Publicado: 20.05.2015 17:35 |Actualizado: 21.05.2015 07:00

ENTREVISTA | ANTONIO CHAVARRÍAS

“Parece que la izquierda está condenada a las divisiones”

El director catalán rueda en México 'El elegido', donde recupera la figura de Ramón Mercader, el comunista español que asesinó a Trotski. El mexicano Alfonso Herrera encabeza un reparto internacional para este “thriller histórico con connotaciones políticas”.

Publicidad
Media: 5
Votos: 3
Comentarios:
chavarrias

Antonio Chavarrías y el actor Alfonso Herrera, en el rodaje.

MADRID.- “Un drama con acentos trágicos y, por supuesto, un thriller histórico con connotaciones políticas clarísimas”. Así será El elegido, película que rueda estos días en México el cineasta Antonio Chavarrías y en la que recupera, con todas sus aristas y rincones opacos, la figura de Ramón Mercader, el estalinista que asesinó a Leon Trotski en Coyoacán.

Un reparto internacional -encabezado por el mexicano Alfonso Herrera, los británicos Henry Goodman, Julian Sands y Hannah Murray, y los españoles Elvira Mínguez y Roger Casamajor- dará vida a los personajes principales de esta historia, relato de una traición que, en palabras del director, es “una de las confrontaciones más significativas que ha habido dentro de la izquierda. Y es que parece que la izquierda está históricamente condenada a las divisiones”.

A un día de terminar el rodaje en México y con dos semanas de trabajo aún en Barcelona, Antonio Chavarrías habla sobre la película y explica cuál es para él ahora una de las lecturas de aquel hecho histórico: “Ante el deterioro de una utopía y la traición a unos principios que aquello significó, de pronto en España se está produciendo lo contrario, una recuperación de cierta utopía, se ha conseguido creer que sí se pueden cambiar las cosas”. El elegido es una coproducción entre Oberón Cinematográfica (del propio Chavarrías) y la mexicana Alebrije (de Mónica Lozano).




75 años después del asesinato de Leon Trotski a manos de Ramón Mercader, ¿qué le interesó de esta historia?
Los personajes que había en ella. Ramón Mercader, su madre, Silvia Ageloff, secretaria y colaboradora de Trotski, los dos años de relación que tuvieron… Eran personajes complejos y, al mismo tiempo, muy puros. Me llamaba mucho la atención lo poderosos que eran esos personajes.

¿La película sigue los pasos de Ramón Mercader o tendrá un recorrido más amplio?
No, sigue los pasos de Mercader en los dos años previos al asesinato. Desde que lo captaron los servicios secretos de la URSS para que participara en el atentado de Siqueiros. Pero es una película muy coral, en la que se retrata el mundo de los comunistas españoles, las dudas que tenían sobre la deriva de los comunistas soviéticos, los trotskistas…

¿El público joven, que no llega con ese bagaje político, entenderá todo eso?
Sí, creo que se entiende bien, incluso entre quien no tiene una formación política detrás, porque la película se sostiene mucho sobre hechos emocionales y también sobre una estructura de thriller. Por supuesto, sacarán más provecho los que sepan de política. Pero mi intención no es hacer una película de denuncia o una apología de nada.

¿Su intención es?
Poner delante el deterioro de una utopía, la traición a unos principios. Mostrar cómo esa deriva de la URSS afectó a un grupo de gente que en España estuvo al pie del cañón, luchando en la Guerra Civil.

¿Cuál es la lectura de aquel asesinato hoy?
Justamente que frente a ese deterioro ahora en España lo más interesante que está ocurriendo es que está renaciendo una cierta utopía. Se ha conseguido creer que sí se pueden cambiar las cosas. De pronto hay una fuerza que dice que hay otro horizonte. Es la recuperación de la ilusión.

El asesinato de Trotski ¿sirve como símbolo extremo de los históricos desencuentros de la izquierda?
Es, sin duda, una de las confrontaciones dentro de la izquierda más significativas. En la revolución rusa empezaron primero con los anarquistas, luego con ciertas facciones del comunismo… Parece que la izquierda está condenada a este tipo de divisiones y confrontaciones.

En sus últimas películas indagaba usted en una zona oscura de las relaciones familiares, ¿ese hueco lo cubrirá aquí con el personaje de la madre de Ramón Mercader?
La madre de Mercader fue la persona que le captó, la que le dirigió a ese destino. Ella estaba en un coche esperándole fuera de la casa de Trotski. Era una relación absolutamente viciada por el dogmatismo. ¿Por una convicción así puedes llegar a ese extremo?

Tras la investigación previa y ahora el rodaje, ¿tiene una idea diferente de la figura de Mercader?
Sí, tengo una idea diferente, he humanizado más al personaje. Creo que el principal traicionado fue él mismo, que se vio en una emboscada. Estoy seguro de que le habría gustado apearse de esa misión. Aunque en realidad, al final nadie sabe nada de lo que pasaba en su cabeza. En aquella época el mundo de la URSS era muy hermético y lo que se sabe de Ramón Mercader entonces es por terceras personas y de fuera.

¿Su película va a descubrir algo al público?
El personaje, porque creo que es una figura bastante desconocida, y también descubrirá un punto de lo que ocurrió en el bando republicano que nunca se ha tocado. En él hubo víctimas y algunas de ellas no eran víctimas precisamente de los fascistas. Esa historia es mucho más compleja que lo que leemos.

¿Cómo aparecerá la figura de Trotski?
No tendrá toda la importancia que me hubiera gustado darle, ¡los límites del cine a veces son terribles! Intento aproximarme al Trotski de los últimos días y no como el objetivo de Mercader, sino con una dimensión humana y mostrar aunque sea un atisbo de su ideología.

Existen dos películas sobre este hecho, la de Joseph Losey y el documental de López-Linares, ¿han sido referencias?
No, aunque las he vuelto a ver. Losey me gusta mucho, pero esta película no me interesa demasiado. La de Linares es magnífica, pero no me ha aportado nada nuevo de documentación.