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"Tenemos que estar preparados para más irregularidades de Teddy"

Entrevista a Sabino Méndez, miembro de la nueva Junta Directiva de la SGAE

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Hecho a vivir entre trogloditas, desechables y proscritos, Sabino Méndez llegó el 1 de julio a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) como miembro de la nueva junta directiva. Un equipo salido de unas elecciones cuya limpieza, entre otras cuestiones que incluyen un presunto desvío millonario de fondos procedentes de los derechos de autor, está hoy puesta en entredicho por la Justicia.

No fue el único que llegó esa mañana de nuevas a la puerta del Palacio de Longoria. La Guardia Civil destapaba el mismo día la operación Saga, que dirige el juez Pablo Ruz. Consecuencia de aquello, a Sabino Méndez, que le gusta más salir agarrado a una guitarra que posar con una corbata, le iba tocar poner cara de cuchillo, de quien corta el trozo pocho de la SGAE para que la gestora sobreviva a Teddy Bautista. Todo lo que dice, cada cosa que pretende cambiar la SGAE, demuestra cómo se hacían las cosas antes. Sujeten la mandíbula de abajo. Endeudada, con proyectos inmobiliarios faraónicos sin terminar, con los derechos de autor entregados como aval ante los bancos (con poco o ningún conocimiento de los socios), la SGAE intenta salir de esta, vender su inmenso patrimonio y volver a ser una gestora de derechos. Pero el susto no ha terminado. El juez Ruz ha vuelto a decretar el secreto de sumario porque puede haber una fuga aún mayor de fondos a través de Arteria, la gestora de los teatros, que la se orquestó desde la tecnológica SDAE. A Méndez no le sorprende que así sea.

¿En qué momento está ahora la SGAE?

En un momento muy estimulante, porque hay que sentar las bases de la futura SGAE. Estamos haciendo todo a la vez: la reforma, unas elecciones más transparentes para tener una nueva junta directiva y una investigación de todas las estructuras y trabajos de la SGAE antigua.

¿Y qué han encontrado por ahora en esos trabajos sobre lo que usted llama la SGAE antigua?

Van saliendo cosas. Tenemos cierta incógnita sobre qué temas de alcance van a salir de Arteria, que es lo que investiga ahora el juez Pablo Ruz. Pero esto es imparable. El proceso está siendo muy rápido, es como una ola de renovación que estaba pendiente hace muchos años. Nos lo ha facilitado que haya un consenso general porque todos sospechábamos que había muchas cosas que cambiar.

Parece que hay prisa por desligarse de todo lo que tenga que ver con Teddy Bautista. Se han apresurado a rescindir los contratos con Emilio Cabrera, primo del expresidente, o con su gran amigo Ángel Quintanilla. ¿Por qué ahora?

Porque ahora se puede. Antes había un esquema evidentemente jerárquico muy personalista, claramente dependiente de Teddy Bautista y algunos autores creemos que no tenía que haber sido así, que eso hace que sea una gestión muy opaca que evita la formación de mecanismos de control. Si hacemos una buena reforma electoral, unas elecciones participativas, tendremos una junta directiva muy profesionalizada. La contratación de gente, de servicios externos, pasará por mecanismos de control, por concursos. La información se compartirá, para que no pueda haber opacidades y posibles favoritismos, amiguismos, designaciones a dedo.

Mirando las cuentas de Arteria, podría pensarse que a través de esa filial se desviaba dinero de un modo similar al que presuntamente se utilizó con la SDAE pero incluso cantidades mucho mayores (diez millones cada año se pagaban en servicios exteriores).

Tenemos que estar preparados para que puedan encontrarse comportamientos de ese tipo.

Al margen de estar preparados ya para cualquier cosa, ¿por las investigaciones internas, intuyen que hubo desvío desde Arteria, que Cabrera y Quintanilla pudieron inflar los presupuestos de las obras de los teatros?

Yo no voy a hablar de nombres concretos. Por supuesto que hay dudas, si no, no estaríamos haciendo el proceso de saneamiento que estamos haciendo. Al haber coincidido el crecimiento de Arteria con la burbuja inmobiliaria, es posible que nos encontremos con comportamientos irregulares por parte de la gestión anterior, por Teddy Bautista.

Pero, sobre Cabrera y Quintanilla, ¿han detectado algo para anular su contrato con ellos de esa forma, sin haberse terminado espacios como Sevilla?

Digamos que eran personas que trabajaban en otro rumbo, que tenían el estilo de la antigua junta. Creían que había que seguir invirtiendo. La comisión decidió detener todas las órdenes que estaban en marcha y hacer una valoración exacta de cuál va a ser el destino de un proyecto como el de Sevilla, que es el más complicado.

Ahora toca vender, en el peor momento por el estallido de la burbuja del ladrillo, con una tremenda carga de deuda... Sus propios estudios internos dicen que es complicado.

Nosotros creemos que la función de los autores no es ser empresarios teatrales. A eso se debe el plan de desinversión de Arteria, que nos parece un proyecto que se ha hipertrofiado. Teatros en Buenos Aires, México, proyectos faraónicos de dudosa rentabilidad, con unas inversiones y unos gastos enormes... A la junta nos parece que hay que revisar esa política del presidente anterior.

