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Pascal Comelade llama a la revolución punk

El músico presenta un espectáculo con el dibujante Max

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Pascal Comelade (Montpellier, 1955) es fiel a sí mismo: cuando empezó a dedicarse a la música, hace mucho más de 40 años; cuando empezó a ganarse realmente la vida componiendo e interpretando, hace 20, y también ahora, que acaba de editar Freak Serenade, un disco con material inédito y un par de versiones de temas anteriores.

No está seguro ni de cuántos años tiene: 'Soy como esos futbolistas africanos de los que nadie sabe la edad. Tengo 54... ¿no?'. Al plantearse qué tipo de música hace, tiene aún más dudas: 'Busco mi manera de vivir la música', medita y, tras una larga pausa, afirma: 'Mi estilo es marginal; empecé muy joven, como amante de la música'.

El próximo viernes, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, plasmará su concepto de música junto con el dibujante Max, que irá ilustrando sobre la marcha lo que le transmitan las canciones de Comelade. 'No me preocupa lo que él dibuje. Será improvisación pura y dura. Tengo plena confianza en él [el año pasado, editaron juntos El piano rojo, un libro-CD]'.

«No soy ningún altavoz: no defiendo teorías, ni transmito ningún mensaje»

De hecho, hace 20 años que Comelade colabora con ilustradores: Frederic Amat, Gallardo, Max... Todos han dado su visión de la música instrumental de este catalán del norte. Decir que han interpretado correctamente su mensaje sería erróneo: 'No soy ningún altavoz: no defiendo ninguna teoría, ni transmito ningún mensaje. Nada de eso'.

Son innegables las influencias (mutuas) que intercambió con sus amigos de la nova cançó durante la intensa y fecunda década de los setenta, sus colaboraciones con Sisa o, más recientemente, con el poeta Enric Casasses o el músico experimental Víctor Nubla. Incluso con el coreógrafo Cesc Gelabert, que ha puesto su música en movimiento.

Pero Comelade ha seguido siendo fiel a sí mismo, alejándose de cualquier ideología: 'Mi música es pura, instrumental', se defiende. 'Mi influencia más fuerte diría que es el blues. Y Cage, con su actitud individualista y su manera de usar todo tipo de material para hacer sonido. Y Zappa... Y cualquier forma primigenia de los géneros musicales'.

«Poniendo música a un anuncio no traiciono a nadie, es mi trabajo»

La independencia, de cuando en cuando, se considera anacrónica, demodé. Comelade cree que es un rasgo de nuestros tiempos: 'En los ochenta, en aquellos años de frenesí musical, yo pertenecía a una vanguardia minimalista', comenta con cierta ironía. 'Hoy lo que impone la sociedad de consumo relega mi música al concepto anacrónico, pero yo no creo en adjetivos ni en etiquetas'.

Se queda de nuevo pensativo y, de pronto, casi explota: '¡En todas partes escuchamos la misma canción! Porque todo se está uniformizando. Creo que necesitamos una revolución punk que rompa esta terquedad social'.

Muchos han visto en estas ideas una incompatibilidad con lo que Comelade llama 'usos secundarios' de su música. Por ejemplo: una melodía suya será la banda sonora del mediático anuncio de la Lotería de Navidad. 'No es la primera vez que trabajo para la publicidad', asevera. 'No pretendo justificarme de nada, pero a quien considere que estoy traicionando mis principios le pregunto: ¿Y tú cómo te ganas la vida?'.

Comelade está muy lejos de vender su alma. 'Prescindo de estos fanatismos que, por otro lado, se dan en todos los terrenos sociales. Soy un trabajador que se gana la vida. ¿Dónde está el problema? Creo que lo importante es no ponerme al servicio de un dogma, una religión o de la política'. Sino al servicio de uno mismo.