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Portugal se despide de Saramago, entre honores de jefe de Estado

Mañana se celebrará un homenaje en la capital Lusa y el cuerpo del escritor será incinerado y sus cenizas esparcidas en Lanzarote y Azinhaga, su pueblo natal

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El cuerpo del escritor José Saramago, que falleció ayer, está siendo velado en el Ayuntamiento de la capital portuguesa, donde permanecerá hasta mañana domingo. Numerosas personalidades de la cultura, la política y la vida pública y cientos de ciudadanos están acudiendo a la Cámara Municipal de Lisboa para dar un último adiós al escritor.

Varios ministros y altos cargos del Gobierno, con el primer ministro, el socialista José Sócrates, al frente, visitaron también la capilla ardiente para expresar sus condolencias a los familiares del Nobel. Aunque la ministra de Cultura española, Ángeles González-Sinde se encuentra en el lugar, la delegación española que asistirá mañana a los actos en memoria de Saramago estará encabezada por la vicepresidente primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega.

El funeral en memoria del escritor está previsto que se celebre en el Ayuntamiento de la capital al que seguirá después otra ceremonia en el cementerio lisboeta del Alto de San Juan, donde serán incinerados sus restos mortales.

Los restos del escritor viajaban hoy desde Lanzarote a Portugal en un avión militar enviado por el ejército luso. Tras despegar a las 11.25 de la mañana desde la isla española, el féretro llegaba al aeropuerto de Lisboa y era recibido por miembros del Gobierno portugués, junto a familiares, amigos e intelectuales, recibiendo honores militares.

Con un tratamiento propio de un dignatario del Estado, el féretro del único Nobel portugués fue trasladado a hombros por un grupo de soldados, ante una guardia militar de honor, desde el avión de las Fuerzas Armadas lusas hasta el vehículo fúnebre que lo trasladó al Ayuntamiento de Lisboa. En el avión viajaron la ministra lusa de Cultura, Gabriela Canavilhas, la viuda del escritor, Pilar del Río, la hija del matrimonio anterior del Nobel, Violante Saramago, y otros familiares y amigos muy cercanos.

En el aeropuerto se habían congregado miembros del Gobierno luso y de Angola y Mozambique, personalidades políticas, entre ellas los dirigentes del Partido Comunista a cuya militancia se mantuvo siempre fiel el escritor, y numerosos intelectuales y amigos. El traslado de los restos desde el avión al coche fúnebre se hizo en medio de un imponente silencio, ante la mirada triste de los allegados al escritor y sin ceremonias especiales. El cortejo fúnebre que acompañaba el cuerpo del Nobel pasó lentamente ante la sede de la Fundación José Saramago de Lisboa, situada cerca del aeropuerto de Portela, en su camino al Ayuntamiento.

Allí le esperaban el Alcalde de la capital, Antonio Costa, y numerosas personalidades y autoridades gubernamentales a las que se sumó la ministra española de Cultura, Ángeles González-Sinde.

El cuerpo de Saramago será llevado el domingo al cementerio del Alto de San Juan de la capital lusa donde será incinerado. Personalidades e instituciones de todos los ámbitos de la vida pública lusa continuaron hoy manifestando su tristeza por la muerte del escritor, entre ellos los partidos de la izquierda marxista lusa e incluso la Iglesia Católica, que pese a las polémicas obras del Nobel expresó también su pesar por el fallecimiento.