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Políticos enfermos de arrogancia

El británico David Owen analiza cómo afecta el poder a los jefes de Estado y Gobierno en En el poder y la enfermedad'

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'El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente', escribió el historiador inglés Lord Acton en 1887. Este aforísmo ahora lo confirma el médico británico David Owen, dándole la base científica en el ensayo En el poder y la guerra (Siruela). A través de anécdotas, Owen analiza cómo grandes personajes políticos de los últimos 100 años se han visto afectados por el síndrome de hybris o 'embriaguez de poder'. Tuchman definió el síndrome de hybris como 'evaluar una situación en términos de ideas fijas preconcebidas mientras se ignora o rechaza todo signo contrario'.

David Owen fue ministro de Sanidad y de Asuntos Exteriores del Gobierno de James Callaghan entre 1974 y 1979. Ejercer como político y médico le confirmó su teoría de que existe relación entre ambas disciplinas. Owen empezó a fascinarse por el tema y por confirmar su hipótesis, partiendo de una pregunta que cualquier votante se ha planteado alguna vez: ¿La experiencia de estar en el poder puede producir cambios en los estados mentales y la conducta? El británico demuestra que sí, pero insiste en que, este síndrome, 'tiene la singularidad de que no debe ser considerado como un síndrome de personalidad, sino como algo que se manifiesta en cualquier líder pero solamente cuando está en el poder'.

Owen: 'Esta enfermedad mental no puede justificar sus crímenes'

El ensayo incluye una lista de 14 síntomas que se han de tener para ser tachados de enfermos de hybris, de los que deberían cumplirse, al menos, cuatro. Por ejemplo, una inclinación narcisista a ver el mundo, excesiva confianza en sí mismos o pérdida de contacto con la realidad. Owen presenta a Hitler como paradigma del 'alcohólico de poder', pero, sin embargo, afirma que 'esta enfermedad mental no puede justificar sus crímenes' y, de no haberse suicidado, 'habría pagado por ello'.

En el mismo saco que Hitler, Owen mete a Margaret Thatcher de la que afirma que 'durante su primera etapa en el cargo no hubo hybris, aunque sí algunos signos susceptibles de padecerla por su manera de dividir a sus colegas en ellos y nosotros' y por su actitud desdeñosa ante el consenso'. El autor insiste en que Thatcher actuaba 'convencida de que estaba haciendo lo correcto', y el hecho de tener a la opinión pública en contra no era bastante como para hacerla dudar sobre si se estaba equivocando.

Stalin tenía una obsesiva sensación de querer ser asesinado

Además de el hybris, muchos jefes de Estado que ha estudiado Owen estuvieron marcados por otros trastornos mentales que afectaron a su percepción de la realidad. Mao Zedong, por ejemplo, tuvo que convivir con la depresión toda su vida, y la paranoia que marcó a Stalin le hizo desarrollar la 'conspiración de los médicos', por su obsesiva sensación de querer ser asesinado.

David Owen se detiene en George Bush y Tony Blair y en su empeño por invadir Irak. El médico afirma que su actitud fue típica de los 'líderes excesivamente seguros de sí mismos, que desprecian toda clase de consejos, y que empiezan a actuar de un modo que parece desafiar la realidad misma'.