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Premio para un explorador sonoro

Santiago Auserón recibe el Nacional de Músicas Actuales por la versatilidad de su trayectoria musical. Icono de la Movida con Radio Futura, su obra ha transitado por el blues, el jazz y el son cubano.

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Aquel joven engominado de pose chulesca y pantalones chillones que fabricaba contagiosos artefactos pop a principios de los ochenta anda a día de hoy imbuido en las pantanosas aguas del blues de raíz americano. El descaro juvenil lo ha sustituido por la reflexión paciente de un maestro de escuela, su ropa es ahora oscura y entre la gomina le asoma alguna cana. El viaje ha sido largo y hasta le ha cambiado el nombre, pero ha sido ese arriesgado y profundo trayecto el que le ha valido a Santiago Auserón/Juan Perro el Premio Nacional de Músicas Actuales, otorgado ayer y dotado con 30.000 euros.

Desde su casa, al otro lado del teléfono, responde un tanto confuso, aturdido por la avalancha de llamadas que han interrumpido la escritura de un libro sobre historia musical que tiene entre manos desde hace tiempo. 'No se me pasaba por la imaginación que se pudiera dar esta circunstancia', contesta al saberse ganador de un premio que pese a su novedad (es la tercera edición) no le es desconocido. 'Sé que lo tiene Serrat', confiesa.

El premio reconoce 'sus trabajos de investigación' y la poética de sus letras

A Auserón es difícil pillarle de otra forma que no sea trabajando. Ya sea escribiendo ensayos, preparando una gira, componiendo canciones o montando un recital en un taller de músicos, este zaragozano de 57 años exprime el tiempo para ganarle terreno al vacío y la confusión, dos sensaciones que integra con naturalidad cuando mira atrás, hacia la tempestuosa expedición que es su carrera musical. 'En cada uno de los discos que llevo hechos veo sombra y luz. Por un lado, tienes visiones de cómo hay que sonar, a lo que hay que acercarse, el tipo de imágenes que hay que construir para conseguir el sonido; y a la vez, sufrir cierto grado de inconsistencia que hay que ir paliando sobre la marcha. Eso no siempre es fácil ni factible. Hay que atravesar etapas de confusión en ese camino', dice Auserón.

Auserón se refiere a su conversión a la música cubana a principios de los noventa, cuando se transformó en Juan Perro. Pero también a Radio Futura, emulando a los grupos anglosajones de la nueva ola, a la búsqueda, otra vez, de un estándar sonoro y un lenguaje que fuese compatible con los géneros efervescentes que sembraban el páramo que era España en el posfranquismo. Auserón veía, oía lo que quería, y se lanzaba a materializarlo. Lo contaba ayer Sabino Méndez: 'Su inquietud es muy utópica, teórica, y desde ahí se embarca en la plasmación práctica de todo eso. Es un maravilloso idealista'.

'El jurado lo llama versatilidad, yo lo puedo llamar delirio', dijo ayer

Méndez también reivindica al Auserón inventor y pone el ejemplo de 'temas como Veneno en la piel o La negra flor, donde cambia la dicción del ritmo cuatro por cuatro del rock en nuestro país'. Coincide con los miembros del jurado del premio, que valoraron 'la gran versatilidad del artista, sus trabajos de investigación y la calidad poética de sus letras'.

El exlíder de Radio Futura asiente con un murmullo, como si escuchara palabras que se adhieren a él como pegamento, que configuran el ADN de todas sus diabluras musicales, pero que también le han hecho sufrir, convirtiéndole en una especie de héroe de la resistencia musical en España. Según él, 'la valoración está bien definida, pero se podría resumir de otro modo: la capacidad de resistir tres décadas metiendo riesgo artístico y luchando por hacer canciones lo más claras posibles sin renunciar a los contenidos'.

El galardón reconoce la inquietud y transgresión de un músico para el que el pop y el rock nunca fueron suficientes. Acostumbrado a mirar lejos, a saltar fronteras y redibujar geografías, a principios de los noventa se fue a Cuba y volvió con un botín. Se convirtió en otro, Juan Perro, que no es nombre de conquistador de países pero puede que sí de géneros musicales. Quedó fascinado por el son cubano cantado en español por negros y mulatos y se empeñó en aprenderlo: convivió, habló, tocó y escuchó a una generación de soneros de todo un siglo y se puso a trabajar en un género que no existía. 'Compartí muchos ratos en sus casas, en La Habana, y también aquí en la mía. Y eso aceleró el aprendizaje, pero los dos primeros discos de Juan Perro adolecen de cierto voluntarismo, se quedan en la intención de acercarse a algo. Yo tenía un presentimiento que debía concretarse en formas que necesitan más tiempo para madurar', revela Auserón.

Siempre pivotó sobre el rock, donde regresó en Mr. Hambre en el año 2000, pero incapaz de deshacerse de sus visiones, empujado por su mente inquieta a desmontar géneros y volverlos a montar entrecruzados, como un médium que despierta algo que está dormido entre unos estilos y otros, coqueteó con el jazz y, más recientemente, con la música de raíz norteamericana. Según cuenta, 'si me acerqué a los jazzeros fue para poder escribir melodías que girasen más cerca del espíritu de la letra'. Y añade: 'Pero claro, no me puedo convertir en jazzero en un cuarto de hora. Siempre he rozado la inestabilidad entre varios géneros. El jurado tiene la amabilidad de llamarlo versatilidad, yo lo puedo llamar delirio'.

Marina Rossell, que le invitó a cantar en el Palau de la Música, insiste en esa estrategia de pensamiento y acción de Auserón: 'Es un músico renacentista. Siempre ha filosofado sobre lo que hace él, lo que hacen los demás y lo que no existe. Ha creado cosas que no están dentro de ningún patrón, aunque él oiga ese patrón. Va más allá incluso de lo que había pensado'.

'Su inquietud es muy utópica, teórica', señala Sabino Méndez

Y es un premio, claro, a la Movida. En esa época le descubrió Antonio Luque, voz de Sr. Chinarro, que, aunque pertenece a una generación que rompió con el legado de los ochenta, reconoce su influencia. 'Para mí aquellos primeros discos de Radio Futura eran algo absolutamente nuevo. Tenía sus dos primeras cintas y las escuchaba diez veces seguidas al día', recuerda.

El Nacional de Músicas Actuales debía fijarse en uno de los periodos musicales más excitantes que se han vivido en España. Y con Carlos Berlanga desaparecido, Auserón era el más señalado. Él reconoce que convertir la Movida en un monumento es un acto vacío, pero no la relativiza: 'Reivindico su espíritu de ligereza. La ideologización del último franquismo llegó a ser muy esquemática. La afirmación vital de la Movida me sonó bien'. Ahora que se habla de una segunda transición él lamenta que España esté dividida en dos mitades en todos los campos. Y se despide con un tímido 'quizás las canciones pudieran ayudar...'.