Público
Público

La parada de los monstruos

El Jeu de Paume de París revisita las imágenes de la fotógrafa estadounidense Diane Arbus en una espectacular retrospectiva

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Diane Arbus pasó media vida buscando la humanidad de los fenómenos de feria. Y la otra media, detectando la extrañeza de la gente que consideramos normal. La especialidad de la fotógrafa estadounidense fueron, en sus propias palabras, 'los anormales, homosexuales y atrofiados, los enfermos, los que agonizan y los que ya están muertos'. Pero también los militantes con sombrero de copa que asistían a los mítines republicanos, los niños disfrazados con máscaras terroríficas, pese a que ya haya pasado Halloween, e incluso la monstruosidad que pueden esconder los recién nacidos. Lo demuestran las 200 imágenes de la espectacular retrospectiva inaugurada esta semana en el Jeu de Paume de París, que repasa la breve (pero intensa) trayectoria protagonizada por Arbus, truncada por su suicidio a los 48 años.

Las fotografías presentadas en la exposición vuelven a demostrar que Arbus tenía un ojo especialmente dotado para capturar lo inesperado y lo espontáneo. El otro entendía de encuadre y composición. Cuando los combinaba con precisión, alcanzaba retratos simplemente perfectos, en algún lugar entre la puesta en escena de una foto de estudio y la improvisación de una instantánea tomada a la vuelta de la esquina.

A Arbus la influyeron los pioneros de la fotografía callejera, como Weegee o su mentora Lisette Model, pero la pulcritud formal de su blanco y negro debió de proceder de sus inicios como fotógrafa de moda para las grandes revistas ilustradas.

Su sabotaje deliberado al canon de belleza en vigor y su fascinación por los monstruos cotidianos no fue del gusto de todo el mundo. La escritora Susan Sontag la acusó de mirar a sus personajes por encima del hombro, efecto de su estatus de heredera judía, hija del director comercial de unos exclusivos grandes almacenes neoyorquinos. Otros, en cambio, prefirieron observar la empatía y la identificación de la fotógrafa, depresiva crónica y de sexualidad imprecisa, que nunca comulgó con los imperativos sociales.

'Diane no juzgaba a sus personajes. No los consideraba seres raros, sino interesantes', confirma el fotógrafo y documentalista Neil Selkirk, que conoció a Arbus durante los sesenta y se terminó convirtiendo en su ayudante. Del costumbrismo inocuo de sus inicios pasó a tomar partido por los invisibles, como demuestra su serie sobre los jóvenes con síndrome de Down.

'Diane no juzgaba a sus personajes', dice Neil Selkirk, que fue su ayudante

La retrospectiva inaugurada ahora en París se distingue de las demás por dejar que las fotografías se expresen por sí mismas. Ya decía su hija Doon que la obra de Arbus era 'suficientemente elocuente para poder prescindir de explicaciones, consignas de lectura y textos biográficos'.

El Jeu de Paume ha apostado por explorar esta pista, exhibiendo las imágenes acompañadas únicamente del título y la fecha. 'Hemos eliminado todo elemento que pueda mediar en la relación entre la fotografía y el visitante', explica la directora del Jeu de Paume, la catalana Marta Gili. 'Las imágenes interpelan a su espectador de una forma tan rotunda que preferimos que cada uno pudiera interactuar con ellas a su manera', añade Gili, que considera que las imágenes de Diane Arbus suponen 'una alegoría sobre la condición humana'.

La retrospectiva, de estructura tan novedosa como lograda, no ofrece información sobre su protagonista hasta la sala final, donde se revelan varias claves biográficas a través de cartas, diarios personales y otros documentos. Allí se descubre que la fascinación por los seres extraños venía de lejos.

En una redacción escolar sobre Platón escrita en 1939, Arbus reflexionaba: 'Ha habido y habrá una infinidad de cosas sobre la tierra. Los individuos son distintos. Todos quieren cosas distintas, todos aman y tienen aspectos distintos'. Como en las alegorías platónicas, lo que llegaría luego no fue más que una constatación de lo que ya sabía de forma casi innata.