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Pipilotti se da un baño

La artista suiza invita a recuperar la serenidad con la muestra en la Fundació Miró

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Autista y anarquista, así se define Pipilotti Rist (Grabs, Suiza, 1962), llega a la Fundació Miró a proyectar las dos proyecciones sobre la escultura de bronce de Joan Miró Femme (1968).

Rist es capaz de conseguir que el visitante tenga tentaciones de revolcarse en una montaña de hojarasca, zambullirse en el agua o rodar por la hierba.

Algo que comprobará quien acuda a ver Partido amistoso-sentimientos electrónicos, la mayor exposición de la artista organizada hasta el momento en España. Está dividida en dos espacios: la Fundació Joan Miró de Barcelona, que alberga diez instalaciones, y el Centre Cultural de Caixa de Girona que muestra un par de ellas más.

A lo largo de 20 años de carrera, Pipilotti Rist, merecedora en 2009 del Premio Joan Miró, es una de las videoartistas más vitales y arriesgadas del panorama contemporáneo. Abre mentes, libera tabúes y termina con los sentimientos negativos. Interesada en la repercusión que tiene el estado de ánimo con la recepción de una obra de arte, está convencida de que 'encarar el arte de una manera relajada ayuda a reflexionar mejor'. Le gusta mezclar lo horizontal con lo vertical, y acercar el suelo al techo. 'Somos muy fáciles de herir y necesitamos relativizar las cosas para que la tranquilidad nos inunde', argumentó ayer en la presentación de la muestra.

Las piezas de este montaje recrean paisajes y atmósferas que penetran en el mundo interior del que se acerca a ellas. El orden de las instalaciones es un tema que no le quita el sueño porque piensa que 'cada uno tiene su camino emocional'.

La artista ha aprovechado la sinuosidad del edificio construido por Josep Lluís Sert para potenciar la experiencia libre y poética que desprende la exposición. Tras cruzar unos cortinajes de gasa, el primer impacto lo sirve la instalación Sip my Ocean (1996): las imágenes de dos cuerpos buceando en el mar invaden las paredes de la sala, el Wicked Game de Chris Isaak interpretado por la propia Rist suena a un volumen suave, y una moqueta mullida de color azul invita a tumbarse en el suelo. Dentro de esta peculiar pecera empieza el juego.

En opinión del escritor y coleccionista Han Nefken, que ha colaborado con la producción de la muestra, la obra de Rist cambia perspectivas: 'En 1999 cuando todavía no compraba piezas de arte contemporáneo, la obra de Pipilotti cambió mi actitud frente al arte, entonces me volví un artivista y decidí fomentar la creación'.

La vergüenza y los sentimientos de culpa no caben en este Partido amistoso que recoge una selección del trabajo que la artista ha realizado durante los últimos 15 años. Con Ginas Mobile (2007), evoca el interior de una vagina para transmitir la sensación de introducirnos en un cuerpo. Y más adelante, o más atrás, depende de cómo se decida uno a vivir el circuito, el público cruza la instalación Regenfrau (I am called a plant), pieza en la que Rist se pone en el punto de vista de una babosa que se desliza por una hoja de lechuga. Pipilotti Rist mezcla diversión y sensualidad para servir un chapuzón revitalizante apto para todos los públicos.