Publicado: 15.08.2014 00:00 |Actualizado: 15.08.2014 00:00

Philip Seymour Hoffman dirige a Philip Seymour Hoffman

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Billy Wilder cuenta que cuando salía del funeral de Ernst Lubitsch le dijo a William Wyler: "¡Dios mío, Lubitsch se ha ido!". A lo que Wyler añadió: "Lo peor de todo no es que se haya ido Lubitsch, sino que ya no veremos más películas suyas".

Cuando el pasado febrero encontraron muerto en su apartamento a Philip Seymour Hoffman, muchos debieron pensar algo parecido, ya no habría más interpretaciones de este memorable actor, el mejor de su generación, sin duda, y, probablemente, el mejor del mundo de las últimas décadas. Sin embargo, aún quedaban entonces y quedan ahora unas cuantas perlas por recoger. Y una de ellas es, además, el que fuera su único trabajo como director en el cine, Una cita para el verano (Jack Goes Boating). Adaptación de la obra de Bob Glaudini —rotundo éxito de Off-Broadway—, la película está protagonizada por Hoffmann, a quien acompañan Amy Ryan, John Ortiz y Daphne Rubin-Vega.

Comedia romántica ambientada en Nueva York, la película se rodó hace cuatro años y fue un experimento más del colectivo reunido en The LAByrinth Theater Comany, hogar profesional del intérprete desde los años 90. En ella, Philip Seymour Hoffman interpreta a Jack, un buen tipo, un cuarentón un poco miedoso y tímido, un tanto inadaptado, con algo de sobrepeso y enamorado del mensaje positivo del reggae, al que dedica las rastas que luce. Conductor de limusina, pasa la mayor parte del tiempo con su gran amigo Clyde y con Lucy, gracias a los que conoce a Connie, una mujer que también tiene algunos problemas en sus relaciones sociales, pero a la que está dispuesto a seducir.

Una cita para el verano "es una película sobre las relaciones humanas, las esperanzas y los miedos que nos invaden a la hora de abrirnos a otra persona, de regalarle nuestra confianza, así como de todas las barreras que a veces construimos para evitar comprometernos con el otro", escribió el propio Philip Seymour Hoffman sobre esta historia, en la que volcó su deseo de dirigir la mirada "hacia un medio poco descrito, el de los trabajadores comunes de Nueva York. Vivo en esta ciudad desde mis tiempos de estudiante. Para mí, codearme cada día con personas que proceden de entornos muy distintos, con ocupaciones muy diversas, es una fuente inagotable de inspiración y creación artística".

 

Rodada con bastante solvencia, lo mejor del trabajo de Hoffman como director es, sin embargo, lo que ya había hecho antes varias veces en el teatro, liderar a un equipo de actores. Los cuatro intérpretes protagonistas consiguen construir seres humanos que descubren sus almas al espectador con sus miradas, sus movimientos, sus gestos, su participación en los pequeños detalles que propone la historia... Como el personaje de Jack, que memoriza una y otra vez los movimientos y los pasos a seguir de las que cosas aprendidas, Philip Seymour Hoffman hizo interminables repeticiones de cada escena antes del rodaje. Insistió e insistió con los actores y con el equipo técnico, de modo que llegó perfectamente preparado para enfrentarse a su doble tarea en la película.

Un esfuerzo estudiado y planeado por Hoffman para conquistar un objetivo claro: llegar a los espectadores con el impacto emocional deseado. "He tratado de mantener un vínculo estrecho entre todos los personajes y nosotros, los que los observamos. He querido que lo vivido por cada uno de ellos se perciba como una experiencia íntima, verdadera, familiar para cualquiera que, al menos una vez en la vida, haya sentido la turbación vertiginosa, la compleja belleza y la felicidad inesperada del enamoramiento", dejó escrito en una carta de intenciones el actor-director.

Poder descubrir algo nuevo del inmenso Philip Seymour Hoffman es para sus admiradores un regalo que no tiene precio. Y Una cita para el verano es una de las contadas oportunidades que quedan ya de ello. Después vendrán —a finales de este año y en 2015— sus colaboraciones en las dos siguientes entregas de la saga de Los juegos del hambre y muy pronto, el próximo mes de septiembre, su interpretación en El hombre más buscado, adaptación al cine de la novela de John Le Carré, donde el actor da vida al viejo, vil y brillante, espía alemán.

Tal vez, su temprana muerte ayude a que se estrene en España también God's Pocket, primer largometraje como director del conocido actor John Slattery, aunque el filme no ha sido recibido con amabilidad por parte de la crítica. Y, para los fans más acérrimos, ahí está su participación en la serie de televisión Happyish, de la que aún no se conoce su futuro.

Después, siempre quedarán ese grandioso Capote que hizo en 2005, el envolvente líder Lancaster Dodd de The Master, el transexual que ablandaba a un ultraconservador De Niro en Nadie es perfecto, el pobre tipo que se masturbaba en la pared en la ácida Happines, el sacerdote de La duda, el desgraciado infeliz de Antes de que el diablo sepa que has muerto... Boogie Nights, El talento de Mr. Ripley, Magnolia, Casi famosos... incluso Twister o aquel malvado de Misión Imposible III.