Pero los créditos están ahí y, teniendo en cuenta que se compró a precios de burbuja, ¿puede ser que con la venta no se reúnan los 158 millones para devolver la deuda?

La situación de crisis dificulta la liquidación. De lo que se trata es de hacerlo paso a paso, sin que cunda el pánico para no malvender, que no haya una especie de histeria colectiva por la necesidad de liquidar todo. Un equipo económico ha propuesto un plan de desinversión pero seguimos haciendo análisis para ver cuál puede ser el precio o qué teatros son rentables. Lo ideal sería que una junta directiva más representativa fuera la que hiciera todo ese proceso, por eso vamos a intentar dejar todos los estudios hechos para la que salga de las urnas el 16 de enero.

El equipo anterior, con Teddy a la cabeza, avaló con la recaudación de los autores 86 millones de los créditos para comprar teatros. ¿No es un riesgo?

De ahí que haya salido el debate en la junta actual de no volver a hacer inversiones arriesgadas. Que lo que se pida prestado no sea avalado por el patrimonio de los socios, por los derechos de autor. Eso se ha acabado.

¿Y los teatros sin acabar?

Si ahora, para hacer la desinversión, es necesario pedir préstamos puntuales, habrá que hacerlo. Serán créditos pequeños, para poder terminar las obras. Algo sensato, con los pies en el suelo. Por ejemplo, Sevilla está clarísimo que es un proyecto faraónico de dudosa rentabilidad (se han invertido 52 millones y no está terminado). Hay que buscar una solución.

¿Cuánto más hace falta para acabar los teatros?

Unos 16 millones de euros.

Según el acta de la asamblea de la SGAE del pasado mayo, varios socios insisten en pedir información sobre los créditos y da la sensación de que se había ocultado que se estaba poniendo como garantía la recaudación, ¿no cree?

Yo entré en la SGAE el 1 de julio pero me da la sensación de que, como era un esquema muy personalista, muy jerárquico, opaco, los que preguntaban en la asamblea quedaban en minoría. Ganaba el resto, que apostaba por un esquema de confianza total en el jefe.

Pero, ¿quién aprobaba los préstamos y los avales?

Los préstamos se votaban en la junta directiva y, como eran dos votos contra 48, se aprobaba. Si hubiéramos estado los nuevos, habría sido diferente. Y entre los que estaban habrá casos de todo tipo. De ignorancia, de dejadez, incluso de clarísima mala fe que, sabiendo que se estaba avalando con dinero de los autores, actuaban como si fuera dinero público.

Pero la pregunta es, ¿está en riesgo la recaudación de derechos por los créditos?

Es un riesgo muy improbable, porque la solvencia de la SGAE actúa como factor de solidez, pero existe. Podría darse en el peor de los escenarios.

Fundación Autor, a la que se cargó con la deuda de los teatros, tiene que afrontar pagos de 15 millones al año. ¿Se ha fijado un plazo para vender los teatros y liberarla?

Probablemente el proceso durará tres años, hasta 2014.

¿Hay prioridades?

La prioridad la dará la rentabilidad. Los que no sean rentables o supongan inversiones enormes o de riesgo irán primero. México, Buenos Aires pueden tener buenas ventas. El caso de Sevilla hay que darle de comer aparte. Hay que examinarlo porque es un proyecto muy exagerado sobre el que además pesan denuncias por desvío de dinero.

¿Creen que se han producido esos desvíos que denuncia el que fue arquitecto del proyecto y de otros muchos de la SGAE, Santiago Fajardo?

La nueva junta tiene que esperar que se pronuncie la Justicia. Probablemente nos podemos encontrar un panorama en el que ninguna de las partes haya hecho bien las cosas.

¿No cree que gente como Caco Senante, Víctor Manuel, Teo Cardalda o Inma Serrano se han empeñado demasiado en defender a Teddy?

Ha habido resistencias, como en todos los casos de transición o reordenación, de gente que claramente estaba alineada con los antiguos equipos de gobierno. Curiosamente, la resistencia ha sido minoritaria y también había resistencias que eran esperables.

Ya que están revisando todo, ¿cambiarán la postura que ha mantenido la SGAE con el canon?

La SGAE ha hecho cosas extrañas como crear redes de teatros con lo que recaudaba. Ahora hay que pasar a herramientas muy profesionalizadas para recoger y repartir. Nos vamos a sentar a hablar a nivel europeo para llevarlo a la sensatez. A muchos autores toda la polémica del canon nos parecía banal. Nos parecía que éramos la mortadela en un tremendo bocadillo. Ahora bien, cada vez que oyes una canción mía, ¿no te da placer? ¿No pagarías, no sé, 0,03 euros por ese placer? Pago por endorfinas. Eso la gente lo entiende bien. Se puede llegar a un punto absolutamente razonable, estudiar el panorama de las nuevas tecnologías.

En el nuevo panorama tecnológico, ¿hace falta la SGAE? ¿Son necesarios los intermediarios?

Sí, sí, sí. Evidentemente. Las entidades de recaudación hacen falta. La tecnología va a tardar mucho en permitir que no sean necesarias. Si estuviera lo suficientemente normativizada, controlada. Pero en el punto actual supondría una invasión de la intimidad.