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La resurrección de la doctrina Bush

El escritor utilizó su alocución sobre la magia de la literatura para cargar contra sus demonios políticos

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Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi 70 años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio'. Con estas palabras sobre la magia de la literatura comenzó Mario Vargas Llosa su discurso de agradecimiento del premio Nobel. Su título tampoco parecía dejar lugar a muchas dudas sobre sus intenciones: Elogio de la lectura y la ficción. Sin embargo, el escritor peruano dedicó buena parte de su intervención a cargar contra sus demonios políticos. Y a realizar una defensa cerrada y acrítica de su ideología política. ¿Discurso de agradecimiento o ajuste de cuentas político? ¿Ensayo literario o panfleto?


Llosa recuperó la expresión 'armas de destrucción masiva'

Vargas Llosa sorprendió ayer al resucitar el fantasma de las armas de destrucción masiva, pero no lo hizo para criticar la intervención estadounidense en Irak, sino para resucitar la doctrina Bush años después de que fuera enterrada por las urnas. Para el novelista peruano, el gran problema de nuestra época no es otro que la proliferación de terroristas suicidas y armas de destrucción masiva. Un discurso que quizás hubiera pasado desapercibido en 2001, pero que hoy día llama mucho la atención. 'Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos aunque nunca llegaremos a alcanzarla a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad'.


'El nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia'

Llosa se detuvo también a analizar su evolución política. O cómo pasó del marxismo juvenil al liberalismo. La perversión de la Revolución cubana le hizo ver la luz. Y pensadores como Raymond Aron, Isaiah Berlin y Karl Popper le señalaron el camino a seguir. 'En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban en mi país, América Latina y el resto del Tercer Mundo. Mi decepción del estatismo y el colectivismo y mi tránsito hacia el demócrata y el liberal que soy que trato de ser fue largo, difícil, y se llevó a cabo despacio y a raíz de episodios como la conversión de la Revolución cubana, que me había entusiasmado al principio, al modelo autoritario y vertical de la Unión Soviética, el testimonio de los disidentes que conseguía escurrirse entre las alambradas del gulag, la invasión de Checoeslovaquia por los países del Pacto de Varsovia, y gracias a pensadores como Raymond Aron, Jean-François Revel, Isaiah Berlin y Karl Popper, a quienes debo mi revalorización de la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron un ejemplo de lucidez y gallardía cuando la intelligentsia de Occidente parecía, por frivolidad u oportunismo, haber sucumbido al hechizo del socialismo soviético, o, peor todavía, al aquelarre sanguinario de la revolución cultural china'.


'Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y Venezuela'

El escritor no dejó pasar la oportunidad para denigrar a una de las grandes bestias negras del conservadurismo contemporáneo: el chavismo. Llosa lo tiene claro: Venezuela es una dictadura, aunque no se detuvo a explicar por qué los venezolanos han refrendado a Chávez en las urnas en numerosas ocasiones. 'De entonces a esta época, no sin tropiezos y resbalones, América Latina ha ido progresando, aunque, como decía el verso de César Vallejo, todavía 'Hay, hermanos, muchísimo que hacer'. Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas pseudodemocracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua. Pero en el resto del continente, mal que mal, la democracia está funcionando, apoyada en amplios consensos populares, y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica, respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder. Ese es el buen camino y, si persevera en él, combate la insidiosa corrupción y sigue integrándose al mundo, América Latina dejará por fin de ser el continente del futuro y pasará a serlo del presente'.


'El nacionalismo es una plaga incurable también en España'

El novelista peruano también tuvo tiempo para elogiar la Transición española. Un fenómeno exitoso amenazado, eso sí, por los nacionalismos periféricos. 'La Transición española del autoritarismo a la libertad, del subdesarrollo a la prosperidad, de una sociedad de contrastes económicos y desigualdades tercermundistas a un país de clases medias, su integración a Europa y su adopción en pocos años de una cultura democrática, ha admirado al mundo entero y disparado la modernización de España. Ha sido para mí una experiencia emocionante y aleccionadora vivirla de muy cerca y a ratos desde dentro. Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también de España, no estropeen esta historia feliz'.


'El patriotismo es un sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra'

El nacionalismo es para Mario Vargas Llosa el responsable de casi todos los males del mundo, aunque no se debe confundir con el patriotismo 'sano y generoso' de amor a una tierra. 'Detesto toda forma de nacionalismo, ideología o, más bien, religión provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con la religión, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente. Nada ha contribuido tanto como el nacionalismo a que América Latina se haya balcanizado, ensangrentado en insensatas contiendas y litigios y derrochado astronómicos recursos en comprar armas en vez de construir escuelas, bibliotecas y hospitales. No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del 'otro', siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver'.