Publicado: 31.08.2014 00:01 |Actualizado: 31.08.2014 00:01

"Las revoluciones se producen cuando nadie las espera"

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Aquel febrero de 1917, mientras un invierno crudo asolaba Europa, exiliado en Suiza, Lenin ofrecía una conferencia para un grupo de estudiantes, súbitamente uno de ellos solicitó la palabra, se incorporó de su asiento y preguntó: "¿Es posible que haya una revolución?" Lenin, "todo un genio de la perspectiva política", no tardó nada en contestar que en caso de que se produjese una revolución ellos ya no la verían, pero aunque sería un proceso largo, probablemente sus hijos sí. Sin embargo una semana después, concretamente el día 23 de ese febrero congelado, Lenin tuvo que partir rumbo a Petrogrado: la revolución había estallado.

Más allá del factor sorpresa de la revolución rusa, para Xavier Domènech es interesante destacar que una revolución es una enorme explosión de fuerzas que lo transforman todo y lo cierto es que "no se dan mucho en la historia, tiene que haber una crisis de legitimidad del sistema, de sus aparatos coercitivos y una descomposición interna del Estado, la revoluciones europeas como la rusa de 1917, la portuguesa de los claveles en 1974, se dieron, además, en medio de contextos bélicos. En el caso de la guerra civil española fueron procesos revolucionarios más que revolución pero el Ejército tras el golpe, disolvió el Estado y la población se armó.

Ahora bien, si hablamos de lo que actualmente acontece en Europa, este historiador tiene claro que "hay mucha gente que cree como mínimo que algo radicalmente se va a transformar, no sé si tendrá una forma de revolución política clásica, pero en el libro señalo que sin esa pulsión, sin creer en esa posibilidad será difícil pensar el mundo de una forma radicalmente distinta"; pues de lo contrario puede que el mundo se quede sin alternativas, pero en vista de la sucesión de acontecimientos a lo largo de la historia sin duda..."las revoluciones se producen cuando nadie las espera".

Mucho antes de que surgieran los sindicatos y partidos políticos, en enero de 1792, cuando en Inglaterra la democracia brillaba por su ausencia, Thomas Hardy, zapatero de origen escocés y considerado precursor del movimiento obrero británico, conformó la London Corresponding Society. "Se trataba de un fenómeno de comunicación espontáneo que marcó el inicio de la movilización política popular", señala Domènech. A través de envíos de cartas en seis meses lograron sumar 6.000 integrantes y dos años más tarde, con el afán de desafiar el orden establecido ocuparon el centro de Londres.

"Las revoluciones no se dan mucho en la historia, tiene que haber una crisis de legitimidad del sistema"

Para Domènech este tipo de circunstancias repetidas a lo largo de la historia tienen lugar "cada vez que fallan los referentes políticos tradicionales", señala y nos recuerda que "cuando Europa fue ocupada por el nazifascismo la idea del progreso había fracasado: ya no había referentes políticos, sociales o culturales a los cuales apelar". En medio de ese contexto el primer acto de resistencia de la gente fue también comenzar a escribirse entre ellos, se fundaron diarios, revistas, "todo eso finalmente acabó en grandes ejércitos de resistencia y con millones de personas armadas en toda Europa, pero también acabó con la vida de millones de personas. Todo a partir de un acto de comunicación", analiza.

Que más eficaz sea la comunicación no quiere decir que se obtengan mejores resultados. En las últimas elecciones europeas la irrupción de Podemos y el partido X dejó claro que, al margen de las diferencias programáticas, el partido X puso un mayor acento en las redes sociales como espacio predominante de acción política. "El partido X se organizó básicamente como fenómeno de redes, sin embargo los resultados no fueron los esperados", recuerda el historiador. Y es que en los últimos tiempos los movimientos políticos que han pretendido construirse solo en Twitter no han funcionado.

