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Pereza: "Hay noches en que desde el principio sabes que va a ser de las buenas"

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El día empieza con bola en el estómago. He tenido pesadillas toda la noche. Incluían tragedias aéreas, helicópteros de rescate y todo lo que me aterra con un final bastante Buddy Holly. La semana pasada decidimos que hoy iríamos en avión y haríamos pellas de furgo. Madrid-Santiago, unas seis horas en furgoneta No es mucho. Calor, risas con la banda, pelis, parada para pitillo-pis-periódico, disco de Wilco, y al terminar Pet Sounds ya estás.

En avión, al aeropuerto una hora y media antes del vuelo, te despelotan, te roban la pasta de dientes y el desodorante y te hacen quitarte el sombrero (que te lo has puesto para esconder el pelo pollo de recién levantado). Cuando todo el mundo está viendo al de Pereza descalzo y con un gato dormido en la cabeza, empieza el show del pitidito. Un tipo te dice 'por favor, deposite aquí todo su metal', y tú te preguntas '¿qué hará James Heitfield en estos casos? ¿Le cantará Seek and destroy al segurata?'. En fin. Fuera pulseras, cinturón, anillos, pendientes, y acaba pitando el reborde dorado de los vaqueros. Siguiente pantalla. El avión se retrasa hora y media. Analizamos. Salimos de casa a las diez, cogemos el avión a la una, y llegamos a Santiago a las dos. ¿Qué hemos ganado? ¿Una hora? Igual hemos perdido cuatro.

'Llega la hora. Nos ponemos los auriculares. Brindamos con lo que sea. Y 'morituri te salutant', salimos al ruedo'

Comemos en un lugar maravilloso al que vamos siempre que podemos. O dezeséis, rúa San Pedro, 16. Gente maja, atenta, y cocina de dioses. Chupito y a probar sonido. Fran, de Nixon dice que los músicos en realidad cobramos por las pruebas de sonido. Eso es una genialidad y una verdad como un templo. Cuatro y media de la tarde. 38 gradacos. Pum, pá, pum pum pá. Un, dos, tres, probando. Acoples. Súbeme la voz. Más. Ahí. Bueno, un poco más. Gracias, Sito. Hacemos Leones y un blues en La. Suena bien. El sitio es acojonantemente bonito. La Plaza de la Quintana. Impresiona, da respeto. Somos unos afortunados, me digo.

Hay una cola interminable en la plaza. Pregunto qué regalan: 'Es para ir a la iglesia', una señora muy amable. Cuesta cuatro pavos entrar un ratito y salir. Que Dios me perdone, aquí huele a chamusquina. Todos a la furgo. Nueve y cuarto en recepción. Soltar maleta, ducharse y ponerse el traje de luces. En la ducha recuerdo que Santiago fue la primera sala que llenamos. Después de varias hostias en clubes pequeños, una noche en la Capitol ocurrió el milagro. 'Sold out', nos dijeron. '¿Qué coño es eso, Rubén?'. 'Que hemos llenado, Miguel, coño'. 'Wow'. Brindamos hasta con el liquidillo de las aceitunas.

Llegamos a las diez. Están tocando los teloneros, 84. Siempre hacen gritar a las chicas. En las distancias cortas son más majetes que las pesetas. En el camerino, antes de tocar, se deambula, se pica algo, se habla de tonterías se hace el mongolo, en general. Llega la hora. Nos ponemos los auriculares. Brindamos con lo que sea. Luismi Huracán, percusionista y animal de fiesta rellena los vasos con lo que sea. Y Morituri te salutant, salimos al ruedo.

Santiago está caliente. Tienen tantas ganas de que toquemos como nosotros de tocar. Perfecto. Leones, Animales, Manager, Quiero hacerlo está noche contigo, Estrella polar Hay noches en que desde el principio sabes que va a ser de las buenas. No es por tirarme el moco, la comunicación de la banda en el escenario es un deleite. También tenemos fallos garrafales, como toda banda de r'n'r que se precie.

Termina el show. Saludo comunal al respetable. Sonrisas y caras de felicidad arriba y debajo del escenario. Misión cumplida. En el camerino abrazos, sudor, toallas, cigarrillos, coca-colas, algún que otro sándwich y una manzana. Entran los amigos a saludar. Diez años de banda en carretera dan para muchas buenas amistades.