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"Hago películas para intentar entenderlas"

Nicolas Philibert, documentalista, presenta en Pamplona su nueva película.

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El detalle, la cámara que se para en lo que parece no contar, el ritmo sosegado, una cercanía que se mantiene distante... Nicolas Philibert ha logrado que el documental de autor se conozca más allá de los circuitos de festivales. Esto fue con su octava obra en dos décadas: Ser y tener, aquel filme de 2002 que retrataba con pasión y mesura esa magia de 'aprender a crecer' en una escuela rural.

Philibert (Nancy, 1951) impartió ayer una clase en el Festival de Cine Documental Punto de Vista de Navarra, referente de los que creen que lo fantástico y lo personal son parte sustancial del género. Allí se estrenará Retorno a Normandía, donde regresa al pueblo en que tuvo su primera experiencia cinematográfica hace 30 años. Fue asistente del director René Allio en 'Yo, Pierre Rivière, habiendo degollado a mi madre, a mi hermana y a mi hermano', una ficción basada en un parricidio real sucedido en 1835, que Michel Foucault registró en un libro excepcional editado por Tusquets. Aquí una conversación con un hombre de buen humor y ritmos lentos.

¿Por qué regresar a Normandía 30 años después del rodaje de ‘Yo, Pierre Rivière...'?
Fue muy importante. Era joven, con poca experiencia y fue una gran responsabilidad. Reclutar a los actores de la película entre campesinos de Normandía, ayudarles a superar sus miedos, disuadirles para que aprendieran el texto... eso generó encuentros extraordinarios. Al regresar 30 años después, quería hablar de aquella época y, a la vez, hacer una película sobre el presente. Evocar aquel rodaje es un punto de partida. Me sirve para decir cosas sobre el cine tal como lo veo: como algo abierto al mundo, que crea puentes entre unos y otros, algo que puede hacernos crecer, levantar cabeza, como decía Godard.

¿Es ‘Retorno a Normandía' su película más personal? Incluso aparece esa secuencia de su padre...
Sí. Porque está enraizada en mis propios recuerdos y porque hablo en primera persona, por primera vez. Se ve a mi padre, utilizo músicas compuestas por mi abuelo materno... La construcción del documental se basa en libres asociaciones, como dicen los psicólogos, y, desde este punto de vista, es una película muy libre y personal.

¿Cómo prepara sus documentales?
Cuando empiezo una película, me siento mejor cuánto menos sé. No hago cine a partir de una masa de conocimientos que pasarle al espectador. Al contrario. Lo que me anima es mi ignorancia, mi deseo de entender. Intento liberarme del peso que representa el tema, a veces demasiado importante en el mundo del documental. ¿De qué trata? A veces, ¡no tengo ni idea! Hago la película para intentar entenderla.

Participó en una clase magistral en el Festival de Pamplona. ¿Qué diría a los jóvenes directores?
¡Resistid! ¡Intentad liberaros de las normas, del marco de la televisión! En esta sociedad de entretenimiento, del espectáculo generalizado, ¡no dejéis que el documental pierda su vitalidad política, no renunciéis a su dimensión subjetiva!

Tras la polémica con el profesor de ‘Ser y tener', que le denunció por explotación de su imagen, ¿es usted más cauteloso?
En Retorno a Normandía nos aseguramos de que cada persona firmara un permiso, pero las desventuras judiciales de Ser y tener no tacharon mis convicciones. Hacer documentales basándose en encuentros siempre tendrá riesgos, aunque vale la pena. Los jueces reconocieron que la película no afectaba a la imagen del profesor. Creo que los amantes del documental pueden alegrarse de ello.

 

Una mirada a esa ciudad-estado del arte, a su actividad febril, a las personas que la pueblan y también a esa rareza que es el almacenaje masivo de arte. El ejemplo de ese interés de Philibert por las instituciones.

Uno de los temas que mueven a Philibert es la comunicación entre las personas (véase ‘Ser y tener’). Aquí el asombro por los gestos, la fascinación por el lenguaje.

El más conocido de sus nueve documentales es un acercamiento conmovedor al aprendizaje como manera de descubrir el mundo.