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Una ópera de alta tensión

Los 25 años de los Premios Goya están marcados por el anuncio de dimisión de Álex de la Iglesia al frente de la Academia, Icíar Bollaín y la ministra de Cultura se encontrarán con él en el Teatro

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Los Goya de la alta tensión podría ser el título. La celebración de los 25 años de los premios de la industria cinematográfica española se celebran hoy en el Teatro Real con el ánimo más proclive al incendio que a las velas de cumpleaños. Los datos de la caída de la taquilla en 2010, las aguas turbias de la ley Sinde y, sobre todo, la polémica surgida después de que Álex de la Iglesia decidiera dimitir como presidente de la Academia de cine han puesto el acento de esta edición en las discordias extra cinematográficas.

Si esto fuera una película, con sus dosis de humor (Buenafuente), de tensión (Bollaín-De la Iglesia-González-Sinde) y de drama (llantos y emoción de los premiados) sólo habría un protagonista: el impulsivo presidente de la Academia. El director bilbaíno no sólo acumula la mayoría de nominaciones, 15, por su Balada triste de trompeta, sino que será el anfitrión de una gala en la que los ojos (y buena parte de las bromas de Buenafuente) estarán dirigidas hacia él.

La caída de la taquilla en 2010 también ha caldeado el ambiente

De la Iglesia tendrá sobre sus hombros el desarrollo de una de las secuencias más esperadas de la gala de esta noche: el reencuentro público con la ministra de Cultura Ángeles González-Sinde, a cuya ley antidescargas De la Iglesia se opuso públicamente, para poco después anunciar vía Twitter su dimisión, levemente rectificada más tarde, al frente de la Academia.

El protocolo manda, y además de imponer vestidos largos en tonos rojo y negro para ellas, y trajes oscuros de líneas rectas para ellos, obliga a que sea De la Iglesia el que reciba en la alfombra roja a la ministra . Se espera concordia y buenas maneras. Estamos en el territorio de la ficción.

Ahora bien, es posible que la protesta convocada por el colectivo de internautas Anonymous que, tras el ataque a las webs de la SGAE y el PSOE, se ha fijado el objetivo de sabotear la gala de los Goya, ponga banda sonora a tan esperado encuentro.

Bollaín y De la Iglesia compiten por los galardones más codiciados

De la Iglesia, que convocará elecciones a la presidencia de la Academia poco después de los Goya, leerá un discurso supervisado por la junta directiva de la institución. Como todo protagonista, tiene también su antagonista: Icíar Bollaín, rival en las principales categorías de los premios con las 13 nominaciones que acumula También la lluvia, y encargada de haber dado un severo rapapolvo al presidente.

Precisamente, la ley que lleva el nombre de la ministra fue el detonante de la dimisión del cineasta vasco. De la Iglesia presentó una alternativa a la ley Sinde que fue ignorada por la ministra, como adelantó este periódico. La noche que confirmó su salida, la vicepresidenta Bollaín reconoció que la Junta de la Academia le había tirado de las orejas por expresar sus opiniones antes fuera que dentro de casa. A la mañana siguiente envió un comunicado severo en el que culpó a De la Iglesia de haber abierto 'una crisis innecesaria'.

'Con esta situación parece que nos quejamos siempre', se duele Laia Marull

Los dos directores compiten por los Goya más codiciados, mejor película y dirección, con dos obras que tocan la Historia de maneras decididamente opuestas. Una, la espectacular de De la Iglesia, que realiza un ejercicio apabullante de dirección para convocar los fantasmas de las dos Españas. Otra, entre intimista y social de Bollaín, que realiza su película más compleja y sale airosa de la complicada estructura de cine dentro del cine.

Sin embargo, esto no es un duelo a dos. Los otros competidores en las categorías estrella de la noche tienen para sí el don de la discreción y del buen hacer cinematográfico: Agustí Villaronga y las 14 nominaciones de Pa negre, y Rodrigo Cortés y las 10 nominaciones de su premiadísima Buried.

'Por una vez que me toca', decía riendo Villaronga a este periódico. En efecto, el jaleo mediático provocado por la secuencia de acontecimientos ha hecho que Pa negre y Buried estén en cierta forma fuera de foco. Hace unos días, Laia Marull, nominada a mejor actriz de reparto por su papel en Pa negre, también se dolía en este diario: 'Me da rabia porque creo que se han precipitado las cosas. Si alguien tiene que dimitir pues que dimita, pero es una lástima esta situación porque parece que nos estamos quejando siempre. El presidente y la vicepresidenta tienen películas nominadas y todo es bastante mareante'.

Si gana Villaronga será la primera vez que triunfe una película en catalán

Ahora bien, Pa negre no es actor secundario en esta película. De hecho, podría ser la gran sorpresa de la noche, después de que convenciera a la crítica y al público en el Festival de San Sebastián, con una visión moralmente compleja de la posguerra. Si fuera así, ganaría por primera vez los Goya una película en catalán, y Villaronga recibiría, después de tres décadas de carrera cinematográfica, el reconocimiento que no se le ha negado en Europa.

Buried, que se hizo con la mención a mejor película en los recientes premios José María Forqué, que conceden los productores, podría dar también la campanada por el ejercicio de estilo y de riesgo de Rodrigo Cortés, quien se atrevió con una película contada a tiempo real y cuya trama sucede al completo dentro de un ataúd. La suya es una apuesta por un cine decididamente industrial, de carácter internacional y filmada en Barcelona, donde Cortés está rodando ahora mismo Red Lights con Robert de Niro y Sigourney Weaver. Por cierto, ¿aparecerán por sorpresa en la gala?

Sorpresa ya no será la asistencia de Javier Bardem, que anunció su presencia en las bodas de plata de unos premios que ha ganado en cuatro ocasiones. Su papel de desgraciado supremo en Biutiful marcaría la quinta. Eso, si Ryan Reynolds, Antonio de la Torre y Luis Tosar se lo permiten. No se ha confirmado la presencia de José Luis Garci, cuyo regreso a la celebración de la Academia ha sido objetivo prioritario de De la Iglesia, comohizo el año pasado con Pedro Almodóvar.

La película, entonces, promete sorpresas, giros de guión en un escenario de pasiones y traiciones: la ópera.