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"Quería desafiarme física y emocionalmente"

Natalie Portman. Protagonista de 'BlackSwan'

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Es muy posible que Natalie Portman (1981) se lleve el premio a la mejor actriz en la Mostra por su interpretación de una bailarina al borde de un ataque de nervios en Black Swan (Cisne negro), nuevo filme de Darren Aronofsky. Pero si no lo gana da absolutamente igual: quizás nadie puede evitar ya que este papel la convierta en la actriz dominante de su generación. La niña de 12 años que conocimos en Leon (Luc Besson, 1994) se ha transformado en una bestia parda de la interpretación. Y eso que en la vida real parece tan frágil, tímida y pequeña como sugería su presencia en la gran pantalla.

¿Es el papel más duro de su carrera?

Diría que se trata del trabajo físico más exigente que he hecho nunca. Comencé a entrenarme un año antes de empezar a rodar. Y continué dando clases de ballet durante el rodaje, que podía durar unas 15 o 16 horas al día. Así que te puedes imaginar el tipo de embolado en el que me he metido. Ten en cuenta que se trata de una película de presupuesto reducido, de un tipo de rodaje vertiginoso en el que teníamos que hacer muchas cosas cada día. Todo fue muy extremo.

¿Aún se está recuperando de las heridas?

'Aún me estoy recuperando de un rodaje que ha sido extremo'

De las heridas no, pero sí de la intensidad del rodaje.

¿Había practicado antes ballet?

Tenía una base porque fui a clases hasta los 13 años. Pero empezar otra vez a los 28 años, tras 15 sin dar un paso, y a una edad en la que una es ya una especie de anciana para practicar ballet, fue complicado.

¿Y por qué lo dejó?

Porque empecé a tomarme más en serio la actuación. Y soy un poco de todo o nada. Como ya no podía seguir dando clases de ballet tres horas al día, sino simplemente hacerlo de cuando en cuando, lo dejé. No me motivaba mucho ir a clase sin poder aspirar a implicarme en los proyectos más fuertes y excitantes.

Black Swan' es precisamente una de esas empresas arriesgadas. ¿Dudó mucho antes de aceptar el papel?

'Con ningún otro director tengo la telepatía que tengo con Aronofsky'

Todo lo que me asustaba del proyecto era, al mismo tiempo, lo que me atraía de él. Era una gran oportunidad de poder desafiarme a mí misma desde el punto de vista físico y emocional.

¿Qué tipo de director es Aranofsky? ¿Es diferente a los demás?

En cierto modo sí que lo es, porque con ningún otro tengo la telepatía que parezco tener con él. Estamos en la misma onda. Los dos somos muy extremos. Tenemos un gran poder de concentración y mucha disciplina. Puede estar trabajando a las cinco de la mañana sin perder un ápice de su intensidad y amabilidad. Confío mucho en él y en su criterio.

Su madre en el filme está obsesionada con el ballet y con la carrera de su hija...

Si la pregunta es si me gustaría que una hija mía fuera bailarina, la respuesta es que no (risas). Es muy duro, aunque hay algo extremadamente bello en el ballet: su falta de superficialidad, ese esfuerzo en no hacer algo por dinero, sino por el puro placer de crear arte.