Publicado: 20.09.2016 19:46 |Actualizado: 21.09.2016 07:00

El periodista Manuel Cerdán reedita ‘Paesa. El espía de las mil caras’

Coincidiendo con el próximo estreno de la película dirigida por Alberto Rodríguez basada en las peripecias del controvertido Francisco Paesa, reaparece este trepidante reportaje.

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Paesa, un agente secreto de cine

Paesa, un agente secreto de cine.

MADRID.- El inminente estreno en cines de El hombre de las mil caras, largometraje a cargo de Alberto Rodríguez (director de la galardonada La isla mínima), pone de nuevo sobre el tapete mediático la figura de Francisco Paesa Sánchez. Un personaje poliédrico y camaleónico como pocos capaz de “levitar como un maestro del espionaje”, tal y como lo describe en el prólogo de su libro —Paesa. El espía de las mil caras— el periodista alicantino Manuel Cerdán.

Mil vidas en una. Así podríamos simplificar la existencia trepidante de esta suerte de James Bond patrio. Un hombre que fue traficante de armas, vendedor de misiles a ETA, mediador en el caso GAL, agente secreto del Ministerio del Interior en los años más oscuros del felipismo… El curriculum del espía más controvertido de nuestra democracia parece fruto de la audacia imaginativa de un guionista con ínfulas, pero lo cierto es que por muy inverosímil que parezca la ficción brilla por su ausencia, estamos ante un reportaje de periodismo de investigación en toda regla.




El libro recorre con la exhaustividad de un periodista avezado el periplo vital de Francisco Paesa desde que empezara a acaparar primeras planas en los diarios de nuestro país. Treinta años de peripecias, —algunas fantasmagóricas— como su intento de estafar a Francisco Macías Nguema, por aquel entonces recién elegido presidente de la independiente Guinea Ecuatorial, o su programada desaparición en 1998 en Bangkok. Una desaparición pretendida que tras las esquelas de rigor resultó ser falsa, mientras el supuesto finado descorchaba botellas de Dom Pérignon en Paris.

Explica Cerdán que su intención era “construir una historia periodística pero a un ritmo de thriller cinematográfico”, y no cabe duda de que lo consigue, pese a que contar con un personaje como Paesa facilita cualquier coqueteo con la ficción. A modo de aperitivo quédense con la reacción del controvertido espía cuando se le pregunta por su falso fallecimiento: “No es que me viniese mejor, es que me daba igual. Ah, ¿qué estoy muerto? Bueno, pues estoy muerto, ¿y qué?”.