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El punk que reanimó la pintura

El Reina Sofía revisa la intensa carrera del pintor holandés René Daniëls, que en diez años revolucionó la escena

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La carrera del pintor holandés René Daniëls fue tan agitada como el Pretty Vacant de los Sex Pistols. En 11 años subió el volumen del tocadiscos y le gritó al lienzo de todo. Tenía 26 años, había terminado sus estudios en la Academia de Arte, el punk lo movía todo y él se desfogaba con energía, 'porque la emotividad con brocha y pintura estaba entonces muy de moda'.

Y, sin embargo, su pintura era especial: contra toda aquella agresividad, Daniëls levantó un castillo poético. Exploraba la pintura como una postura radicalmente personal, entendida como una fiesta inesperada e inspirada en cuestiones tan cotidianas como la música, la literatura y, desde luego, mucho cómic. Cien por cien lenguaje popular, pura rebeldía contenida.

Su obra se vio interrumpida a los 37 años por un derrame cerebral

Once años y todo finalizaría. A los 37 años, ya erigido en uno de los más notables artistas del momento, sufre un derrame cerebral que le impide trabajar en los siguientes 20 años. Ahora suena Perfect Day, de Lou Red. Como la pintura había muerto, sólo podía revivir con la asistencia de la interferencia de otras disciplinas, con la reinterpretación de la tradición.

En el Palacio de Velázquez del madrileño parque del Retiro, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y el Van Abbemuseum de Eindhoven han organizado, en palabras del director de esta última institución, 'la mejor exposición que jamás se ha hecho sobre Daniëls'. Hasta el próximo 26 de marzo, se podrá visitar la vuelta a la pintura de la gestualidad y del color, puesta en escena por un artista que cayó en el olvido tras su fatídico accidente, pero que llegó a tocar a los mismos protagonistas neofigurativos de la Movida madrileña, como Juan Uslé o El Hortelano.

'El elemento fundamental en su pintura es siempre la alegoría', asegura Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, que desvela en la obra de Daniëls y que él mismo reconoce a referentes como Magritte y Duchamp. De este último, ha hablado sobre su principal logro: 'Se basa en la expansión de los posibles modos de hacer arte. De usar todo lo que la vida nos ofrece. De usar lo que antes era tierra de nadie entre la literatura, el arte visual y la vida'.

Contra toda la agresividad de la época, Daniëls levantó un castillo poético

Daniëls demostró que su lugar está en esa 'tierra de nadie'. En este momento, podría entrar el tema Road-runner, de Jonathan Richman and The Modern Lovers. Pero lo único que le falta al impresionante montaje en el Palacio de Velázquez del Retiro es la música. A esta tierra es a donde quiere volver el pintor holandés, que ha tenido que aprender a trabajar con la mano izquierda, y que desde 2006 retomó su labor. De hecho, una de las salas incluye un mural inacabado, en el que ha mezclado el aerosol y rotuladores, hecho especialmente para la exposición.

Al margen de este apunte voluntarioso, la retrospectiva está compuesta, junto con una amplia selección de su obra sobre lienzo, de dibujos, cuadernos de apuntes y notas que se encontraron en el estudio en 1987. Su estilo rudo ha evolucionado en esta segunda oportunidad de su vida artística a un ejercicio de automatismo, en el que el pensamiento queda anulado.

Sin embargo, el trabajo por el que se le reconoce es completamente dirigido por sus referencias literarias (junto a las musicales y artísticas). Daniëls reanimaba la pintura al completarla con interferencias. El pintor se rebelaba de esta manera contra el limitado sistema de clasificación de la historia del arte. En una entrevista concedida en 1983, dejaba ver su espíritu punk en este asunto: 'Una evidencia de que hoy algunas cosas no funcionan es que los historiadores del arte lo determinan todo y todo se adapta a su criterio. En otra época, también muchos artistas pensaban'.