Publicado: 06.10.2007 18:59 |Actualizado: 06.10.2007 18:59

Porno para mujeres

Una rubia impresionante siente en sus carnes las arremetidas de su pareja. Atada como un perro adopta un papel sumiso mientras su amante la penetra por atrás. La secuencia de este cortometraje, incluido en Cinco historias para ella, de Erika Lust,

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Para empezar, la ha rodado una mujer. Esa condición no tendría que ser determinante, pero sí es excepcional. En España, sólo hay dos directoras en activo: Sandra Uve, autora de 616 DF. El diablo español vs. Las luchadoras del Este, barcelonesa del 72; y la propia Erika Lust, una sueca también establecida en la Ciudad Condal y cinco años menor.

No obstante, ésa no es la razón por la que muchas espectadoras se sienten cómodas y la clasifican como “porno para mujeres”. Sin ir más lejos, las películas de Uve no se distinguen demasiado de las convencionales, según Raquel Traba, de la tienda erótica Los placeres de Lola. “Aunque sí es cierto que cuida más las tramas y la imagen”.

Referencias culturales

Sandra Uve coincide con esta definición. Dice no creer en el concepto de porno para mujeres porque “si es escoge bien, cualquiera de nosotras puede disfrutar con una película convencional”. Y, entonces, ¿por qué no lo hacemos?

El principal problema es que si una baja al videoclub difícilmente encontrará algo que le guste. Imposible dar con algo de Mario Salieri. Tal vez por eso, Uve insiste en rodar tramas secundarias “para divertirse”, aunque es consciente de que casi todos sus espectadores hombres podrían prescindir de ellas. Para las mujeres, es más difícil.

“Nosotras preferimos que nos sitúen la historia en un contexto”, dice Traba. Y eso es lo que hace Lust en Ser o no ser una buena chica, su premiado cortometraje sobre el repartidor de pizzas más amoroso del mundo. La hambrienta afortunada que protagoniza el encuentro es una mujer joven, tímida y con formas. En otras palabras, real.

¿Radica ahí el éxito de Lust? ¿O tiene algo que ver con que sus protagonistas tengan orgasmos creíbles tras cunilingus a conciencia? ¿Influirá que, pese al bondage y la postura canina, nadie llame zorra a la protagonista? ¿Será el premio a una buena fotografía y una banda sonora sugerente? ¿Agradecerán las espectadoras el fin de la cutrez?