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La resurrección del género epistolar

La Casa Encendida recopila las correspondencias filmadas entre directores de culto iniciada por Erice y Kiarostami

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Para Abbas Kiarostami de Víctor Erice. El intercambio de cartas filmadas entre Erice y Kiarostami, originado en 2005 a raíz de una exposición sobre ambos cineastas, dio lugar a un nuevo formato cinematográfico, las misivas con imágenes, al que se sumaron luego José Luis Guerin-Jonas Mekas, Albert Serra-Lisandro Alonso, Isaki Lacuesta-Naomi Kawase, Jaime Rosales-Wang Bing y Fernando Eimbcke-So Yong Kim. Hoy se inaugura en La Casa Encendida el ciclo Todas las cartas. Correspondencias fílmicas, que recopila el intercambio epistolar entre estos titanes del cine de autor internacional.

'Para un director de cine reconocido internacionalmente, una carta filmada es un compromiso. En cierta manera, es un retorno a los orígenes, a la fase artesanal de su aprendizaje. Una carta es, por definición, un ejercicio muy personal y no admite, por razones presupuestarias, la parafernalia de la producción profesional. En cierto sentido, el director se siente confrontado consigo mismo, sin ninguno de los colchones y protecciones que pone a su disposición el cine industrial', ha explicado Josep Ramoneda, director del CCCB. La institución cultural barcelonesa fue la promotora de un experimento cinematográfico que 'regresa a la dimensión más elemental y esencial del cine: una cámara en la mano, unas situaciones, unas imágenes, un montaje y alguien al otro lado con ganas de recibir noticias nuestras', cuenta Ramoneda en un libro incluido en la cuidadísima edición en DVD de las cartas, que Intermedio editará en octubre bajo el título Correspondencia(s).

Como cabría esperar dada la lista de autores que han participado en el proyecto, los estilos de las misivas son muy diferentes. Mientras las parejas Guerín/Mekas, Eimbcke/So Yong Kin y Lacuesta/Kawase siguen los pasos de Erice y Kiarostami y optan por el intercambio de cartas breves, Rosales y Wang Bing apuestan por los cortos cruzados y Serra y Alonso se echan al monte y presentan directamente un largo y un mediometraje. 'Se trata de una correspondencia, es decir, que existe un intercambio, que una carta mira y escucha la anterior. En el sentido profundo de esta iniciativa anida el gusto por el interlocutor, por encontrar un punto de confluencia construido desde la repetición, lo que significa también desde la diversidad', apunta Jordi Balló, comisario del ciclo.

Todas las cartas. Correspondencias fílmicas también puede verse como un diálogo entre el cine español más arriesgado (Guerin, Erice, Rosales, Serra, Lacuesta), ese que suele tener mucho recorrido en los festivales internacionales y poco en las salas de nuestro país, y algunos de los autores internacionales (llegados desde Irán, EEUU, Argentina, Japón y China) más innovadores del audiovisual contemporáneo. Aunque, como señala Balló en Correspondencias (s), este proyecto demuestra que ya no tiene sentido hablar de cine nacional, sino más bien de nuevas comunidades cinéfilas internacionales: 'Las cartas crean comunidad, porque cualquier correspondencia implica una geografía de afinidades. Esta cuestión es una de las claves del cine contemporáneo, donde es más necesario que nunca construir una forma de relación entre cineastas que ya no puede basarse únicamente en el componente nacional. El cine más arriesgado de hoy se afianza en la soledad del cineasta, lo cual exige crear otras formas de relación, basadas en el reconocimiento de que es en el cine de algunos otros donde se ensancha el territorio de la libertad. Las cartas manifiestan que las afinidades no se crean en la proximidad sino en la lejanía, y se sellan en la amistad forjada a través del propio cine'.