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Placebo: "No buscamos la fama, sólo queríamos no tener que trabajar"

Brian Molko, líder de la banda británica, habla sobre el precio del éxito, la homofobia, el fútbol y el karma minutos antes de su concierto en el festival Low Cost de Benidorm

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Seguro que Brian Molko, como todos, tiene muchas obsesiones. La fama es una de ellas, algo que dejó claro ayer antes de comenzar esta entrevista, cuando insistió en contar, con desmesurado interés, esta historia: 'Un amigo mío corría el maratón de Londres y fui a verlo, pero la calle estaba muy llena y llovía a mares, así que decidí coger el metro. El vagón también estaba lleno debido a la carrera, y de repente una mujer me tocó en el hombro y me dijo: Perdone, pero se parece mucho a Brian Molko'. Yo le pregunté que quién era ese. Es el de Placebo', respondió. ¿Y eso qué es?', contesté. Cuando me dijo que se trataba de una estrella del rock, le expliqué que una estrella del rocknunca cogería el metro. Pero ella acabó diciendo: No en su caso, porque he oído que es bastante humilde'. Lo que me gustó bastante, claro'.

Todo esto venía porque el bajista del grupo, sentado a su lado en la habitación de un lujosísimo complejo hotelero en Benidorm, acababa de alabar las bondades del metro de Madrid, ciudad donde ha vivido y que visita a menudo. 'Es el mejor metro que he visto. Felicidades', celebra Stefan Olsdalen la terraza de la habitación, con el extravagante skyline del paraíso vacacional alicantino al fondo.

'Vestirme de mujer era como una declaración política'

Pero a Molko le divierte más el star-system que los trayectos en la línea 5. 'Estoy leyendo el último libro de Paulo Coelho, que habla sobre la fama... La fama y el vacío que esta conlleva', explica Molko con una sonrisa de Joker bastante inquietante. Lejos queda aquel septiembre de 1997, cuando el público que asistió a la gira Popmart de U2 jugaba a apostar si el cantante del grupo telonero era un chico o una chica. A día de hoy, convertido en líder de un grupo superventas (más de ocho millones de discos vendidos en todo el mundo), ya nadie duda del género del cantante de Placebo, que eran el gran atractivo de la jornada de ayer, la segunda y última, del festival Low Cost de Benidorm.

'El hecho de vestirme de mujer en los primeros años del grupo era una declaración política', explica Molko a Público. 'Veníamos del brit-pop, cuando la música en Inglaterra era muy macho [lo dice en español], nacionalista y homofóbica. Nosotros pensábamos que éramos diferentes, queríamos representar a la gente que no se sentía representada por los grupos famosos en ese momento, como Oasis, ese tipo de música para el fútbol. Y que conste que no hay nada malo en el fútbol: ¡Viva España! [vuelve a decir en español]. Nosotros nos vestíamos de mujer y nos maquillábamos para confundir las ideas fijas de la gente. Mi objetivo era ligarme a uno de esos tíos homófobos entre el público, que pensaran que era una chica y quisieran follar conmigo, y luego se dieran cuenta de que era un hombre'.

'No quiero acabar en Hollywood, como una de esas estrellas del rap'

La crítica especializada, tanto en su país como en España, les miró con recelo desde el principio, pese a que (o quizás debido a que) David Bowie les firmó un cheque en blanco llevándoselos de gira, invitándolos a participar en la celebración de su 50 cumpleaños en el Madison Square Garden de Nueva York y alabándolos en cuanto tenía una oportunidad. Les infravaloraron: sus tres primeros discos suenan con gran contundencia y frescura y esconden una decena de singles incontestables (entre ellos Nancy boy, incluida en la banda sonora de Airbag, Teenage angst, Pure morning, You don't care about us, Slave to the wage y Special K).

Con el público, sin embargo, el flechazo fue absoluto. También en España, sobre todo a partir de la edición del single Every you every me, incluido en su disco Without you I'm nothing, de 1998, y su actuación en el Festival de Benicàssim en 2000, unos meses antes de editar su siguiente álbum, Black market music. 'Nuestra intención no era hacernos famosos. Lo que queríamos era no tener que trabajar, evitar vivir bajo las reglas de la sociedad. No queríamos convertirnos en lo que se convertía el resto de gente que iba al colegio. Queríamos sobrevivir haciendo algo creativo y nos hubiéramos conformado con eso. Pero el destino nos había preparado otra cosa y con el primer álbum tuvimos muchísimo éxito. Y así está bien, pero si en el futuro nos convertimos en una banda con menos éxito, no nos importaría', señala el cantante.

Hijo de un importante banquero, la infancia de Molko estuvo marcada por los continuos cambios de residencia. Nació en Bélgica y vivió en Liberia, Líbano y Luxemburgo, donde coincidió en el colegio con Stefan Olsdal, el sueco con el que formaría Placebo unos años más tarde en Londres. Molko reconoce que el mejor momento de su vida, después del nacimiento de su hijo hace cuatro años, fue el día que abandonó la casa familiar con destino a Londres, donde estudió arte dramático. 'No tengo pensado convertirme en actor en el futuro, no seré como una de esas estrellas de hip hop que desarrollan una carrera paralela en Hollywood. Si me metí en la música es porque no me llenaba. Un actor dice las palabras que ha escrito otro y hace lo que le dice el director. Yo necesitaba ser el autor. Además, la inmediatez de la música me seducía. En el teatro tienes que estar en silencio, mientras que en la música tocas un acorde y la gente se vuelve loca. Es algo más primario', explica.

