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Olor a eucalipto, un río muy apetecible a pocos metros del escenario y una puerta rota, con Boat Beam

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A las seis de la mañana estábamos cargando la furgoneta de instrumentos y maletas. Salimos media hora más tarde de lo previsto, pero Agustín, nuestro road manager, es un mago del tiempo y siempre consigue hacernos llegar puntuales.

Con tantas horas de viaje por delante, cada cual se apaña a su manera. Charlie, que es todo un profesional de la carretera, se duerme 'cuando Agustín no mira', pero realmente parecía una marmota; a Alisha 'lo único que se le duerme es el culo'; y el resto dormimos como podemos, a ratos (yo he desarrollado la 'técnica fresca', que consiste en tumbarme sobre aquellas personas que, ingenuamente, se prestan a servirme de almohada).

Según nos acercábamos a Paredes de Coura el paisaje se iba vistiendo de verde y el aire llegaba impregnado de eucalipto; toda una delicia para los sentidos.

Hacia las 15.30 comenzó nuestra prueba de sonido, a pleno sol; los instrumentos podrían haber sufrido combustión espontánea. Cuando quedamos conformes con nuestras escuchas, disponíamos de 15 minutos para cambiarnos y refrescarnos.

¡Y empezó el espectáculo! Teníamos muchas ganas de tocar: llevábamos temas nuevos que acabamos de grabar recientemente para lo que será nuestro segundo LP, los temas viejos suenan tremendos con la banda completa, y habíamos preparado una versión del Glory box de Portishead, que nos encanta. Al principio había casi más fotógrafos que público, y es que eran las 16.45 y muy cerca de nuestro escenario había un río de lo más tentador Pero conforme avanzaba el concierto la gente se iba animando (Resultado: ¡Boat beam 1 - Río 0!).

'Cada vez que Josephine se escuchaba diciendo muito obrigada', horrorizada, se tapaba los oídos'

Satisfechos con el concierto, y tras escuchar a Madame Godard, la banda portuguesa con la que compartíamos escenario, decidimos marcharnos al hotel para disfrutar de un merecido chapuzón en la piscina.

Al día siguiente partíamos frescos como lechugas, y tuvimos ocasión de oír la retransmisión de nuestro concierto en Radio 3. Cada vez que Josephine se escuchaba diciendo 'muito obrigada', horrorizada, se tapaba los oídos.

Todo iba estupendo hasta que, en tierras zamoranas, hicimos una pequeña parada y según empezábamos a retomar la ruta la gran puerta corredera lateral de la furgoneta se abrió de golpe, saliendo disparada hacia atrás y cayendo estrepitosamente en el suelo. Afortunadamente no nos sucedió en mitad de la autopista, y los ocupantes del coche que iba detrás no sufrieron más que una lividez pasajera. Yo he aprendido lo importante de llevar puesto el cinturón de seguridad.

Gracias al trabajo de Agustín, conseguimos acordar que dos taxis nos llevaran hasta Valladolid, donde otra furgoneta nos recogería para devolvernos a Madrid. Más de cuatro horas de espera, pero logramos llegar a casa sobre las once de la noche, terriblemente cansados, pero con muchas ganas de compartir esta pequeña aventura con todos los seres queridos que estaban esperándonos.