El Movimento 5 Stelle de Italia es otro ejemplo, pues aun cuando muchas veces se analizó como un fenómeno original "producido por las redes sociales", tiene al mismo tiempo también a un candidato como Beppe Grillo que se ha pateado todas las plazas de Italia. Para Domènech "el espacio sigue siendo la calle". Pone como ejemplo el 15-M: "Surgió en medio de anonadados espacios políticos y todos aquellos que veíamos la crisis de forma aislada abandonamos la soledad, y aunque también es cierto que la gente se volcó en la idea de comunicarse a través de las redes sociales, eso no conformó la revolución, porque más que el sujeto de la política las redes son un espacio integrado". Sin embargo, hay datos que no concuerdan, porque aunque el 15-M tuvo un apoyo de un 80%  de la población, durante todo su ciclo se produjo una victoria de las derechas, "aunque también es verdad que fue más una derrota del socialismo", dice Domènech.

Domènech, que también es activista y ha participado en el 15-M, critica por otro lado aquellas primeras interpretaciones del movimiento que daban a entender que "ya habíamos alcanzado la alternativa y no solo eso, sino que estábamos viviendo una revolución en marcha e inmediata". Apunta que había mucha gente que convencida decía: 'El 15M ha sido lo más grande que ha pasado'. "Pues no, ante una circunstancia así la historia sirve para comparar", certifica.

Pero los movimientos sociales forjados o desprendidos del 15-M, para este historiador "no son fenómenos inmaduros, pues entre la gente, al igual que en el pasado, cada vez hay un proceso fuerte de interacción", aun cuando muchos viven en la eterna espera de que estos movimientos asuman una maduración de "conciencia de clase y política en términos clásicos".

Nadie puede negar que desde hace décadas vivimos en una crisis de legitimidad del sistema. A partir de la gestión de la crisis de 2008 quedó claro que el sistema más allá de responder al resultado de las urnas, respondía a determinados intereses. "Todos, en cierta manera, ya sabíamos que era así, pero nunca había sido tan evidente: ahora, cuando una agencia de cualificación dice que es necesario hacer reformas laborales, el Gobierno de Mariano Rajoy de inmediato las ejecuta, a pesar de que en su programa indique que lo estudiará, eso es una imposición descarnada y pública que sale en televisión, violenta todo el discurso de la legitimidad democrática y va en detrimento de los derechos sociales".

Circunstancias como las ocurridas en Gamonal o Can Vies aun cuando vistas desde una perspectiva histórica no son nada trascendentales, de inmediato se convierten en un gran debate público sobre la violencia. El tema no es estar a favor o en contra si alguien en una manifestación "quema un cajero", para Domènech el debate real "es cómo creas el espacio, cómo ganas transformando las condiciones de vida de las personas, sus derechos, sus alternativas, sus esperanzas". ¿Por qué no se habla de la violencia causada por todos los dictados de la Troika, el FMI o el banco mundial y que conducen a la muerte a millones de personas?, se pregunta. Como consecuencia de esto estamos viendo fenómenos muy extraordinarios en lo político: el PP cae cada vez más profundo en su confianza "pero a la vez que ocurre eso, no crece el PSOE, sino que también se estanca y cae. Caen los dos".

Una de las paradojas que plantea entre otras el autor de Hegemonías es que siempre que se rememora la victoria del neoliberalismo de principios de los 80 se piensa en Margaret Thatcher y Ronald Reagan, pero "no nos damos cuenta de que en esos mismos años la izquierda socialista en Europa que nunca había tenido tanto poder, tenía el máximo poder institucional. La capacidad de movilización de las poblaciones en Europa había llegado a ser muy alta, aquello conllevó a un incremento en los derechos sociales y, al tiempo que aumentaban los salarios, se produjo una caída de la tasa de beneficios de las grandes fortunas del capital que terminaría por romper el pacto social que se dio como consecuencia de la II Guerra Mundial. En ese contexto las izquierdas gobernantes en vez de plantearse una dura respuesta renegociaron la baja del pacto social en aras de intentar salvar lo que se pudiese, y eso fue un gran error estratégico. Si en esos momentos había mucha población dispuesta a movilizarse y no era un momento de conflicto... ¿por qué se cometió ese error?", cuestiona.

