Publicado: 23.07.2014 11:50 |Actualizado: 23.07.2014 11:50

Quevedo regresa al Teatro Nuevo Apolo para denunciar a los corruptos

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El Teatro Nuevo Apolo de Madrid contará desde el 26 de julio con el montaje teatral La escuela de los vicios, un "concentrado" basado en las sátiras y discursos políticos de Quevedo que ya en su momento causaron diversas polémicas y que puede que vuelvan a hacerlo teniendo en cuenta el subtítulo de la obra: o de cómo los golfos gobiernan el mundo. 

Como explica la compañía, Morfeo Teatro, la obra presenta a un extravagante diablo esperando a dos necios a los que espera cautivar con su "escuela de los vicios", la única en que los alumnos cobran por aprender. Las titulaciones de tan peculiar escuela son: bachiller en mentir, licenciado en engañar, doctor en robar y catedrático en medrar. Los dos necios, tras una inicial reticencia al ver que es el diablo quien imparte las clases, se meten de lleno en el aprendizaje por el generoso acuerdo propuesto, consiguiendo excelentes resultados, y mucho más allá de sus expectativas, al ser nombrados ministro y magistrado, respectivamente, aunque el diablo tiene una última y sorprendente enseñanza. El texto clásico se convierte así en atemporal cuando conecta con nuestros días, y respecto al Quevedo más ácido, el gran crítico implacable de su tiempo, el que decía cosas como: "No hubo ministro que se hizo malo, antes el malo porque lo era, se hizo ministro, casi en algo necesario el rescatarlo a nuestros oídos".

El montaje ha estado de gira por diversos festivales como el de Siglo de Oro de El Paso (USA), el de Teatro Español de Cleveland (USA), el de Teatro Clásico de Ciudad Juárez (México) y la Feria de Teatro San Sebastián; próximamente se va a presentar en el de Alcántara y el de Niebla; para volver, después de la temporada en Madrid y gira nacional, a hacer parada en USA, en ciudades como Chicago y Nueva York.

En su web hay una advertencia que reza lo siguiente: "Este espectáculo, como buena farsa, es políticamente incorrecto, tiene una alta dosis de inquina, es hiriente, cáustico y por ende provoca risa inteligente (mérito en su mayor parte del autor), por lo que puede desaconsejarse su ingesta a públicos con mentalidad ultraconservadora, o que vayan al teatro sólo a pasar un buen rato y no pensar...".