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Periodismo de paz contra feminicidas

En  su ensayo, la antropóloga Elisa García Mingo se sirve de la estrategia de un grupo de periodistas congoleñas contra la violencia sexual para reivindicar la información de construcción de paz.

Microfonos de paz. Conversaciones con Caddy Adzuba

En uno de los entornos más violentos del mundo, tras lustros de guerra y terror, un grupo de mujeres periodistas de la República Democrática del Congo decidió tomarse la justicia por su mano y declarar la paz a su pueblo a golpe de micrófono. Es así como nació la Asociación de Mujeres de Medios de Comunicación AFEM-SK, con la intención de “romper el régimen de impunidad” de los miles de crímenes sexuales que se cometen contra mujeres y niñas en el país surafricano. A través de una red de pequeñas corresponsales rurales, estas mujeres alertan y previenen sobre los abusos, señalan a los culpables y aportan soluciones a la lacra social del feminicidio.

De ellas y de su experiencia bebe la antropóloga Elisa García Mingo en ‘Micrófonos de paz. Conversaciones con Caddy Adzuba’ (Catarata, 2015), un ensayo sencillo que aborda la compleja tarea de comunicar en escenarios de conflicto y que reivindica, ante todo, la labor del ‘periodismo de paz’ frente a los convencionalismos de los “paracaidistas” de la información, esto es, corresponsales descontextualizados sin el tiempo ni el espacio requeridos.

“Los contextos más extremos dan lugar a prácticas más atrevidas. Pero es un modelo al que podemos tender porque en todos los lugares hay violencia. Sirve para abordar la violencia de género, pero también para desmontar la pobreza o la violencia callejera, por ejemplo. Es un periodismo hecho por la gente, es activista y pacifista”, dice la autora en conversación con Público.

Con una mirada crítica, pero de profunda admiración, García Mingo desgrana el trabajo de estas profesionales de la comunicación y de otros colectivos de la sociedad civil que trabajan en la recuperación de la RDC para arrojar algo de luz sobre un país amenudo maltratado por una visión simplista y estigmatizante.

Así, por ejemplo, cuenta cómo las periodistas de AFEM-SK han logrado revertir la condición de víctimas de miles de mujeres congoleñas para convertirlas en activistas de la paz, o cómo Radio Okapi (de la misión de las Naciones Unidas en el Congo) se ha convertido en un instrumento esencial para el proceso de paz al dar voz a la sociedad civil y a los afectados. De ellas y de su lucha ha nacido nueva legislación encaminada a castigar los crímenes, así como espacios de encuentro y reinserción poco probables sin su existencia.

“Cada una usa las herramientas que tiene a su alcance. Unas son periodistas, otras juristas y otras están en la desmovilización (de antiguos combatientes). Pero tienen claro su objetivo: la recuperación de derechos usando las herramientas de los medios de comunicación”, señala la autora.

El estudio culmina con una serie de conversaciones entre la autora y Caddy Adzuba, periodista, activista, miebro de AFEM-SK y recientemente galadornada con el Príncipe de Asturias de la Concordia, en las que ambas discuten, con encuentros y desencuentros, sobre los orígenes, las causas y consecuencias de una guerra que tiene también espacios para la paz.

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