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Nueva York

Las alucinantes casas de los famosos

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Ahí está el rapero 50 cents, enseñando una de las seis cocinas de su mansión a los espectadores de MTV. Y las 19 habitaciones y el comedor de mármol con sillas compradas al boxeador Mike Tyson, y su oficina, con la escultura de su tío, ese que lleva 15 años en la cárcel y al que ha puesto cara de faraón. Para eso está la familia.

¿Y qué me dicen de Mariah Carey? En el vestidor de su dúplex en Manhattan caben varios apartamentos. Suelo blanco de estrellas doradas, todo está ordenado por colores. Es una de las habitaciones donde pasa más tiempo. Ahí y en el bar estilo marroquí del segundo piso con vistas alucinantes a la ciudad. La cantante alquiló recientemente una mansión en Los Ángeles valorada en 125 millones de dólares muy cerca de la residencia donde Michael Jackson falleció.

A las puertas de la construcción rococó se hacinaron durante días admiradores desconsolados. La casa costaba 100.000 dólares al mes. Hacía poco que el cantante había regresado a California, tras vagar por el mundo en un estado financiero y personal cada vez más caótico. La desaparición de Jackson y las imágenes de Nerverland, el impresionante rancho donde el rey del pop construyó un zoo y un parque de atracciones, han recordado la desmesura de las mansiones de los artistas que se lo pueden permitir. Eso, y la crisis inmobiliaria.

Y si no que se lo digan a Nicholas Cage, que recientemente vendió su castillo bávaro, en el pueblo de Neidstein, 165 hectáreas de bosques y jardines que compró hace dos años por 2,6 millones de dólares, porque ya no le alcanzaba para pagar la factura de la luz.

Entre las celebridades más derrochadoras se encuentran Will Smith y su esposa que tardaron siete años y unos modestos 20 millones en construir en Calabasas (California) lo que sólo puede compararse a un complejo hotelero con su propio lago.

Oprah Winfrey, la diosa de la televisión estadounidense, que maneja su imperio desde Chicago, tiene en Montecito, una urbanización de megalujo cerca de Santa Bárbara, su 'tierra prometida', una mansión al estilo del Sur, con columnas y un amplio porche, 14 habitaciones, diez chimeneas, 45 acres de terreno, lagos, vergel, y unas vistas fabulosas al Océano Pacífico.

California, que se creó con ingentes cantidades de dinero y una buena dosis de fantasía, tiene mucha tradición en estos excesos. A unas cuantas horas en coche de la mansión de Oprah está el ejemplo más costoso, desproporcionado e increíble de EEUU. El castillo de San Simeón, el sueño del magnate de la prensa William Randolph Hearst, que Orson Welles caricaturizó en Ciudadano Kane.

Pero no todo está en Nueva York o California. En Ocala (Florida) se ha establecido John Travolta. Allí tiene lo que las colinas de Hollywood no le pueden ofrecer: sitio para su propia pista de aterrizaje y el hangar donde aparca algunos de sus aviones, dado que su gran pasión, además del cine y la cienciología, es volar. Lo de Ocala no es tan excepcional en esa zona, donde hay urbanizaciones diseñadas para el que se desplace en su jet privado. Hasta ahí no llega la crisis.