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Una novela menos negra y más humana

Johan Theorin aleja su libro La hora de las sombras' del cliché policiaco

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'La gente que tiene un aspecto ordinario puede ser bastante perversa. La maldad es muy banal. Los asesinos son gente que hacen cosas malvadas sin pensar. No son mentes privilegiadas'.

Esta declaración de principios de Johan Theorin (Gotem-burgo, Suecia, 1963) define sus tres novelas. También La hora de las sombras (Mondadori), la primera que se ha traducido al español.

En esta historia, que comienza con la desa-parición de un niño en la tenebrosa isla sueca de Öland, no hay detectives y los asesinos inteligentes tampoco son los protagonistas. Él prefiere recrearse en el dolor, en las víctimas y en sus familiares. Son novelas que tratan de gente corriente. 'Odio que se convierta a un asesino en un héroe. No lo son', asegura.

Este tipo de novela negra humana, con muchos elementos de terror al estilo de Stephen King y alejada del cliché policiaco, tiene mucho que ver con la vida de Theorin. Él pasó su infancia en Öland. Allí, en mitad de un terreno donde sólo crecen matorrales, se perdió varias veces con sus amigos. 'Y pasé miedo', confirma. A aquellas experiencias se unieron los cuentos que su bisabuela le contaba sobre duendecillos 'grises y con rostros malvados'.

El dolor llegó después. Poco antes de enfrentarse a la escritura de La hora de las sombras, murió uno de sus amigos. La aflicción que le envolvió se convirtió en el motor de la novela. El personaje de la madre que busca a su hijo era él mismo: 'Mientras escribía, me daba cuenta de que estaba expresando mi propio dolor. Y no es que me curara, porque sigo echando de menos a mi amigo, pero me ayudó', explica. La muerte de sus padres marcó también la escritura de sus otras dos novelas (aún no publicadas en español).

Antes de dedicarse por entero a la literatura ahora puede hacerlo, ya que vendió más de un millón de libros de su primera novela, Theorin era periodista. Pero no estaba en la sección de sucesos ni en la de política, sino en la de asuntos sociales. Este hecho le marcó también para que sus novelas negras estén alejadas de la tradición política de Maj Sjowally Per Wahlöö o de Henning Mankell. 'Cuando escribo, no culpo a la sociedad. Culpo a individuos concretos por su avaricia, su codicia y por tomar decisiones erróneas', se excusa.

Aun así, reconoce que le gusta escribir sobre el mal. 'Todos nos hemos encontrados con él alguna vez y plasmarlo en un libro hace que sea más fácil controlarlo', sostiene.

Sobre sus lectores, espera que no sean personas fascinadas con el mal. 'Prefiero creer que quieren ver cómo el bien se impone al mal. Tampoco hay que desconfiar de la gente', culmina.