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Con los pueblos de Delibes escritos en la cara

Crónica del viaje a Castilla del escritor con el fotógrafo Masats

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Hace 50 años Miguel Delibes enseñó los campos y los cuerpos de Castilla la Vieja al fotógrafo Ramón Masats, que acababa de publicar un magnífico reportaje sobre los Sanfermines dos años antes. El autor de El disputado voto del señor Cayo escribió tras el viaje un relato dividido en 17 capítulos, que fue acompañado por casi una treintena de imágenes tomadas por el joven fotógrafo. Delibes, 11 años mayor que Masats, correspondía de esta manera a una invitación de los hermanos Tusquets, que acababan de inventarse la colección Palabra e imagen, para la editorial Lumen, en la que cruzaban la visión de un escritor y un fotógrafo sobre el mismo asunto.

Aquel día de 1961, por los caminos que unían las pequeñas aldeas de la meseta castellana, subidos en el coche del escritor, no vieron las mismas cosas. En la historia de 'Isidoro', el protagonista, Delibes da vida al abandono del mundo rural por el mundo urbano. Un muchacho con 'el pueblo escrito en la cara' y los pensamientos grabados por el campo, que una vez regresa a la aldea, ajusta cuentas: 'Ser de pueblo era un don de Dios y que ser de ciudad era como ser un inclusero'. El escritor carga contra el progreso, las perspectivas de futuro, y los 'bloques de cemento y las montañas de piedra' que cambian cada día. Delibes mira con melancolía y orgullo chopos, nidos de cigüeña, riachuelos y sotos, porque 'no cambian nunca'.

Delibes ajustó cuentas con el progreso de la ciudad en este relato

'Me resultó curioso descubrir en el libro la Castilla nostálgica y brillante de Delibes, frente a la oscura y negra de Masats', recuerda Esther Tusquets. La editora explica cómo su hermano Óscar se encargaba de los encargos de imagen y ella de los de la palabra. Tampoco olvida que en España fue muy difícil dar eco a la colección porque 'aquí no la entendía nadie'. En algo habremos cambiado cuando La Fábrica editorial ha decidido recuperar aquellos ejercicios de disciplinas cruzadas (ya han publicado Los cachorros, de Mario Vargas Llosa y Xavier Miserachs). 'Fue una colección única en la historia de la fotografía española', explica Alberto Anaut, director de La Fábrica, que ha encargado a Esther Tusquets que vuelva a dirigir la colección, con nuevos títulos (entre los que ya está atado Gustavo Martín Garzo).

Después de aquel día juntos por los caminos del noreste de Castilla, Masats se enfrentó solo a aquella 'gente bastante reservada'. El fotógrafo le puso imagen a las palabras de don Miguel, serpenteando campos y campesinos en su 600. En el camino se encontró con una de las imágenes que se han covertido en un icono de su producción documental: esos pastores envueltos en sus mantas. 'Hacía calor y estaban de sobremesa, hablando, con las mantas en el suelo. Posaron encantados, cubiertos con las mantas', recuerda Ramón Masats (Caldes de Montbuí , 1931).

El fotógrafo buscó las fotos por los campos de Castilla subido en su 600

'Yo quería encontrar la idea básica del texto y hallé una tristeza enredada', cuenta. Hoy, muchos años más tarde, concluye el fotógrafo que es 'más de pueblos que de ciudades', porque está más tranquilo entre la gente del pueblo. 'Hay menos mezquindad. Son gente más honesta'. A pesar de ello, dice que nunca ha tenido la curiosidad de conocer a la gente que retrata y que la cualidad que más valora en un fotógrafo es la discreción.

Con el pudor por delante entró en su viaje por tierra de castilla hasta el fondo en una iglesia durante el oficio, en las cocinas, acompañó a los jornaleros y grabó el campo sin Arcadia. Masats, el fotógrafo 'sin memoria', como repite cada vez que busca una imagen en sus recuerdos, nunca hizo fotos para desenterrar.