Publicado: 31.05.2015 08:39 |Actualizado: 31.05.2015 08:39

Reír contra el fascismo

Una exposición y un libro recuerdan en Moscú el papel de los caricaturistas soviéticos en la Segunda Guerra Mundial

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Una de las caricaturas publicadas por 'Krokodil': campaña de cosecha en Ucrania, 1943

Una de las caricaturas publicadas por 'Krokodil': campaña de cosecha en Ucrania, 1943

MOSCÚ.- De la cultura soviética se acostumbra a tener en Occidente una imagen muy concreta: propagandística, estereotipada, heroica, solemne. En una imagen así no cabe el sentido del humor. Pero lo cierto es que la cultura en la Unión Soviética fue mucho más diversa de lo que se acostumbra a creer e incluía, desde luego, la comedia en todos sus géneros. Ni siquiera la Segunda Guerra Mundial pudo poner fin a ella. La reciente exposición La victoria en los dibujos y caricaturas de la revista Krokodil en la galería FotoLoft de Moscú, en el centro de arte contemporáneo Winzavod, contribuye a matizar precisamente esa imagen.

La muestra, celebrada con motivo del 70 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, recoge 50 ilustraciones de la revista satírica Krokodil durante el conflicto ─que en Rusia y el espacio post-soviético se conoce como Gran Guerra Patria (1941-1945)─, dividida en cinco temas: "Mensajes del frente", "La verdad del soldado", "¡Muerte al fascista!", "Hitler, simplemente", "Krokodil en la guerra" y "Nuestra victoria", que recoge las ilustraciones del fin de la guerra hasta entrados los cincuenta, en las que comienzan a perfilarse los contornos de la guerra fría.

Cartel de la exposición sobre las caricaturas soviéticas.

Además de la exposición, la galería ha publicado un excelente catálogo de 160 páginas con las ilustraciones de dibujantes y caricaturistas como Borís Efimov, Leonid Brodati, Konstantin Eliseev, Mijaíl Cheremnij, Leonid Guench y el legendario trío Krukriniksi (Mijaíl Kupriyanov, Porfiri Krilov y Nikolai Sokolov), entre otros.

'Krokodil' en guerra

La revista satírica Krokodil se fundó en 1922, aparecía tres veces al mes y llegó a tener una tirada de 6,5 millones de ejemplares. Los burócratas, los amigos de la botella y los alérgicos al trabajo se encontraban entre los blancos predilectos de los dibujantes, siempre dentro de los límites del marco permitido por el Estado.



Así, en los treinta, por ejemplo, la revista se sumó a la campaña de difamación antitrotskista. Tras la guerra, y con el deshielo, Krokodil amplió sus temas a la lucha anticolonial en el Tercer Mundo, la crítica a la OTAN o el rearme de Alemania occidental. Krokodil sobrevivió incluso a la Unión Soviética, pero su popularidad decayó y dejó de publicarse finalmente en el año 2000 por problemas financieros. Novy Krokodil, el intento por resucitar la revista un año después, no consiguió el éxito de su precedente, y en 2008 hubo de echar definitivamente la persiana.

La revista satírica 'Krokodil' se fundó en 1922, aparecía tres veces al mes y llegó a tener una tirada de 6,5 millones de ejemplares

En 1941, los caricaturistas, como el resto del pueblo soviético, se movilizaron contra la invasión alemana. Su misión era doble: por una parte, aliviar la dura vida del soldado en el frente con algo de humor, y por la otra, contribuir a los esfuerzos de la propaganda para levantar la moral de los soldados, ridiculizando al enemigo y haciéndolo menos temible. Conseguir este fin trabajando en condiciones precarias ─escasez de materiales y de calidad de los mismos─ no era fácil.

El tema era, y sigue siendo, lo suficientemente grave como para abordarse con humor so pena de banalizar auténticos crímenes de guerra y contra la humanidad. La guerra, como recuerda en el catálogo Olga Kosorez ─radiotelegrafista e intérprete del Ejército Rojo durante el conflicto─, significa "la muerte de personas. No hay sin duda nada peor que la guerra. La guerra siempre es terrible y quien diga que no lo es, habla a la ligera".

Portada de Krokodil de 1942.

Y con todo, más de setenta años después, aunque algunas de estas caricaturas de los nazis puedan parecernos pueriles ─con su genérico 'Fritz'─, otras, en cambio, siguen esbozando la sonrisa en el espectador. El artista Mijaíl Pereyaslavets recuerda en su contribución al catálogo de la exposición que a diferencia de la fotografía, la ilustración ─y la caricatura, convendría añadir, más todavía─ permite a su autor comunicar un mensaje más eficazmente, sirviéndose de representaciones icónicas y con un grado de abstracción que la fotografía no puede alcanzar.

Sea como fuere, si algo atestigua "la victoria en los dibujos y caricaturas de la revista Krokodil" es el elevado nivel técnico de la ilustración soviética de la época, comparable con el estadounidense y únicamente mermado por la ausencia de materiales adecuados.

Serguéi M. Eisenstein explica en un pasaje de sus memorias cómo, en un acto en París, un asistente se levantó y le preguntó: "¿Es cierto que los bolcheviques han prohibido la risa?". A lo que el director de El acorazado Potemkin respondió... con una carcajada. Ni siquiera el fascismo pudo borrar la risa de los bolcheviques.

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