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Regresa la paz al FIB, pero Dan Treacy declara su guerra

El FIB vuelve a la normalidad tras el susto del viernes por la noche

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El FIB volvió el sábado a la normalidad tras el susto del viernes noche, cuando las actuaciones se tuvieron que suspender a causa de un fortísimo vendaval, con rachas de viento que alcanzaron los 75 kilómetros por hora. La música se paró poco después de medianoche y los 45.000 asistentes abandonaron el recinto con orden. La marabunta se dividió entre el camping y el centro de Benicàssim, donde el Ayuntamiento permitió a los bares abrir toda la noche.

La organización intentó trasladar el concierto de Kings of Leon, el más esperado del viernes, a la jornada del sábado, pero finalmente fue imposible porque el grupo toca hoy en un festival de Suiza. Quienes sí pudieron aplazar su concierto fueron el grupo Maximo Park que estaban tocando al cierre de esta edición y Los Planetas, que tocan hoy a las once y media de la noche.

La paz volvió al FIB, pero a media tarde Dan Treacy y sus TV Personalities declararon su particular guerra. Treacy es el único miembro estable del grupo, un personaje abonado al delirio que ha ido sacando discos desde finales de los setenta, mientras luchaba con una enfermedad mental, alcoholismo, adicción a las drogas e incluso la cárcel, donde estuvo encerrado hace cuatro años. Es posible que el gorro que lucía, con 40 grados en el exterior, lo heredara de su etapa de vagabundo.

El concierto fue un maravilloso caos, un crucero zozobrando en mitad de la tormenta con un timonel enajenado. ¿Adivinan quién era el timonel? Acompañado por tres músicos que sostenían aquello como buenamente podían, a Treacy le pusieron encima una guitarra eléctrica y, cuando se acordaba, tocaba algún acorde, aunque principalmente se dedicó a lanzar besitos a las chicas de las primeras filas y a sonreír cándidamente a los chicos con su cara de actriz de Hollywood septuagenaria.

Treacy, subido a su carrusel esquizofrénico, no dudo en parar el concierto y acercarse a los técnicos del escenario sólo porque necesitaba una cerveza. Cuando consiguió su objetivo, levantó las dos latas de Heineken en alto y la ovación fue monumental. Parecía Pujol levantando la Copa de Europa. No contento con el sonido de su guitarra, decidió desafinarla y, fiel a su espíritu experimental, intentó lidiar con una de sus canciones enérgicos trallazos de pop sucio hasta que alguien, acertadamente, le acercó otra guitarra.

Lo mejor de todo es que funcionaba. Cuando lograba encerrar sus devaneos mentales en una canción de dos minutos, golpeaba con la efectividad de una píldora pop. Terminó improvisando una loca versión de Born to run, de Bruce Springsteen, e incluso balbuceó versos de Human, de los Killers, mientras el público se rendía al genio sin cálculo de este héroe de la imprevisibilidad. Esto era el punk, en serio.

Russian Red sigue su particular camino hacia la gloria, que en el FIB, anoche, alcanzó una de sus cotas más altas. Como un canario iba vestida de amarillo recién escapado de la jaula, Lourdes Hernández ejecutó sus conocidas piruetas vocales, del suelo al cielo y vuelta a bajar, trinándole a la luna que asomaba en el horizonte. Quizás le sobró un poco de reverb a la voz, porque a veces uno se olvida que hay cuatro tíos más en el escenario. Un festival no es, además, el mejor lugar para el despliegue de sus tiernas baladas. Pero la sencillez desacomplejada de sus canciones sigue haciendo tilín.