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Pekín

Situada en la periferia de la antigua civilización china, es capital de la República Popular China con más de 22 millones de habitantes. Sin apoyos ni estructura, los jóvenes diseñadores chinos buscan su hueco

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París, Milán, Nueva York. ¿Pekín? Aunque todavía es pronto para incluir a la capital china en el circuito de la moda internacional, una nueva generación de diseñadores trata de abrirse camino en el pret-à-porter y de acabar con la mala imagen asociada a la etiqueta made in China. 'Hemos empezado a superar la etapa en que nuestro país sólo se conocía por su capacidad de fabricar productos masivos y de mala calidad', explica Vega Zhaishi Wang, una joven diseñadora, propietaria de tres boutiques en Pekín. Con 25 años, representa a una nueva generación de jóvenes chinos de clase media-alta, generalmente hijos únicos, que han estudiado en el extranjero (en su caso, la prestigiosa escuela de diseño Saint Martins, en Londres) y deciden regresar a su país atraídos por las oportunidades laborales en el mercado que más crece del mundo.

La moda es todavía un sector incipiente en el gigante asiático, pero 'resulta estimulante sentir que formas parte de una revolución, desde el principio', añade Wang, recordando que durante el mandato de Mao Zedong, que finalizó hace poco más de 30 años, gran parte de la población lucía el mismo uniforme comunista. Los modelos de Wang cuestan entre 600 y 6.000 yuanes (entre 70 y 710 euros), un privilegio reservado para las mujeres de clase media-alta.

'El mercado chino no cuenta aún con el glamour' ni con la estructura comercial de Occidente, pero es un reto muy atractivo'

'El mercado chino de la moda no cuenta todavía ni con el mismo glamour ni la estructura comercial que en Occidente, pero todo esto es parte de un reto muy atractivo', comenta Lu Liu, otra diseñadora pekinesa, de 28 años. Estudió en París y Nueva York y hace año y medio abrió su primera boutique en Sanlitun, el barrio más cool de la capital china. Lu tiene un grupo de clientas fieles incluso diseña trajes a medida, pero lamenta las dificultades de los diseñadores chinos para promover sus colecciones en un mercado 'inmaduro', donde hay falta de hábito de comprar en boutiques y escaso apoyo del Gobierno. China sólo cuenta con dos festivales de moda (en Pekín y Shanghai), aunque muchos diseñadores emergentes, como Lu y Wang, prefieren no participar: los consideran actos de propaganda política, de baja calidad y escasa proyección comercial.

Dong Si Qi, estudiante de doctorado en el Instituto de Moda y Confección de Pekín, cree que el sector continúa muy influido por Occidente, aunque las nuevas generaciones de diseñadores tienen un interés mayor en explorar la herencia de la moda china. Uno de los retos para los diseñadores es lograr posicionarse en un mercado doméstico dominado por las grandes marcas de lujo occidentales y japonesas, como Gucci, Louis Vuitton, o el japonés Issey Miyake. Según Wang, el potencial de los modistas locales está asegurado porque, a medida que se desarrolla el país, cada vez más hay más jóvenes con ganas de expresar su individualidad y desmarcarse de los demás través de la ropa. 'En China no hemos tenido revoluciones urbanas como en Occidente, la que vivimos con la moda es una de las primeras', insiste Wang.

La falta de protección contra la piratería continúa siendo un problema en China, pero para Wang hay que aprender a convivir con ello. ' Copiar se ha convertido en una parte integral de nuestra cultura', asegura la diseñadora, que dice alegrarse cuando topa con uno de sus modelos falsificados. 'Esto significa que gustan', concluye.