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"El perdón es la primera experiencia de la madurez"

Entrevista con Andrés Barba, autor de 'Agosto, octubre'

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Andrés Barba (Madrid, 1975), a punto de cumplir 35 años, tiene diez libros publicados. Muchos de ellos escritos a partir de un acontecimiento unánimemente considerado como nefasto, repugnante, y sobre el que él aplica su mirada inquietante, tierna y cruel a la vez, hasta que acaba volviéndose comprensible. Para el escritor no hay monstruos, sólo pobres observadores. Su obsesión son los personajes jóvenes. En su anterior novela, Las manos pequeñas, retrató sin complacencias la violencia hacia los niños, y en la última, Agosto, octubre (Anagrama) refleja el abismo de entrar en la adolescencia.

¿Le interesa especialmente el contraste entre la crudeza de sus historias y la tierna edad de muchos de sus protagonistas, como el Tomás de Agosto, octubre'?

A mí lo que me parece es que hay unas edades más propicias para la violencia que otras. Y quizá las edades más propicias, o sea, las edades en las que la violencia se manifiesta de una manera más natural, o menos intervenida por nuestra posición social, familiar, etc, son la infancia y la adolescencia.

'La infancia y la adolescencia son más propicias para la violencia'

Incluso cuando escribe literatura para niños tampoco ignora la violencia.

La literatura infantil siempre ha dado por supuesto que la violencia tiene un papel fundamental para la función pedagógica que la ilustración le atribuyó. Yo diría que es nuestro siglo el que está atemorizado al hablar de violencia con niños y adolescentes. Más que nuestro siglo, los últimos 50 años.

Usted se ocupa de estas edades aun a riesgo de no simpatizar con nuestro tiempo. ¿Ese desafío le inspira?

En realidad el desafío del libro nace de una pregunta un poco más extraña. Nació en una noche de copas, a altas horas de la madrugada. Yo estaba absolutamente convencido de que la primera experiencia de la madurez era el de-samor. Y estuve durante varias horas intentado defenderlo...Hasta que mi amigo me dijo: Pues mira, yo creo que no; yo creo que la primera experiencia de la madurez es el perdón. Me pareció una respuesta muy misteriosa y muy acertada.

¿Los niños no perdonan?

Sí, pero la experiencia del perdón contiene en sí misma también la experiencia de la culpa, cosa que no es infantil del todo. Y es también la experiencia de la gratuidad. Nadie es perdonado por justicia. Cuando se comprenden esas dos cosas yo creo que se produce un doble ingreso: a la edad adulta, por un lado, y a lo social, por el otro.

'Hay que respetar a las personas, y no confundir el respeto con la mentira'

También acude a menudo a personajes con alguna minusvalía psíquica. Algo sobre lo que imagino que es muy difícil escribir, pero muy fácil ganarse enemigos.

Realmente hay un tabú alrededor de los disminuidos mentales, o sea de los..., no sé cuál es el término políticamente correcto. Sobre todo los síndrome de Down, que son unas personas de una naturaleza afectiva desbordante, y sin embargo hay como un especie de acuerdo social para no hablar de su sexualidad. Que es obvia, por otro lado. ¿Y por qué no vamos a hablar de eso? En realidad uno tiene que hacer dos cosas: primero, respetar a las personas y segundo, no confundir el respeto con la mentira. Respetar a esas personas no significa dar su sexualidad por descontada.

El protagonista de la última novela duda de si lo que recuerda ha ocurrido realmente.

Es uno de los comportamientos más interesantes de la adolescencia. Jugar con fuego. El tema central está provocado consciente e inconscientemente por el protagonista. Pero realmente luego no sabe integrar en su vida lo que ha hecho. Después, él mismo ya no sabe quién es.

¿Esta es su novela más cinematográfica?

Yo me la imagino muy bien. Hay novelas que nacen de un personaje extraño que quieres mover por el mundo, otras de una historia. Esta es una novela que ha nacido de una idea y que misteriosamente se ha convertido en una sucesión de imágenes en el fondo muy vividas, muy intensas y muy recordadas del verano de la adolescencia.