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Pacifistas melenudos contra padres fachas

El festival ovaciona la anodina Jayne Mansfield's Car', de Billy Bob Thornton

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Ante la sobredosis de tragedias humanas que suele reproducirse en cada Berlinale, llega un momento en que la prensa acreditada decide embriagarse con cualquier cosa que resulte fácil de ingerir. Ese momento llegó ayer con la presentación de Jayne Mansfield's Car, el regreso del actor Billy Bob Thornton a la dirección 12 años después de Todos los caballos bellos. La película, una disección de las relaciones paterno-filiales ambientada en el sur estadounidense, fue aplaudida ayer a rabiar. Sin duda, gracias a una ligereza y sensibilidad que, a ratos, costaba mucho distinguir de la trivialidad y el remilgo.

Sus primeras imágenes remiten a la América idealizada de los cincuenta, aunque la acción transcurra casi 20 años más tarde. En un paisaje perfecto de postalita sureña irrumpe una manifestación contra la guerra de Vietnam, que lidera un melenudo Kevin Bacon, enfrentado con un padre facha y emocionalmente bloqueado, inmenso Robert Duvall, que no duda en llamarle 'bastardo'. Sus hermanos, entre los que figura un Thornton entre excéntrico y borderline, tampoco tienen derecho a un trato mucho mejor.

No es el único conflicto presente en una película repleta de colisiones familiares, en la que Thornton se mueve sin cesar entre la brocha gorda y el pincel ornamental, sin terminar de encontrar nunca el equilibrio perfecto entre caricatura y sensibilidad. Hay algún chiste gracioso y alguna escena altamente emotiva, como esa reconciliación entre hombres maduros protagonizada por Duvall y otro titán como John Hurt, contando cómo le robó a su exesposa, a la que ha acudido a enterrar en su Alabama natal.

Pero el director se acaba perdiendo en una narración excesivamente dispersa, con personajes prescindibles y un mensaje algo chirriante. Thornton, que ayer dijo haberse inspirado en su relación con un padre que abusó de él 'física y verbalmente', parece sostener que todas las familias tienen problemas y que todo hijo necesita la aprobación de su padre. No es que sea precisamente un scoop. 'Hoy sólo se financian películas con modelos vestidas de gladiador y comedias tontas. En lugar de quejarme, quise dirigir una que no lo fuera', explicó Thornton.

Más interesante resultó Sister, de la francosuiza Ursula Meier, responsable de un destacable (y poco visto) debut titulado Home. La familia, entendida como un monstruo depredador pero domesticable, se encuentra de nuevo en el centro de una historia centrada en un niño ladrón que arrasa los vestuarios de una estación de esquí para mantener a la que, en principio, nos será presentada como su hermana.

Con regusto a los hermanos Dardenne, su realismo contiene una dimensión más alegórica, que habla de niños perdidos que juegan a ser adultos y de familiares que se odian tanto como se necesitan, en un mundo donde los puntos de referencia parecen haberse extinguido.