaban un fin de semana de cada mes. 'Quise irme muchas veces admite, sobre todo por las noches, cuando me iba a la cama solo'. 'Pero la gente de la Masia siempre se portó muy bien. Trataban de hacernos sentir como en casa. Allí aprendí muchas cosas que me sirvieron más adelante'.

Como cuando, estando de gira, hace un año, le golpeó la repentina muerte de su amigo Dani Jarque. 'Algo así no tiene explicación y cuando algo no tiene explicación, te vuelves loco', cuenta con una emoción tan contenida como la que transpiraba su dedicatoria del gol mundialista. 'El destino quiso que Dani estuviera presente en el momento más espectacular que uno puede vivir', dice el chico cuyo próximo sueño le proyecta hacia la paternidad. 'Es la idea que tengo en la cabeza', confiesa. ¿Existe un héroe más extraordinariamente normal?