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"Oír risas da placer hasta con la muerte" 

El director Carlos Agulló habla en ‘Los demás días’, a través del trabajo de un equipo de servicios paliativos y de sus pacientes, de la vida sin dolor y de la muerte sin angustia, y asegura que “el humor con la muerte no debe ser tabú”.

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El director Carlos Agulló presenta 'Los demás días'.

“Aquí no nos enfrentamos a la muerte, si lo hiciéramos seríamos una sociedad mucho más sana, incluso se podría hacer un análisis marxista del tema”. El director Carlos Agulló, que durante buena parte de su vida estuvo completamente ajeno a la muerte, ha cogido ahora el toro por los cuernos y ha puesto su cámara al lado de un equipo de servicios paliativos de Madrid, dirigido por el doctor Pablo Iglesias. Con ellos ha entrado en casa de algunos pacientes terminales, ha recogido sus testimonios y los de sus familiares, y ha apostado por hacer una película sobre la vida mucho más que sobre la muerte, o en todo caso, sobre la vida y la muerte sin dolor.

Los demás días, que se presentó en el Festival de Cine Europeo de Sevilla y llega ahora a los cines, invita a enfrentarse a la muerte sin angustia, a no vetar la tristeza, pero tampoco el sentido del humor. “El humor con la muerte no debe ser tabú y, además, oír risas da placer hasta con la muerte”.

Más que una película sobre servicios paliativos ¿no es una película sobre la vida?

Sí. Esta es una película sobre la vida, lo de los servicios paliativos es una vía de entrada en el tema.

Antes de hacerla ¿usted tenía más o menos miedo a la muerte?

Tenía mucho más miedo antes, ahora lo veo mucho más natural. La tristeza, la vejez, las arrugas del cuerpo… no pasa nada, es bonito también. Como dice una canción: Siento ser el portador de las mala noticias, pero vas a morir, porque todos morimos. El médico Pablo Iglesias dice que la muerte es triste, pero que una vez que la despojas de la angustia, del miedo y de la ansiedad, queda un sentimiento limpio.

Todos esos sentimientos son tabúes en esta sociedad…

Pero no deben serlo, no hay que estar siempre alegre. Si intentas no pasar por la tristeza, la vida se convierte en nada.

Meter la cámara en la casa de los pacientes terminales ¿ha sido una experiencia muy dura?

Durísima. Al principio me sentía como en una primera fila, como si tuviera que hacer algo. Cada vez que pasaba algo con un paciente, Pablo me decía que los procesos eran así, que lo dejara pasar. No hay que evitar la muerte, el dolor, hay que paliarlo.

¿Y qué piensa ahora de tantos médicos que hay en España que permiten que las personas mueran con dolor?

En España no hay una cultura de lo paliativo. Hay algo más en Inglaterra. Los oncólogos aquí no derivan a sus pacientes hasta que no tiran la toalla, pero hay dolores que ellos no saben tratar. Para la mayoría, los servicios paliativos ya son como el agujero, pero hay pacientes que no son terminales o que lo son a largo plazo y a los que se les trata. Es cuestión de cultura, pero también de más medios, todavía hay Comunidades Autónomas que no tienen estos servicios. Faltan decisiones políticas.

En el coloquio tras la proyección en Sevilla seguro que salió el tema de la eutanasia aunque no sea el de su película…

Hay millones de maneras diferentes de morir, una por cada persona en el mundo. Cada uno muere de una forma porque cada uno vive de una forma. La eutanasia es una manera más. Además, hay casos que se denominan eutanasia y son suicidios asistidos o son homicidios. Si fuera legal en España, a lo mejor alguno de los que aparecen en la película hubiera optado por ella. Pero en este país tan simplón, la eutanasia pertenece a la izquierda y estar en contra, a la religión y a la derecha.

Ángela, una mujer de 43 años cuya energía y mirada no parecen encajar con la idea de un enfermo terminal.- EFE

¿Cómo sería una sociedad que se enfrentara mejor a la muerte?

Aquí no nos enfrentamos a la muerte. Una sociedad que lo hiciera sería una sociedad mucho más sana, incluso se podría hacer una análisis marxista del tema. Si la gente pensara que la vida se va a acabar, sabría qué es lo realmente importante y no se centraría tanto en comprarse el coche caro, en esos vacíos. Sería saludable, no estaría esperando siempre lo que va a venir después ¡que va a ser lo guay! esperando un estatus que no va a llegar. El truco está en disfrutar el presente.

¿Quién querría que viera ‘Los demás días’?

Los chavales, la gente sana que tiene toda la vida por delante, no solo pacientes y médicos. He visto mucha gente a la que se le acercaba la muerte y sentía cada vez más angustia porque no había hecho con su vida lo que quería.

Hay un par de ocasiones en que en la película se habla del testamento vital.

Cuando una persona tiene el privilegio de saber que se va a morir y puede despedirse de la vida hay muchas cosas importantes. El testamento vital hay que firmarlo o no, como dice Pablo lo importante es hablar de la muerte con tu gente más cercana, que sepan qué opinas de la muerte y de la vida, qué no estás dispuesto a vivir. Porque el testamento vital si cuando llega el momento no hay una persona de confianza que lo defienda, no existe.

Queda claro en ‘Los demás días’ lo importante que es el sentido del humor también con la muerte, ¿es signo de saber enfrentarse a ella?

El humor con la muerte no debe ser tabú y, además, oír risas da placer hasta con la muerte. Lo mismo que los médicos de paliativos no cortan el llanto de sus pacientes, nada de no llores, no llores, al revés, les dicen que lloren, que eso es lo que les ha salido y que tienen que expresarlo.

¿Le ha cambiado mucho la percepción de la vida esta película?

Muchísimo. Mis padres me protegieron siempre de la muerte. No fui a ningún entierro, ni funeral, ni vi nunca un cadáver hasta ya mayor. Cuando se murió mi abuelo, mi madre me lo dijo y luego no volvimos a hablar del tema en mi casa. No tenemos un modelo social con la muerte, no es que no sepas expresar es que no sabes qué sentir. Hace veinte años o así se murió la hermana de un amigo mío muy cercano y yo no supe que hacer, ni siquiera le llamé, ¿qué iba a decirle? Hace unos meses le he llamado para pedirle perdón. Ahora puedo hablar de la muerte con cualquier persona.

Teniendo en cuenta el beneficio propio, seguro que ha pensado en el de los espectadores, ¿eso le hace pensar en el valor del cine de otra forma?

Sí. Me doy cuenta ahora de ese valor del cine. Y lo que más me gusta de todo el proceso es el final, los coloquios con el público, ahí aprendo más de cine que rodando. Ahora me llaman los médicos de paliativos y me dice que esta película es lo más importante que les ha pasado en muchísimo tiempo.

Después de un trabajo así, ¿necesita oxígeno o sus siguientes proyectos tienen un corte parecido?

La verdad es que uno es sobre la cárcel y otros sobre los refugiados. El de la cárcel se llama Mi primera noche y es la primera noche en la cárcel de alguien condenado a quince años más o menos y después su primera noche fuera de la cárcel con un permiso penitenciario.

El doctor Pablo Iglesias en la película