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"Los partidos son empresas de reparto de cargos sin ideología"

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Todo pinta bien para Kiko Veneno (Figueres, 1952). Un café con leche, una ensaimada, vistas a la Gran Vía madrileña, solecito, todo correcto, nada que objetar. Hasta el hilo musical del hotel parece estar de su parte; Ray Charles, Dire Straits, Michel Polnareff y su 'maravillosa' Love me please love me...

Kiko se siente eufórico y comparte con los presentes su dicha. Parece que de un momento a otro se va a arrancar con una de sus rumbitas de la vida. Sin embargo, ─cosas del random─ el sonido ambiente de la cafetería se rebela y entra en una deriva hedionda, un divagar por los subterfugios del pop que comienza en la etapa 'Disney-decrépita' de Michael Jackson, pasa por el cansino Thank you de Alanis Morissette, y desemboca en el empalagoso You're beautiful de James Blunt. Llegado a este punto Veneno pierde la calma; '¿Cómo puedes conseguir que te salga seborrea con una canción? Dime quillo, ¿cómo es posible?', inquiere al periodista.

Tras cebarse con el baladista británico, al que tilda de 'Adamo moderno', el autor del mítico Volando voy matiza su enojo. 'Que cada uno haga lo que pueda, pero pienso que el artista es un oportunista si no filtra lo que ocurre a su alrededor, si no hace de esponja de lo que está pasando en su tiempo y lo saca a través de su imaginación, de su inconsciente medioambiental'.

El de Figueras anda promocionando su nueva colección de canciones, Sensación térmica (Warner Music), un disco grabado a medio camino entre Barcelona y Sevilla con la complicidad del músico y productor catalán Raül Fernández ‘Refree'. Veneno vive uno de los momentos más dulces de su carrera: acaba de recibir el Premio Nacional de Músicas Actuales 2012 y tiene todavía reciente la exitosa gira de celebración por los veinte años del aclamado Échate un cantecito (1992).

Un poco más relajado, olvidadas ya sus desavenencias con el sonido ambiente, que —por fin— hace honor a su nombre y queda en un segundo plano con un inofensivo R&B, el insigne Kiko Veneno comienza a desgranar las claves de su último trabajo. Un disco heterogéneo en el que con su descaro habitual juega con el pop, la rumba, el flamenco y, ahora también, la electrónica. 'Cada canción es de su padre y de su madre, es una apuesta un poco más radical, he cambiado el sonido y el tipo de canciones'. Un giro estilístico que, a buen seguro, dejará a muchos fans desconcertados. 'Hay gente a la que le gusta sobre todo una vertiente más guitarrera, más cercana, más rumbera y seguramente habrá quien se sienta decepcionado, pero espero que sean más lo que se sientan agradecidos con este sonido, yo lo he hecho con toda la sinceridad y con toda la claridad que he podido', apunta el músico.

Sensación térmica combina mandolinas, trompetas, flautas, violines, ukeleles y un sinfín de elementos que aparentemente están muy apartados del estilo al que Veneno nos tiene acostumbrados. 'En este disco hay más variedad de sonidos, ahí se nota mucho la mano de ‘Refree', que ha sabido dar sonoridad a las ideas que tenía en la cabeza'.

'Últimamente hago muchas canciones sin guitarra, las hago con la mente nada más', comenta Veneno más mesiánico que nunca. Ante la mirada ojiplática del periodista no le queda más remedio que extenderse un poco en este punto. 'Yo antes siempre cogía la guitarra para componer y ahora, de un tiempo a esta parte, pienso cosas en voces y en melodías y las voy acumulando unas sobre otras, me parece una forma de trabajar más poderosa, más directa, ahora voy más al meollo de lo quiero hacer'.

En cuanto a las letras, estamos quizá ante el disco más político de Kiko Veneno. En ellas, el autor se muestra especialmente combativo contra la clase política y el sistema de poder en general. 'La política se ha convertido cada vez más en una oficina de empleo del poder y los políticos carecen de autonomía, cómo van a tenerla si durante treinta años se han dedicado a hacer leyes y políticas en contra de la gente', comenta indignado. En su encendida diatriba, apunta también contra los partidos políticos a los que tacha de ser 'empresas de reparto de cargos sin ideología ni vergüenza, cuyo único objetivo es defender sus parcelas de poder desoyendo a sus propios militantes'. Muy activo durante el 15-M, Veneno aboga por 'utilizar la fuerza de los ciudadanos para presionar a los políticos y obligarles a que nos representen', único modo posible de reaccionar 'ante el estatismo y las corrupción generalizada de las instituciones'. Como canta en uno de los temas del disco, esto 'no va a mejorar solo con palabras'. Él, entretanto, se encarga de amenizar la revolución.