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Picasso, un joven hambriento de pintura

La exposición Devorar París. Picasso 1900-1907' revela cómo el maestro del cubismo encontró un estilo propio

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Pablo Picasso tenía 19 años cuando llegó por primera vez a París, en 1900. Fue con un par de amigos para ver su cuadro Últimos momentos, expuesto en el Pabellón español de la Exposición Universal. Durante aquel viaje, el pintor malagueño conoció a los artistas que trabajaban en la capital francesa y se empapó de las técnicas utilizadas por Toulouse-Lautrec o Vang Gogh.

Ese descubrimiento es el arranque del relato que cuenta la exposición Devorar París. Picasso 1900-1907, en el Museo Picasso de Barcelona. Comisariada por Marilyn McCully, la muestra rebate a quienes tachan al joven Picasso de imitador. Para demostrar que el autor del Guernica asumió los hallazgos de sus contemporáneos desde un punto de vista independiente, McCully ha emparejado piezas de Picasso con las de sus maestros.

La muestra rebate a quienes tachan al joven Picasso de imitador

La exposición, que presenta un total de 90 obras entre pinturas, esculturas, dibujos y grabados, sigue un orden cronológico. Los óleos pintados por un Picasso recién llegado a la ciudad de la luz levantan el telón de la muestra. Ahí aparece el impresionante Le Moulin de la Galette. 'En ese momento empieza a experimentar con la técnica, con las pinceladas y los colores, que dejan de ser españoles para volverse más vivos y brillantes', observa la comisaria.

Uno de los artistas que interesaron al autor de Las seño-ritas de Avignon fue Toulouse-Lautrec, tal y como refleja el cartel que Picasso dibujó y que nunca se llegó a imprimir para publicitar el cabaret Jardin. Entonces como en la actualidad, para ganar dinero, muchos artistas hacían ilustraciones para revistas y, como se ve en las que han incluido en la exhibición, Picasso, Juan Gris y Xavier Gosé seguían el estilo del habitual del Moulin Rouge.

'Para él, la pintura podría ser escultura al mismo tiempo', cuenta la comisaria

'Fue algo más que una influencia. Lo de Van Gogh para Picasso fue una experiencia paralela, porque el holandés también fue un extranjero en París y pintó escenas variopintas de la ciudad', detalla McCully. Cuando Picasso llegó a París, la obra de Van Gogh ya comenzaba a tener adeptos, pero él se sintió reflejado en ese artista visionario. Por ello, la sala llamada La fama de Van Gogh en París reúne nueve óleos del pintor, entre las que destacan La colina de Montmartre y la cantera de piedra.

Avanzando en el itinerario, de las animadas escenas de la vida de París, Pablo Picasso comienza a empaparse de los colores de los pintores simbolistas franceses. Detalle que se observa en la pintura Casagemas en su ataúd (1901), en la que el artista utilizó tonos azules para reproducir la pérdida del que fue uno de sus mejores amigos de juventud.

En 1904 Picasso se trasladó definitivamente a París y se instaló en un taller del Bateau-Lavoir. Trabajó sin tregua para convertirse en uno de los referentes artísticos del momento, y después de siete años dio 'el gran salto', como le gusta definirlo a Marilyn McCully.

Derain, Matisse, Cezánne y Van Gogh eran los grandes del momento, pero él también se sentía uno de ellos, y decidió pintar su Autorretrato con paleta, de 1906. En la sala dedicada a esta etapa se puede ver el Bañista de Cézanne junto el Desnudo peinándose de Picasso.Y también la sencilla pero interesante Muñeca, una escultura de madera sacada de la pata de una silla que parece delatar la influencia del arte tribal en el artista.

El director del museo, Pepe Serra, explicó que la muestra es 'la culminación de un proceso que intenta revisar, contextualizar y ofrecer una mirada crítica sobre la obra picassiana'. De hecho, el recorrido acaba con dos óleos sobre madera: Desnudo de pie y Desnudo de pie con los brazos levantados. 'Con ellas se aleja de lo que hacían Matisse y los demás. Estas obras ya muestran que para Picasso, la pintura podría ser escultura al mismo tiempo', revela McCully.