Aun cuando ya se sabe que "estamos al borde de un colapso del capitalismo tal como lo conocemos" Xavier Domènech que formó parte del origen del Procés Constituent, (movimiento que promueve un cambio de modelo político, económico y social), considera al mismo tiempo que el capitalismo como sistema ha demostrado "una capacidad de supervivencia bastante elevada, en consecuencia no cree en ninguna teoría determinista del fin del capitalismo. Esto ya se pensaba a finales del siglo XIX, en los años 20 y en los años 30 y no pasó... lo que muchas veces pasó fue la barbarie que ha traído millones de muertos. Y es que el capitalismo es un sistema profundamente inestable, corto, que "entra en crisis si no produce un crecimiento ilimitado, y el infinito no existe en el planeta tierra".

En los 300 años de historia del capitalismo las únicas épocas de estabilidad largas se dieron entre 1945 y 1973, lo que se conoce como edad de oro del capitalismo, además se produjo cuando el comunismo era más fuerte que nunca pero paradójicamente era más estable el sistema, existía más capitalismo en los espacios centrales no como capitalismo salvaje sino como economía mixta con fuerte presencia del sector público en la economía, esa ha sido su gran época de estabilidad, sin dejar de lado los momentos de grandes crisis, que ahora como sabemos nos está conduciendo a un modelo económico ecológicamente no sostenible por el planeta.

En lo referente a las salidas de la crisis, más allá de un capitalismo autoritario o una propuesta de crecimiento progresista de izquierdas Domènech admite que puede surgir "durante un periodo ilimitado una propuesta capitalista de crecimiento cero", sin que eso signifique que no haya tasa de beneficios con lo cual "podemos tener una alternativa de un sistema muy autoritario y muy desigual... de hecho ya lo estamos viviendo", recuerda.

En efecto, para el profesor Domènech lo cierto es que al paso que vamos "nos dirigimos hacia la sociedad de los tres tercios", es decir: un tercio que puede vivir relativamente bien, un tercio que se asume como clase media pero que vivirá en una gran precariedad vital, y un tercio excluido socialmente, todo eso en la peor de las situaciones posibles, "pero sucede que la inestabilidad del sistema es muy fuerte, en consecuencia y sin ánimo de ser pesimista tiene la sensación de que esto no se solucionará en un año, ni en dos. Llevamos desde el 2008 y ya van seis años de crisis. La primera gran crisis del capitalismo duró 21 años, la segunda 16 años", recuerda, para quien no lleve la cuenta.

La huelga general del 29 de septiembre de 2010 fue determinante para saber a donde debía encaminarse la sociedad. La gran capacidad de movilización de los sectores tradicionales de la clase obrera, así como de otros movimientos fuera de los espacios tradicionales como el caso del banco de ocupados de plaza Catalunya; dejó claro que estábamos ante un ciclo nuevo pero fue en el fondo un fracaso, porque en esa huelga los dirigentes sindicales no querían hacer perder al PSOE pues la alternativa era el PP...Sucede que cuando el partido mayoritario de izquierdas hace una política dictada por los mercados financieros no quedan alternativas. "Lo que trato de explicar en el libro es que en esa huelga ya se puede intuir que tiene que aparecer algo nuevo dentro de los movimientos sociales de resistencia" y en ese sentido lo que vendría serían "movimientos sociales que pondrían en crisis no solo a la derecha, sino a la izquierda", es decir: a todo el sistema político.

