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Rafael Sanz Lobato, Premio Nacional de Fotografía 2011

Sus trabajos se han centrado en escenas costumbristas del campo, en ciudades de provincia y tradiciones festivas

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La fotografía humanista está de enhorabuena: Rafael Sanz Lobato (Sevilla, 1932) es reconocido con el Premio Nacional de Fotografía.

'Su obra constituye un puente entre la nueva vanguardia neorrealista de la posguerra y los métodos de observación fotográfica posteriores a 1968. Su tema es la transformación del mundo rural tradicional y las culturas populares, que enlaza con el problema del neorrealismo, pero en una época en que su trabajo se despliega como la memoria de un mundo que desaparece', ha sentenciado el jurado del galardón, que premia de esta manera a uno de los fotógrafos con más trascendencia en las generaciones posteriores de reporteros, como la reconocida Cristina García Rodero.

Sin embargo, Lobato tiene un tratamiento de la imagen en blanco y negro más contrastado y atrevido. Declarado amante del hecho que fotografiaba, viajó por la España del abrigo gris y el pan aguado, por sus fiestas y costumbres, sin caer en la cara folclórica de la postal bonita.

'He sido un fotógrafo marginado por motivos políticos. No he militado nunca ni con los comunistas ni con los socialistas, pero mi familia ha sido republicana. Mi visión de la sociedad ha tenido que ver con mi punto de vista humanista, pero los fotógrafos hablamos con nuestras fotos', cierra el galardonado para evitar hablar de sus resultados con la cámara.

No habla bien de los políticos, ni de los que gestionan la cultura. Dice que la ciudad no le atraía en absoluto, que viajaba al campo porque le interesaba más. Pero antes tuvo que superar su timidez. 'Parece ser que he sido pionero en esto de la fotografía de tintes antropológicos. Pero al principio no me atrevía a hacer fotos en la calle. Eso cambió cuando me acerqué a la Real Sociedad Fotográfica'.

Siempre militante, siempre muy crítico con la dictadura, es el mejor exponente de una generación perdida. Las nuevas corrientes vanguardistas de un país que entraba en democracia con ganas de olvidar y con hambre de color acabaron con el discurso neorrealista que Sanz Lobato defendía.

'Es una generación puente entre los cincuenta y los setenta, a la que no se ha hecho caso, ni estudiado, ni tienen exposiciones, ni visibilidad. Este es el primer premio que se da a esta generación, que quedó entre los Maspons, Cualladó y Miserachs, y el neopop', explicaba el historiador Jorge Ribalta, que ha formado parte del jurado.

'Es parte de una generación a la que no se ha hecho caso', afirma Jorge Ribalta

Para el fotógrafo Juan Manuel Castro Prieto, Lobato es un reportero de 'muy buen corte', que también lució su cuidado técnico en bodegones y retratos al final de su carrera. 'Es un fotógrafo terriblemente técnico, muy meticuloso. Pero además es un fotógrafo de contenido muy humano. Injustamente olvidado, por eso este premio está tan bien dado. Su registro es más reportero y efectista', explica Castro Prieto, que alude al abandono que sufren los autores que formaron parte de la conocida Escuela de Madrid.

Rafael Sanz Lobato se colocó en el lado del testigo de un mundo que desaparece y en ello se erigió como uno de los últimos fotógrafos con ojos de antropólogo, que se entregó al tono documental del que hoy todavía se respiran aromas en el fotoperiodismo con más alma. Lobato lee todo lo que su vista le permite y, de hecho, los que le conocen aseguran que está más en los libros que en la cámara.