Publicado: 04.04.2014 07:00 |Actualizado: 04.04.2014 07:00

"Las personas no pertenecen a un país, pertenecen como mucho a su casa, ¡y ya!"

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Cada año, el servicio de guardacostas de EE.UU. intercepta entre 1.200 y 2.200 balseros cubanos en Florida. Son cifras que solo reflejan parte de una realidad, a la que habría que añadir la cara más trágica, la de los que inician ese viaje de 90 millas (unos 145 kilómetros) entre La Habana y Miami y mueren en el intento, y también la de aquellos a los que el mar devuelve a las mismas costas de las que salieron. Lucy Mulloy ha querido indagar en los motivos que llevan a miles de cubanos a jugarse la vida cada año, profundizar en sus emociones y sus vidas. Lo hace con Una noche, ópera prima con la que ha conquistado decenas de premios muy prestigiosos, entre otros, el de Mejor Dirección Novel en Tribeca, y con la que ha conseguido algo mucho más importante, cambiar la vida de algunas personas de su equipo, especialmente la de dos de sus actores. Anailín de la Rúa y Javier Núñez Florián aprovecharon un viaje a EE.UU., donde el equipo iba a recoger un premio, para quedarse allí y cumplir su sueño.

La pareja, que en la película interpreta a dos hermanos gemelos y que comparte protagonismo con Daniel Arrechaga, se escondió una temporada, pero reapareció poco después. Ahora Anailín y Javier  tienen un hijo, viven en Las Vegas y han contratado a un agente artístico. Han hecho realidad el sueño de sus personajes, Elio y Lila. Son gemelos, nunca se han separado, pero ahora él quiere ayudar a su amigo Raúl a salir de Cuba para llegar a Miami. Ella descubre sus planes y decide acompañarles.

La película no es solo la historia de estos balseros, es una historia de amor y de lealtad, pero también es un retrato de la miseria de Cuba hoy...

Lo que quería era enseñar la vida de estos tres chicos, sus emociones, relaciones... Y sí, ahí está la miseria de La Habana, pero también la alegría, el amor entre ellos... Es su forma de vivir. Y vivir en Cuba es duro, pero hay de todo y la gente tiene amor por la vida y creo que hay que respetar esa mentalidad y esa fuerza que tienen.

La emigración es uno de los grandes problemas que existen en el mundo hoy. Después  de hacer esta película, ¿cuál es su visión?

La emigración es algo muy importante para cada país. Y los países deben estar abiertos, no cerrarse, como en Inglaterra, donde ahora hay mucha xenofobia. Hay racismo y mucha gente muy cerrada que no entiende lo importante que es la emigración. Con los emigrantes los países reciben personas de otras culturas, con otros puntos de vista, que además ayudan a la economía. Es absurdo que todavía hoy la gente piense que pertenece a un país. Las personas no pertenecen a un país, pertenecen como mucho a su casa, ¡y ya! La emigración es algo positivo, es intercambio de culturas.

¿Qué le ha aportado a usted el punto de vista y la cultura de los cubanos?

Los cubanos tienen muchísimos recursos para la vida en general. En Inglaterra no hacen faltan porque hay de todo, pero en Cuba que no tienen casi nada, hay muchas más ideas, muchos más recursos.

Habla de Inglaterra, pero usted vive en Nueva York...

Precisamente por eso, porque Nueva York es una mezcla de todo el mundo y por eso me gusta tanto. Hay gente de todas partes y ahí están todos los lenguajes, que es lo más vivo de la vida. No puedo entender que no le guste eso a la gente, la mezcla de cultura, de idiomas...

Volviendo a la falta de recursos de Cuba, ¿el rodaje de la película allí fue muy complicado?

Sí, pero aprendí muchísimo. Por ejemplo, allí faltaban muchas cosas de equipo técnico, no había una ‘steadycam', así que grabamos sobre mis patines, también usamos un coche viejo al que le quitamos la parte de atrás porque no había grúas especiales. Para la secuencia de la persecución de la policía, hablamos con los policías que pasaban por allí y les dijimos que se imaginaran que estaban en "Día y noche", una telenovela muy famosa allí, e hicieran la persecución. El hombre de blanco que aparece cantando en la calle estaba allí de pronto... Eso es Cuba, esa es La Habana real.

