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Paisajes desde los últimos días del Paraíso

Primera exposición en Europa del pintor Asher B. Durand

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Mientras Goya ultimaba la fuerza grotesca de las Pinturas negras, al otro lado del Atlántico se descubría un mundo y los pintores se entregaban a los paisajes y a las vistas costumbristas de atardeceres crepusculares, ovejas y veleros. Parecía que tocaran los últimos días del Paraíso. Aquellos paseantes que salían al campo para alimentar su devoción por la naturaleza estaban convencidos de que el paisaje vivificaba, que eliminaba los malos humos de la metrópolis que se hacía grande.

Los paisajes norteamericanos de Asher B. Durand son buen ejemplo de estas escenas bucólicas, que a partir de mañana se pueden ver en la Fundación Juan March de Madrid, hasta el 9 de enero de 2011. Es la primera exposición monográfica del autor neoyorquino que se exhibe fuera de EEUU, donde es considerado como uno de los paisajistas más influyentes del siglo XIX y un pionero del grabado.

El recorrido de la muestra arranca con Durand grabador, con maravillosos ejemplos como la recreación de la declaración de la independencia del 4 de julio de 1776 o diseños para billetes. Junto a las 140 obras, entre óleos, dibujos y grabados, se ha incluido mucha información del autor, 'porque es un completo desconocido en Europa aunque se hayan incluido obras suyas en algunas exposiciones colectivas', señala a Público Manuel Fontán, director de exposiciones de la Fundación Juan March.

Durand encuentra en el paisaje la fuente de inspiración única a lo largo de toda su carrera. No se movió ni un ápice de sus vistas de los bosques, a hora y media de la ciudad de Nueva York, en su longeva carrera. Viajaba hasta allí con sus libretas y sus lapiceros, y buena muestra de ellos han llegado hasta nuestros días. De las aproximadamente 70 libretas que se conservan en la New York Historical Society (uno de los museos más antiguos de EEUU, en el que se custodia la mayor colección de obras de Asher B. Durand), en la Fundación Juan March se pueden ver algunas expuestas y otras digitalizadas, dispuestas para pasar de página una a una. Es en los bocetos y dibujos preparatorios de los cuadros que ilumina más tarde en su estudio, donde el talento de este paisajista se vuelve sublime.

'Claramente se identifica con otros pintores de paisajes como Claudio de Lorena, Rubens, John Constable o Camille Corot, que debió conocer en un viaje de un año que hizo por las pinacotecas de toda Europa. Además, recoge el sentido místico de los románticos como Friedrich', explica Fontán. Pero si en aquella exposición que esta misma fundación dedicó al maestro romántico todo era tensión dramática, ahora todo es calma y serenidad arropada por una magnífica obsesión: los árboles, o como la historiadora Roberta J. M. Olson escribe en el catálogo, los 'centinelas espirituales de la naturaleza'. Los árboles son el sello distintivo de Durand, como símbolos inmemoriales de la fertilidad.