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No hay paz para Coronado

El actor borda el personaje de Santos Trinidad en 'No habrá paz para los malvados', el enérgico thriller de Enrique Urbizu en torno al 11-M, que ayer fue recibido con entusiasmo en San Sebastián. "El filme habla de la

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José Coronado suele dejar colgado el traje de su personaje antes de irse a casa. Sin embargo, esa labor de higiene mental no sucedió esta vez, cuando se puso bajo la piel sucia y descuidada de Santos Trinidad, el personaje más rotundo de su carrera, entregado de manos de su amigo Enrique Urbizu, con el que ya ha colaborado en tres ocasiones. 'Hubo varias noches durante los dos meses de rodaje que me dormía vestido de Santos. Era parte de la dejadez del personaje, de su absoluto odio hacia sí mismo', confiesa el actor.

Coronado engordó siete kilos, se puso 'como un cerdo' durante los dos meses previos al rodaje, empezó a dejar crecer en su cabeza ideas de abandono. Detalles como estos hacen que comprendamos mejor qué pasa para que Coronado se mueva como un cazador herido en la pantalla, un hombre terrible al que no podemos dejar de mirar. Para que No habrá paz para los malvados se convierta en el ansiado arranque de la sección oficial a competición de San Sebastián. Y para que ayer se le recibiera con auténtico entusiasmo como el primer gran thriller en torno al 11-M.

'Esta es una película de personaje', aclara Enrique Urbizu

'Esta es una película de personaje', dice Urbizu. Una donde vemos a un hombre que hace cosas, que investiga, que entra y sale. Es también una película silenciosa, en la estela del cine de Melville (El silencio de un hombre) y del cine mudo del que Urbizu es un profundo admirador. Santos Trinidad es un hombre que se ha pasado al lado oscuro, pero que una vez fue un buen policía. 'Por razones ajenas a él, no por ningún mérito', explica José Coronado, 'porque es un auténtico hijo de puta se ve metido en un tinglado tras el que debe iniciar una caza humana para salvar el culo, y que en el camino le llevará a meterse en algo mucho mayor. Se convierte en el personaje que el espectador espera que sea capaz de salvar el mundo', asume un entusiasta Coronado, que ayer reconoció estar viviendo un momento único en su carrera. 'Nunca había sentido esto, una recepción tan unánime y positiva. Ni yo ni Enrique'.

No habrá paz para los malvados título de reminiscencias bíblicas, que alude al podrido clima moral que inunda la película y a esa soterrada guerra santa que dice Urbizu está en marcha está profundamente anclada en la realidad española, en el acontecimiento atroz que sucedió en Madrid el 11 de Marzo de 2004 y que Urbizu ha tomado como inspiración. 'Los buenos thrillers tienen que tener ese elemento contemporáneo. Te lo pasas bien con ellos, te atrapan, pero también descubres cosas de la realidad', apunta en una conversación con Público, que transcurre mano a mano con Coronado.

Se trata de un filme silencioso, que nace

La película plantea dos investigaciones en paralelo, pero lastradas por diferentes ritmos y modelos, y encarnadas en dos personajes opuestos. A un lado está Santos Trinidad, un policía repudiado, solitario, alcohólico y amargado. Por otro está la juez Chacón (Helena Miguel), recién llegada a la profesión, aunque su ilusión se da de bruces con la actuación de un cuerpo policial agujereado por la corrupción. 'Son dos personajes opuestos, pero la película sugiere que quizás deberían haber trabajado juntos', explica Urbizu.

Ahora bien, para ambos el filme 'no habla del 11-M directamente, aunque ahí están los trenes de cercanías, la calle Tribulete, la casa de Morata de Tajuña, incluso el equipo de fútbol', asume Urbizu. En realidad lo que hace la película es localizar las grietas que permiten que algo como aquello o como el 11-S pueda suceder. 'Toca la inseguridad, los fallos en los servicios de inteligencia, que nos protegen y también esa sensación que hay en Occidente de incertidumbre y angustia', mantiene el director. Pura metáfora de cine negro, entonces.

La película también plantea el peso del factor humano imprevisto. 'El azar desbocado: dependemos de que uno se levante un día con ganas de hacer su trabajo o que la información se pase de un funcionario a otro. La película habla de la sensación de amenaza social y la fragilidad', apunta el director.

Para el rodaje, Coronado tuvo que ponerse «'como un cerdo'

Tiempos turbios, tiempos malvados. Así ve nuestra época Enrique Urbizu, aunque matiza: 'Llevamos varios siglos viviendo tiempos así, sólo que hoy en día la avaricia y la codicia están más en primer término. Se está perdiendo la vergüenza. La impunidad es galopante. Vivimos tiempos difíciles, desde luego, pero también apasionantes', reconoce.

Quizás viendo un western podríamos pensar lo mismo de aquellos años y de aquellas cloacas sobre las que se cimentó una nación. Lo cierto es que No habrá paz para los malvados nace del género policíaco, crece con la negrura del noir, pero filtra en el metraje una sensación de western que la hace aun más rica, aun más desoladora. Madrid se convierte en el lejano oeste, aunque a la vez es la ciudad cloaca de un cine negro que habla de la podrida condición humana.

El director sitúa a su vaquero en medio de un periplo que empieza una noche en un saloon y que acaba a plena luz del día. 'El western se nos acaba filtrando siempre. Los dos somos dos amantes del género. El personaje es un cazador que se ha olvidado que lo era, pero vuelve a ponerse de pie al modo del hombre de acción barojiano, y vuelve a hacer su trabajo', dice el director.

También es una crónica de la realidad alejada del basado en hechos reales. Una comprobación de que Enrique Urbizu es un tipo que lee los periódicos todos los días. 'Michel [Gaztambide, guionista] y yo somos grandes recortadores de noticias', asegura el director. Coronado lo corrobora: 'El despacho de Enrique cuando íbamos a empezar con La caja 507 estaba empapelado con recortes de periódicos sobre corrupción, sobre las paredes estaba contado y anticipado lo que iba a suceder unos años más tarde con el caso Malaya', relata el actor. La cosa no ha sido distinta para la construcción de No habrá paz para los malvados. 'Hablamos de la realidad, pero ante todo este es un thriller sin un gramo de grasa, es puro músculo'. Y Santos Trinidad un personaje grasiento y eficaz, a la altura de la seducción de un Malamadre.