Publicado: 12.07.2015 08:58 |Actualizado: 12.07.2015 08:58

“Pertenecemos a la misma humanidad que los genocidas”

La estremecedora ‘The Act of Killing’, donde los genocidas de Indonesia fanfarroneaban de sus crímenes, es completada con ‘La mirada del silencio’, una obra, aún más escalofriante, en la que da voz a las víctimas. Premio del Público y Premio FIPRESCI en el Festival de Venecia.

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La mirada del silencio

La mirada del silencio

MADRID.- Joshua Oppenheimer rodó en la sobrecogedora The Act of Killing a los carniceros de Indonesia —los asesinos que acabaron con la vida de un millón de personas en menos de un año (1965)— pavoneándose de sus crímenes, reproduciendo con detalle las torturas más salvajes. Ahora, tres años después, en La mirada del silencio, el cineasta da voz a las víctimas del genocidio. Y aquel espanto que parecía imposible superar, se enfría ante la imagen de la conmoción de un hombre. Es la tristeza y la ira, la indignación y el horror de Adi Rukun en el momento en que ve en la pantalla a uno de esos sicarios explicando cómo acabaron con la vida de su hermano Ramil.

“Los comunistas son crueles. No creen en Dios. Secuestraron a seis generales del ejército, les rajaron la cara con cuchillas de afeitar, les arrancaron los ojos… Así que el gobierno debía reprimirlos”. Es lo que los hijos de Adi escuchan todavía hoy en el colegio, porque aquellos asesinos siguen en el poder. A pesar del peligro de muerte, este hombre decidió ir a ver a los autores de la masacre y enfrentarse a los que acabaron con la vida de su hermano. Joshua Oppenheimer le acompañó y grabó esos encuentros. Los momentos de Adi con sus hijos y sus padres también aparecen en esta película, un trabajo que pretende “terminar con el silencio que nace del terror”.



Premio Especial del Jurado y Premio FIPRESCI de la crítica internacional en el Festival de Venecia, la película ha convertido a Adi Rukun en un héroe en su país. “Los encuentros fueron tensos”, recuerda el director, que temió por sus vidas varias veces. “Una y otra vez, Adi verbalizaba lo que nunca se había dicho, permitiendo al público sentir lo que es sobrevivir a un genocidio y percibir las sombras de un silencio opresivo nacido del miedo”.

Adi Rukun. La mirada del silencio.

Adi Rukun. La mirada del silencio.

Pregunta. ¿Cómo está Adi Rukun ahora?

Adi está bien. Él y su familia cambiaron de lugar, se mudaron de casa, porque la zona donde vivían está todavía llena de gente que quiere vengarse. Ahora los niños van a una escuela mejor, su madre está bien, pero su padre murió durante el montaje de la película. Adi está hoy considerado como un héroe de la verdad y de la justicia.

P. Ha dicho que ésta es una película sobre el silencio que nace del terror…

Con ella intento explorar la memoria del horror. Mostrar cómo el silencio está lleno de tensión, cómo es lo contrario que el sonido de la calma del agua tranquila. Este silencio es como la nitroglicerina del explosivo. Hay que acabar con el silencio que nace del terror. Con la película quiero entender y mostrar lo que significa sobrevivir a la atrocidad y gritar que no se debe vivir silenciado por el miedo.

P. Después de años conviviendo con el horror, ¿hasta dónde cree que es capaz de llegar el hombre en su maldad y en su crueldad?

El cine nos ha acostumbrado a dividir a la humanidad entre buenos y malos y ahora tenemos una gran dificultad para aceptar que no es así. En el interior de cada uno hay buenos y hay malos. Es cierto que la culpabilidad nos impide casi siempre dañar al otro, pero a veces es precisamente la culpabilidad la que nos hace cometer más crímenes, sobre todo, si un gobierno nos dice que es lo normal y lo bueno, que es lo que necesitamos. Es muy difícil explicar la profundidad y el interior del ser humano, cosas que he aprendido haciendo estas películas. Ahora sé que todos pertenecemos a la misma humanidad, nosotros y los genocidas.

P. ¿Qué consecuencias tiene en su vida haber convivido durante años con estas historias?

La dificultad y el peligro es mucho más emocional que físico. He pasado diez años viviendo con ello. He dedicado mi juventud a intentar entender sin juzgar. He intentado oír a esa gente, a esos criminales, pero considerándolos como seres humanos, sin hacer juicios, sin condenas. Es mucho más peligroso para Adi que para mí, desde luego.

P. Con ‘The Act of Killing’ se consiguió, entre otras cosas, que el portavoz del presidente de Indonesia reconociera que el genocidio de 1965 había sido un crimen contra la humanidad, ¿ese es el poder del cine?

La verdad es que no sé si creo en el poder de las películas. En ese caso, el de ‘The Act of Killing’, no sé si es el poder del cine en general o el de esa película y ahora el de ésta. Son películas pensadas como intervenciones, para que el silencio no pueda existir y para no tener nunca más una sociedad fundada sobre el miedo y la represión.

P. Hay quien dijo que ‘The Act of Killing’ era una película obscena, ¿qué piensa de esas críticas?

Básicamente, la gente que dice que mi otra película es obscena es que no la entiende y no quiere ver la singularidad de lo que hacen los personajes. Hablar con ellos fue como hablar con los nazis si aquellos hubieran ganado la guerra. Cuando esos hombres hablan ante la cámara de lo que hicieron están hablando de muchas más cosas que de lo que pasó aquel año 1965, están hablando de la mentira con la que han vivido desde entonces. Aquella película era más sobre la puesta en escena del poder, del infierno y sobre cómo vivir con esa memoria.

P. ¿Y ‘La mirada del silencio’ muestra las consecuencias de esa memoria silenciada?

Sí. La diferencia entre ambas películas es que en esta los personajes no dramatizan una fantasía con la que viven. Ambas son películas sobre el presente y no sobre el pasado. Pero hay que entender que la anterior no es un juicio, es una prueba de cómo la gente pone en escena su vida y su pasado. Quiero añadir que ‘The Act of Killing’ es una película sobre la impunidad y no sobre los crímenes de hace cincuenta años. Trata de mostrar cómo vive la gente en el mal y cómo intenta vivir con esa memoria y con lo que hicieron. Además, con ella se muestra lo difícil que es aceptar la humanidad de los criminales. La realidad, ya lo he dicho, es que todos pertenecemos a la misma humanidad, nosotros y los perpetradores.