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Una película de vaqueros para hablar de la crisis actual

Mateo Gil reivindica la lectura contemporánea de 'Blackthorn'

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Mateo Gil se fue a Bolivia a rodar un western clásico que siguiera los pasos de Butch Cassidy y Sundance Kid tras haber sobrevivido al tiroteo que los mató 'oficialmente' en 1908, y le ha salido un filme de vaqueros de manual que también soporta una lectura contemporánea en tiempos de crisis. Y esto es así porque, según el realizador, el western es 'uno de los géneros más políticos que existen. Permite afrontar desde una perspectiva dramática y entretenida dilemas políticos y morales que no dejan de estar vigentes. Y obliga al espectador a posicionarse sobre ellos. Puede estar de actualidad perfectamente', dijo ayer en su presentación en Madrid.

Blackthorn, que se estrena el viernes en España, coloca en el mismo camino a un Cassidy en sus últimos días (interpretado por Sam Shepard) y a Eduardo Apodaca, un jovencito que las mata callando, encarnado por Eduardo Noriega: tras robar en una mina en la que trabajaba como ingeniero, consigue que el famoso forajido vuelva a sentir en sus venas la sed de aventuras. Del choque entre ambas maneras de entender el oficio de asaltador y en medio de un nuevo mundo que emerge con el cambio del siglo XIX al XX surge la historia de Blackthorn.

'Butch encarna el viejo mundo y Eduardo, el nuevo, un tiempo donde unos códigos morales han sustituido a otros', resume Gil. 'En realidad, como espectadores, todos estamos con Butch, pero entendemos más a Eduardo porque estamos más cerca de él por el tiempo que vivimos. Y más en una época de crisis como la actual. Hay una diferencia entre robar un banco y robar a la gente que va a ingresar su dinero en el banco, que es lo que está pasando hoy', completa el director. Eduardo no entiende esa diferencia. Nosotros, viene a decirnos Gil, tenemos por desgracia ejemplos recientes más que prácticos.

Gil ha apoyado el 15-M y a los indignados, aunque ayer dejó claro que no piensa ponerse detrás de la cámara para rodar ningún documental sobre el movimiento. 'El 15-M es un síntoma fantástico, pero no hay que darle otra dimensión más que la que tiene. Y así deberían tomárselo los políticos, que les piden propuestas que ni los mismos partidos pueden cumplir. El 15-M es el malestar de la gente. Y así debe seguir siendo', dijo ayer.

'El 15-M representa el malestar de la gente. Y así debe seguir siendo', dice Gil

Por su parte, Miguel Barros, guionista de la película, considera que 'no es una película política' pero su contexto social no se escapa a otras lecturas. 'No es casualidad que los dos protagonistas sean inmigrantes en Suramérica, y encima procedentes de dos potencias con pasado colonialista', dijo ayer Barros.

El origen de la historia de Blackthorn fue producto del azar. Barros se encontraba en Bolivia rodando un documental tras el levantamiento de los indígenas y la aparición de Evo Morales, que finalmente no salió. 'Pero sí compramos un par de caballos y recorrimos la zona que aparece en la película, la zona histórico que recorrieron Butch y Sundance'. Barros escribió entonces la historia 'no con la idea de una película, sino para ser leída entre amigos. Aunque finalmente a Mateo [Gil] le gustó'.

Tanto Gil como Barros sub-rayaron ayer que detrás de Blackthorn no hay intención alguna por 'reinventar el western o hacerlo moderno. Esto es un western clásico con un guión clásico'. Un homenaje a John Ford, Sam Peckinpah y Sergio Leone como maestros del género, que Gil conoció 'gracias a aquellas tardes de televisión' de su infancia y que, ya adulto, redescubrió en el cine.