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Patricio Guzmán: “Chile hoy es un país neoliberal que no tiene pasado”

El cineasta estrena en España ‘El botón de nácar’, memoria de la dictadura de Pinochet contada a través de los miles de kilómetros de costa del país. Es la continuación a ‘Nostalgia de la luz’, donde recorría esta historia desde los cuerpos enterrados en el desierto de Atacama.

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'El botón de nácar', de Patricio Guzmán

MADRID.- Patricio Guzmán, uno de los nombres clave del cine documental y del cine político, autor del extraordinario documento La batalla de Chile, épica trilogía sobre el último año de Salvador Allende, insiste de nuevo con la historia de su país, con la masacre que sufrieron los nativos de la Patagonia, con las víctimas de la brutal dictadura de Pinochet y con el antinatural olvido. Lo hace en El botón de nácar, Premio al Mejor Guion en el Festival de Berlín, que se estrena ahora en España.

Tras repasar la historia reciente de Chile en Nostalgia de la luz, desde los cuerpos enterrados en el desierto de Atacama, el más seco del planeta, ahora dirige su mirada al océano y a los 4.000 kilómetros de costa del país. “El agua, la frontera más larga de Chile, contiene también el secreto de un botón misterioso encontrado en su lecho”, es la memoria de las mujeres y hombres que los torturadores y matarifes de la dictadura lanzaron al mar.

“Aquí están las voces de los indígenas de la Patagonia, de los primeros navegantes ingleses y también de los presos políticos. Algunos dicen que el agua tiene memoria. Esta película demuestra que también tiene voz”, escribe el cineasta que se obstina en repetir y repetir una historia que hoy se oculta en su país. “Chile hoy es un país neoliberal que no tiene pasado”.

Patricio Guzmán, durante el rodaje de 'El botón de nácar'

La idea de contar la historia de un país desde su naturaleza, que ya estaba en Nostalgia de la luz, ¿de dónde surgió?

Es una cosa que se me ocurrió al estudiar el desierto de Atacama y los observatorios astronómicos que hay allí. Conocí a un arqueólogo que me explicó la vinculación que tiene el desierto con el pasado y yo comprendí que también la tenía con el futuro viendo esos entre 15 y 18 observatorios astronómicos que hay. A los científicos lo que les atrajo, claro, fue que el desierto fuera tan seco, a mí me interesó más el vínculo misterioso que produce.

¿Con El botón de nácar y Nostalgia de la luz busca el paralelismo entre el hombre dando la espalda a la naturaleza, lo antinatural, y las masacres ocurridas en Chile a lo largo de la historia?

Sí, se establece una especie de vinculación automática en la cabeza. No es casual, siempre digo que no hay nada casual en las cosas. Desde luego es un punto de vista intelectual, pero es ese. Ese desierto es un desierto extraterrestre y esa costa infinita y el mar…

Tirar al mar los cuerpos de las víctimas de la dictadura de Pinochet ¿es el colmo de esta especie de historia de la aberración?

Sí. Exactamente. Esos cuerpos lanzados al mar… Al final lo que queda, de alguna manera, manera es esa idea del desierto de Atacama y del océano como dos grandes cementerios.

Usted insiste cada vez con más ahínco en mantener viva la memoria de la salvaje dictadura de Pinochet, ¿las nuevas generaciones no conocen la historia del país?

No la conocen. Los colegios particulares dan a sus alumnos unos textos muy sintéticos con seis o siete páginas sobre el gobierno de Allende y nada más. Es algo muy esquemático, lo mismo que lo de Pinochet, que lo reducen bastante. Pareciera que Chile pasó por un periodo agitado y poco más y no por ese cambio profundo que transformó todo de arriba abajo. La historia de la dictadura está oculta para la clase media alta que sigue adelante como si nada, sin darse cuenta de que el país se cambió por completo.

¿Ese silencio sobre la verdad de la dictadura ha contribuido al conservadurismo actual de Chile?

Chile hoy es un país neoliberal que no tiene pasado, es un país irreal. Ha retrocedido en cuanto a su historia, en cuanto a lo que es, a cuál es su futuro, el propósito para el que existe…

Por supuesto. Chile hoy es un país neoliberal que no tiene pasado, es un país irreal. Ha retrocedido en cuanto a su historia, en cuanto a lo que es, a cuál es su futuro, el propósito para el que existe… Lo importante solo es producir más y más. Santiago es una gran ciudad, pero sales de allí y en provincias todo son ciudades destartaladas en mal estado. Hay una súper carretera que va hacia el Sur y por ella vas viendo ciudades y el lejano eco de lo que fueron. Es patético.

Para un creador que ha empeñado su obra en la recuperación de la memoria histórica, la situación de hoy ¿qué le provoca?

Todos los creadores nos hemos dedicado a recomponer la memoria. Pero somos una minoría tan minoritaria que van a pasar muchos años antes de que se enteren de lo que realmente pasó. Hoy lo único que hay es un movimiento estudiantil interesante, que nos piden las películas, que se preocupan de la memoria y que son la única garantía hacia el futuro de Chile. Hay tres diputados que salieron de este movimiento. Ellos te contagian entusiasmo cuando estás allí.

Imagino que usted insiste en la historia de la dictadura convencido del poder que tiene el cine, ¿es así?

Los escritores, los poetas, los cineastas tenemos la posibilidad de hacer ver lo que pasó. No hay que olvidarse y yo, personalmente, trato de encontrar nuevas maneras y formas narrativas para continuar en lo mismo.

¿La siguiente película será un cierre para una trilogía?

Sí, será sobre la cordillera de Los Andes, unas montañas gigantescas que no han sido estudiadas. Nos da sombra, nos protege, pero no la conocemos. Allí hay villorrios, hay contrabando, hay muchas cosas interesantes a la hora de definir qué es Chile.

En El botón de nácar hay unas hermosísimas imágenes de la naturaleza, eso ¿ha supuesto un gran esfuerzo de financiación?

Sí, es una película cara, ha costado un millón de euros. La mayor parte del presupuesto se ha ido para los efectos del comienzo y el final de la película. Esa panorámica desde 40.000 metros de altura es artificial. El final es una reconstrucción.

Usted es un veterano del cine documental. Ahora mucho público cree que una película documental es un reportaje de televisión…

Eso pasa muy particularmente en España, donde los distribuidores comenzaron a cerrarse hacia EE.UU. nada más. No cumplieron con un papel cultural interesante y dejaron al público desnudo. En Francia hay una corriente de cine documental de autor muy interesante, con entre 10 y 15 títulos siempre en cartelera. Lo mismo pasa en Bélgica y en Suiza. Es una larga tradición de cine documental que comenzó con Méliès.