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Pahor da voz a la amargura eslovena ante el fascismo

'Necrópolis' recuerda su paso por un campo de concentración

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Las heridas de guerra no cicatrizan nunca. El escritor italo-esloveno Boris Pahor, superviviente de los campos de concentración nazis, a sus 97 años, publica en España la novela autobiográfica Necrópolis (Anagrama), en la que cuenta su terrible experiencia en el campo de Natzweiler-Struthof, en Alsacia.

'Pahor comparte con Primo Levi y con Imre Kertesz el complejo de culpabilidad como superviviente', señaló ayer el editor, Jorge Herralde. El autor, como explica Claudio Magris en el prólogo, se pregunta: '¿Es una infidelidad haber sobrevivido y vivir plena e incluso gozosamente, con placer sensual?'. El libro desmenuza las vivencias horribles de un campo de concentración de presos políticos. Habla del 'olor a carne' de los hornos crematorios y de la humillación moral y física que se sufre 'cuando se empieza a pensar con el estómago'.

Pahor, además, da voz a la amargura del pueblo esloveno de la zona de Trieste, perseguido por el fascismo. Para ello considera que es necesario ir mucho más allá de la guerra: 'Convendría hablar de los 25 años de fascismo en Italia', dice, entre resignado y orgulloso. 'En Roma o en Milán fue distinto. En Trieste fueron años mucho más duros'. Hace unos cuantos, el alcalde de su ciudad, Trieste, quiso dar a Pahor el reconocimiento que merecía: 'Lo rechacé, porque él se negó a hablar de los diez años que perdí durante el fascismo por tener que renunciar a mi lengua'. Es un ejemplo que justifica al escritor cuando critica 'la memoria oficial de las instituciones, donde hay simpatías hacia el fascismo'.

A Pahor le duele que en Italia actualmente se hable del fascismo de una manera superficial y muy poco crítica. '¡El jefe de Gobierno cita a Mussolini!', recuerda. Esta deficiencia es ya estructural: 'En los libros de texto no se habla de experiencias como la mía, que son mucho más importantes que los nombres de los generales que ganaron o perdieron la guerra'.

¿Qué ha pasado, entonces? Pahor lo tiene muy claro: 'Descubrimos que después de la guerra en Italia se sirvieron del fascismo para hacer frente al temido comunismo'. Quizá no haga falta ir tan lejos. La indiferencia nació poco después de la guerra, muy poco después: 'Cuando en 1945 se exhibieron en París fotos que habían hecho soldados aliados de los horrores que encontraron en los campos de concentración, los parisinos ya estaban hartos de todo aquello'. Más escandalosos (y omitidos) son casos como el del ingeniero nazi Von Braun, que dirigía a los prisioneros del campo de Dora-Mittelblau que fabricaban las bombas que arrasaron Londres, y acabó trabajando en la NASA. Con amargura, Pahor sigue preguntándose en voz alta: '¿Qué podíamos esperar del futuro?'.