'Ser líder religioso no es muy diferente a estar en un grupo'

El sonido de Placebo ha evolucionado de un punk-rockcon influencias del glam de los setenta, bastante teatral, con letras y estética tendentes a la oscuridad y con un punto de crudeza, hacia territorios algo más comerciales, sustituyendo su inicial gancho melódico heredero de Bowie y The Cure y el impacto ruidoso de Sonic Youth por un sonido más lineal y sintético que bebe, sobre todo, del metal industrial de Nine Inch Nails. 'No queremos ser muy conscientes de la música que hacemos, tan sólo queremos hacer algo que responda a nuestro estado emocional en cada momento. Nuestra única motivación es no repetirnos. Prefiero no gastar energía en pensar en lo que he hecho en el pasado y dedicarla a lo que voy a hacer después', se justifica Molko.Su último álbum, Battle for the sun, publicado el año pasado, lo han grabado en su propio sello, Elevator. No hay más motivo que el que ya tanto se ha oído: su casa de discos ya no ponía tanto entusiasmo en trabajar sus discos como al principio, fruto de la crisis de la industria musical.

El bajista de Placebo, Stefan Olsdal, compagina su trabajo con otro grupo, Hotel Persona, que comparte con un músico español. 'Es música más divertida, más pop. Además, utilizamos otro idioma, el español. Es interesante hacer cosas distintas', subraya Olsdal. Molko, por ahora, no tiene pensado lanzarse en solitario: 'He pensado en hacer tantas cosas locas... Escribir una sinfonía, meterme en política... hasta fundar una religión [risas], pero no tengo tiempo. Creo que ser líder religioso no sería muy diferente a estar en un grupo: coges su dinero, piensan que eres Dios y puedes dormir con quién quieras. Quizás esa sea mi carrera en solitario [risas]'.

'No nos importaría que en el futuro tuviéramos menos éxito'

La imaginería de las letras de Molko siempre ha estado sumida en una angustiosa oscuridad: crisis adolescente, relaciones amorosas tormentosas, adicciones, conflictos de identidad e incluso temas sociales como la esclavitud laboral. En Slave to the wage hizo incluso una referencia a Maggie's farm, de Bob Dylan, en un tema llamado a ser el himno del oficinista explotado. 'Dylan siempre ha sido una gran influencia. Con 13 años estaba obsesionado con él', confiesa el cantante.

A principios de este año, Placebo tocó en Chile y decidió donar los beneficios de su concierto a las víctimas del terremoto que acababa de asolar el país. Molko explicó los motivos que les llevaron a realizar ese gesto: 'Creemos en el karma y sentimos que no estaba bien que después de un desastre natural de esa envergadura, en el que la gente había perdido a seres queridos y sus casas, apareciéramos nosotros diciendo que lo sentíamos y a continuación: Dadnos vuestro dinero'. No tenía ningún sentido para nosotros. Así que decidimos que lo único que podíamos hacer era donar los beneficios del concierto. Y si vas a hacerlo, no des el 50%, dalo todo. Eso es un gesto real, no un gesto publicitario. Para conseguir un buen karma necesitas un sacrificio verdadero'.

Andrógino

Aunque a día de hoy ya nadie lo duda, en el inicio de su carrera eran muchos los que no tenían claro si Brian Molko era un chico o una chica. Él mismo, cuando el grupo teloneó a U2 en el Vicente Calderón en 1997, le preguntaba al público: '¿Soy un chico?, ¿soy una chica?'. Pocos se atrevían a apostar con seguridad por una de las dos opciones.

Siniestro

La imagen de Brian Molko, y por extensión de Placebo, siempre ha estado influenciada por el rock gótico y siniestro de principios de los ochenta. Bandas como Siouxsie & the Banshees o The Cure son también una influencia musical clara. La estela de estos últimos se percibe en temas como ‘You don't care about us'. Además, Robert Smith se ha declarado fan de Placebo y ha colaborado con ellos.

Glam

Cuando el grupo presentó ‘Without you I'm nothing' en la sala Caracol de Madrid en 1998, Brian Molko apareció vestido de mujer. Su estética glam se vería reforzada tras versionar la canción ‘20th Century Boy', de T-Rex, para la película ‘Velvet Goldmine', donde la banda aparecía actuando en directo.

Drama

El origen de la vena dramática de Brian Molko, evidente en canciones como ‘Without you I'm nothing' o ‘I know', está en la prestigiosa escuela Goldsmiths de Londres, donde estudió interpretación con 18 años.

Ruido

La potencia de las guitarras distorsionadas es la seña de identidad de la mayoría de las canciones de Placebo, más en el principio de su carrera que en la actualidad. La tendencia ‘noise' del grupo es heredera de los norteamericanos Sonic Youth, la banda de cabecera de Brian Molko desde que cumplió los 16 años.