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Post porno

Mientras Madrid acoge el comercial Festival de Cine Erótico, ciudades como Barcelona o Donosti apuestan por una visión alternativa del género X, con espíritu punk y alma feminista: así es el porno después del porn

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Está en la simbología antigua. La primera compañera de Adán, Lilith, tenía el pelo enloquecido, culebras de fuego. Se dejó seducir por la libertad, la lujuria y la creación. En su huida del Edén, descendió a los submundos: exploró la disidencia. Y Dios reinventó a Eva para asegurar el sistema patriarcal y heterocentrado. Orden versus caos. Amén. Esta metáfora bíblica nos sirve para explicar el movimiento post porno. O el nuevo feminismo porno punk, o “si no te gusta el porno, hazlo tú mismo”. Rebélate.

Contra penes cárcel, vaginas reja. Pornografía zafia, clónica, machista. Mientras Madrid prepara este fin de semana el gran encuentro de la pornografía comercial, el Festival Internacional de Cine Erótico (Ficeb 2008), en Donosti se está preparando un seminario de Feminismo Porno Punk, organizado por la filósofa Beatriz Preciado en el centro Arteleku, del próximo 2 al 5 de julio. Será un encuentro internacional de lo que ha venido a denominarse como post pornografía, tendencia artística y activista que recupera para las minorías la representación por antonomasia de la sexualidad.

“El post porno consiste en la representación de las sexualidades alternativas, es salirse de la industria”, explica María Llopis, precursora de este movimiento en España, y antigua Girls Who Like Porno (plataforma artística que promovió de 2003 a 2008). “Por ejemplo, me gusta el porno hardcore, pero con mujeres poderosas que sometan a hombres pasivos y débiles. Si una chica flaca y enfermiza puede llegar a ser sexy, ¿por qué no lo puede ser un tío?”, dice María, que actualmente está inmersa en un proyecto para crear en la Red un PornoTube de post porno llamado ntmcy.com.

Poetas (y okupas) del sexo...

El movimiento español, con su bastión barcelonés, parte de pornopoetisas, revolucionarias del sexo, talleres prácticos, charlas en museos o casas okupas, desconstructores de realidades absolutas y por lo tanto anodinas. Su placer es la performance, el video, salidas de sexo públicas, provocación, y ante todo “experimentación”, dice Carolina, de Go Fist Foundation. “Es una crítica, no nos gusta como trata a la mujer la pornografía, de este modo plasmamos nuestras inquietudes”, añade.

Su colectivo lleva las premisas en el nombre: fist fucking (introducir el puño por la cavidad anal o vaginal). “Estamos hartas del porno genital, ves una imagen lésbica y en realidad está rodada bajo una visión heterosexual. Nosotras nos planteamos todo desde otra perspectica, desde el sadomasoquismo a los roles de género”, explica su compañera Idoya.

El post porno nació en Estados Unidos en la década de los años noventa, relacionado con el activismo queer (movimiento de resistencia a la heterosexualidad dominante) y el post feminismo. Artistas como Annie Sprinkle, que participará en Arteleku, artista y ex actriz porno, Bruce Labruce (porno revolucionario o agitporn), Emilie Jouvet (porno queer), o Shu Lea Cheang (porno experimental) han convertido el género en un punto de referencia de la otra conciencia pornográfica.

...y pornoterrorismo

“Visibiliza a aquellxs que hasta ahora habíamos sido ignoradxs, cuerpos considerados desviados, patológicos, y los mostramos como algo bello que no hay que cambiar”, explica Elena, de la plataforma Post Op. Las “x” de su declaración las incluimos a petición suya, para “no caer en la discordancia de géneros” contra la que luchan.

Porno comercial. Adán, harto, regresa de visitar a Onán. Tiene un pacto, no con el diablo, sino con la industria de la servilleta de papel. Sueños húmedos pasados por agua helada. Un universo estrecho: el eterno eyacular en el rostro de chicas anoréxicas. Y para ello, Lilith tiene una respuesta punk, subversiva. “Mi trabajo es el pornoterrorismo, una fusión entre la imagen sexual y la pornografía que ves en el telediario, como por ejemplo, un tío explotado en el mercado. Quiero conseguir excitar a través del terror, desbloquear los mecanismos de excitación”, explica Diana, poeta, performancer, y naturalmente, pornoterrorista.  

Al final, todo es política

Producciones disidentes de ayer y hoy. Sujetos estigmatizados. Cuerpos no-blancos, transexuales, intersexuales y transgénero, deformes o discapacitados. El post porno enseña que la pornografía es una cuestión esencialmente política. “No hay pornografía sin un contexto legal que defina los límites de lo que es públicamente visible. Comparte con el movimiento punk un cierto gusto por el feísmo, una estética barata y anticonsumista y la conciencia de que buena parte de la batalla política se libra en el cuerpo”, sentencia Beatriz Preciado.

Y Litih repuso a Adán (a lo heteronormativo, a lo sexista, al poder): “Por qué yo debo estar siempre debajo si fuimos creados iguales”. Lilith no era hombre, no era mujer, era quién quiso ser. Y voló lejos, a su cueva, y reinventó su sexualidad post Edén.