¿Se impuso mucho la Habana, entonces?

Sí. La ciudad es como un personaje más. En La Habana siempre está pasando algo en la calle y eso es muy difícil de recrear, por eso aprovechamos la realidad, y eso aproxima ciertas escenas al cine documental.

También está la otra Habana, la de la miseria y la desesperanza, de la que quieren huir sus personajes y de la que han huido de hecho sus actores. ¿Ha vuelto a tener contacto con ellos?

Sí. Ahora tienen un hijo, Kevin. He tenido mucha suerte en la vida al encontrarme con ellos. Hicimos un casting de 2.000 jóvenes en La Habana, fue una suerte. Desde el principio vi que entre ellos dos existía una atracción, lo cual no era nada bueno para los personajes, que son hermanos en la película. Pero cuanto más les decía yo que evitaran ciertas miradas, más crecía el deseo entre ellos y más ganas tenían de estar juntos. El primer día de rodaje, finalmente, lo mostraron abiertamente, aunque yo creo que se habían liado antes. Lo de quedarse en EE.UU. es su vida, es aparte de la película. Si ellos son felices, yo soy feliz.

La película les ha cambiado la vida, ¿cómo se siente ante eso?

Sí, mi película ha cambiado la vida de muchas personas. En Tribeca dieron un premio a la Mejor Fotografía  y eso también ha cambiado la vida a otras dos personas (Trevor Stuart Forrest y Shlomo Godder ), porque les ha cambiado la carrera. Me ha cambiado la vida a mí. A los dos actores que ahora viven en Las Vegas...

¿Puede el cine cambiar también la vida de los espectadores que ven una película?

No sé si con una película se cambia el punto de vista de alguien. Esta historia es una de esas que escuchamos cada día en las noticias, sobre gente que muere intentando llegar a un país... pero en los informativos no da tiempo a saber cuáles eran sus motivos, por qué lo hacían, por qué querían irse... Yo quería investigar todo eso con la película, intentar que el público conociera mejor a los personajes y que sintiera su dolor y su alegría. Quería que hicieran el viaje con ellos. No quería hacer una película contando la historia de la emigración, sino entender a estos chicos. Pero he de decir que también hay gente que está muy feliz en Cuba y no quiere irse.

¿No cree que es una película muy política?

Creo que tiene un toque político porque todo lo que tiene que ver con Cuba lo tiene. Pero yo no soy ninguna autoridad en política cubana, yo hablo de emociones que es de lo que entiendo.

¿Ya tiene nuevo proyecto?

Sí, será otra historia también de la emigración, un guion entre Brasil y Nueva York.

¿Por qué le interesa tanto la emigración?

Quizás porque no vivo donde nací. Al venir también de otro lado creo que tengo cierta empatía con estos personajes y estas historias. Cuando vives fuera de tu tierra, eres más sensible y tienes puntos de vista más abiertos. Además, me interesa mucho la experiencia de alguien viviendo en un lugar que no domina y donde no se siente a salvo.

De todos los premios recibidos, ¿cuál es el más interesante para su carrera?

No lo sé, estoy súper feliz y emocionada por todos. Mi ilusión ahora es que la gente vea la película. Es una película que hicimos bastante fuera de la industria, jamás pensamos en los premios...

Aunque con su primera película ha tenido mucho reconocimiento, ¿ha sido consciente de las dificultades que existen para las mujeres directoras?

Sí, absolutamente. Además, lo sé de siempre. Mi madre es directora de animación y ha sido siempre una inspiración increíble para mí. Antes de hacer esta película no era consciente de lo difícil que era hacer cine para las mujeres. A pesar de ello, sigo pensando que lo peor es Hollywood, donde están las puertas cerradas para las mujeres. De cualquier modo, las cosas están cambiando y se habla mucho de esto ahora y hay más apoyo para las mujeres que quieren hacer cine. Conozco a muchas mujeres, pero todas están en el cine independiente, ésa es la puerta que hay que romper, hay que conseguir acceder a los proyectos de grandes presupuestos.