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"Quiero que me vean más de cuatro gatos"

Pedro Aguilera arriesga en su segunda película tras asombrar en Cannes con su debut

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No hay palabra en el planeta cine que vista mejor de sofisticación e intelectualidad a un director que 'Cannes'. En 2007, con apenas 30 años, el donostiarra Pedro Aguilera cosechó en la Quincena de Realizadores del festival entre festivales críticas elogiosas y aplausos con su debut en el largometraje: La influencia, una cinta sobre la soledad y la alienación rodada con actores no profesionales. Sólo con ese aval, Aguilera podría sacar pecho como la última promesa del cine español independiente o cualquier otro cliché al uso. Pero no. Ya con su segunda película bajo al brazo, al director aún le puede una especie de prudencia que es más escéptica que modesta.

'Mi primera película no la vio ni Krasty, seamos claros. Pero como fue a Cannes y la crítica la puso de puta madre, pues ya está. Todo el mundo empezó a decir 'este tío es guay'. Pues ya está, soy guay', afirma con gesto resignado. Aguilera, que trabaja también en publicidad, quiere 'vivir del cine, aunque el cine no lo es todo'. 'No soy el típico flipado del cine. Hay más cosas', dice. Afirma que cada vez piensa 'más en el espectador' y es 'menos egocéntrico', porque quiere que sus películas 'las vean más de cuatro gatos'.

No obstante, de su segunda película él mismo admite que es 'rarita'. Naufragio, proyectada ayer en la sección oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla, narra las peripecias de un subsahariano en una España rural descrita en buena medida con los tópicos de la España profunda: varones grotescos, machistas, simples, y aquí para colmo aficionados al fútbol, los toros y la caza. Dicho así, suena a cine social. En absoluto.

Afirma que cada vez piensa 'más en el espectador' y es 'menos egocéntrico'Naufragio es una arriesgada cinta simbolista, de imágenes potentes que no desprenden siempre significados literales, alejada de la narrativa convencional. Es todo lo que no entendemos por cine comercial. Aguilera tampoco traza con ella una continuidad clara con La influencia. 'Tras mi primera película, que era mucho más cerrada y accesible, he querido negarme a mí mismo', explica.

'En el rodaje, la mitad del equipo no entendía nada, pero confiaban en mí. Es una película existencial, no social. Va al subconsciente, al neanderthal que llevamos dentro', cuenta. El protagonista, Robinson la película es una deconstrucción de la obra cumbre de Daniel Defoe, es un inmigrante conectado espiritualmente con sus ancestros. Y es ahí, y no en la esfera social, donde Aguilera pone el acento. 'Muchos inmigrantes llegan de culturas animistas y basadas en la magia. La visión paternalista los considera a todos iguales, pero no lo son. Creo que España ha perdido ese contacto con la mística', afirma.