Aunque las huelgas generales han conformado el eje central de las luchas estos años, esa centralidad sindical de antes ya no existe, es verdad que el ámbito del conflicto más evidente ahora se desplaza del ámbito laboral que es uno más de muchos ámbitos que confluyen en grandes movilizaciones de masas. Esto no quiere decir que hayan desaparecido los sindicatos, ni que haya desaparecido el conflicto capital - trabajo ni que eso sea un espacio central para muchos de nosotros. "Tampoco quiero ir al otro extremo del negativismo, pero los sindicatos necesitan una profunda reformulación".

Teñidos de frustración pero también de esperanzas que han mutado en diversas opciones, así se podría definir al 15-M y a los primeros movimientos de protesta contra la crisis que, de momento aguardan en la "la invisibilidad". Según parece, aunque poco se habla del tema se viene una poderosa tormenta para 2015, con las elecciones municipales de mayo, las autonómicas y las generales. Según advierte Xavier Domènech, en este nuevo ciclo político iniciado ya con las nuevas elecciones europeas, todos aquellos factores de 2011 volverán a converger, y desde luego que sin augurar un grado de comparación con lo ocurrido en Rusia durante febrero de 1917, se dará "una fuerte confrontación político-social, que más allá de repetir el 2011, emergerá y se transformará". Ejemplo de ello es el fenómeno Podemos y en el caso de las municipales tanto en Catalunya como en España "existen ya varios fenómenos de experimentación". "De todos, el más evidente ahora es la propuesta de Guayem", señala. Domènech espera al mismo tiempo que se acentúen las luchas sociales y la demanda de la construcción de una alternativa política que pase por la transformación radical de las instituciones actuales.

En lo que respecta al proceso independentista catalán, Domènech analiza el significado que ha tenido la idea de independencia a lo largo de la historia. Entre otros temas le despierta atención que neoliberales confesos convertidos en "oráculos nacionales", como Xavier Sala i Martín, el mismo que años atrás aseguraba que "no había ninguna burbuja inmobiliaria o que el Chile de Pinochet era un movimiento de crecimiento económico", se convierta "en el economista del proceso de liberación nacional".

Por otra parte, que se haya acrecentado en Catalunya la articulación de un sistema mediático con características propias deja en evidencia que "el independentismo ha encontrado el espacio donde incubarse e imaginar el futuro" en lo que respecta a esa "narrativa establecida" señala también que en el último año de forma acelerada, "el gran problema de Catalunya no era el contexto de recortes de derechos sociales, ni siquiera la crisis provocada por el sistema financiero sino el déficit fiscal". Entre otros temas que involucran a diversos actores de todo este proceso, la base social del independentismo "encuentra el grueso de sus nuevos reclutas en la clase media", que no es la más afectada en términos absolutos por la crisis pero esta les está mirando con una lupa, convirtiéndose así en "abono de crecimiento para la idea de la ruptura".

Además de rescatar la figura de Salvador Seguí, el noi del sucre : un hombre abierto en la capacidad de establecer alianzas en términos sociales y políticos y que, sin dejar de lado su ideología anarquista buscó impulsar la lucha proletaria, entre los referentes de este libro destacan E. P. Thompson y Walter Benjamin, así como Antonio Gramsci, "el gran pensador de la hegemonía en el siglo XX", cuya influencia enorme ha sido determinante para la arquitectura de este manuscrito.

Para Xavier Domènech "estamos viviendo una gran crisis de hegemonía", pero él se decanta por la posibilidad de construir nuevas contra hegemonías políticas y sociales para analizar la profundidad de su significado. En suma Hegemonías trata de contrailuminar el presente con el pasado para ayudar a entender mejor la situación en la que nos encontramos inmersos, no tanto para ofrecer una guía, "porque no vivimos un retorno eterno al pasado" pero el pasado sí importa, porque tal como nos enseña la historia, hay continuidades fuertes. Habrá pues que estar atentos porque "en cualquier momento" se producirán cambios radicales... que todavía no están escritos en ningún lugar.