Publicado: 05.12.2014 09:16 |Actualizado: 05.12.2014 09:16

Ridley Scott desata la cólera de Dios

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Hace un par de años, durante la promoción de su controvertida Prometheus, el veterano Ridley Scott advirtió del peligro de la religión, "la mayor fuente de mal". Entonces, el cineasta recordó que el mundo entero se estaba matando entre sí "en nombre de un Dios personal. Y la ironía  -dijo- es que probablemente están adorando al mismo Dios". Un Dios que ahora, en sus manos, en la esperada Exodus: Dioses y reyes, aparece representado como un niño de once años (Isaac Andrews). Un niño que, desde su apariencia inocente, esconde un ser todopoderoso, vengativo, retorcido y cruel. Un Dios caprichoso e iracundo. Con él y con una inesperada sentencia final sobre el pueblo hebreo que sigue a Moisés, Ridley Scott se reafirma en aquellas afirmaciones y deja un sello crítico en este relato bíblico, "la película más grandiosa que jamás se haya hecho".

"Cómo representar a Dios era uno de los grandes desafíos de esta película""Cómo representar a Dios era uno de los grandes desafíos de esta película -reconoció el cineasta ayer en Madrid-. Yo no quería lo tópico, los truenos y relámpagos y la voz impresionante. Por otro lado, un niño ofrece la imagen de un alma pura y franca y esa es una apariencia que le viene muy bien al poder. El niño de la película en realidad no es Dios, es Malak, que es lo que los hebreos llaman ‘mensajero'".

Frente a la célebre escena de la gigantesca producción de Cecil B. DeMille (Los diez mandamientos) en la que Charlton Heston extendía sus brazos y observaba cómo se separaban las aguas del Mar Rojo - "¡Mirad, ésta es la mano de Dios!"-, Scott insiste en la otra faceta de ese creador, en la brutalidad y barbarie del que envió las plagas con las que asoló Egipto. "¿Este es vuestro Dios? ¿Un asesino de niños?" pregunta Ramsés II a Moisés con su hijo muerto entre los brazos. "¿Qué clase de fanáticos siguen a un Dios así?"

Esa mirada crítica hacia Dios es, sin duda y sin tener en cuenta, por supuesto, los aspectos técnicos, lo que más aleja la película de Ridley Scott de la que hizo DeMille en 1956. Cierto que el primero no ha encontrado en Christian Bale (Moisés) y Joel Edgerton (Ramsés II) una alternativa evidente con la que responder a los poderosísimos Charlton Heston y Yul Brynner, sin embargo, esta producción es un entretenimiento de mucha calidad en lo que se refiere a efectos especiales y aspecto visual.

 

Rodada en 3D, Ridley Scott ha empleado en esta película más de 4.000 extras, un equipo con alrededor de 700 técnicos, unos 600 edificios construidos para el rodaje, centenares de caballos y de carros de combate, más de diecisiete cámaras en algunas de las escenas de acción... Más de cien millones de dólares de presupuesto. En los recursos utilizados y en la vocación sí se parece al gigante de DeMille, que fue la película más cara que se había realizado nunca y la sexta más taquillera de todos los tiempos.

Almería y Fuerteventura han sido los escenarios naturales de una buena parte del rodaje de la película, que cuenta con otras contribuciones españolas: la presencia de la actriz María Valverde, en el papel de Séfora, y la banda sonora creada por el músico Alberto Iglesias. "Fue fenomenal poder rodar en España", dijo Ridley Scott, que reconoció que cuando conoció los estudios de Ciudad de la Luz de Alicante se quedó perplejo. "Es una cosa demencial, son los mejores estudios del mundo y están vacíos. No entiendo qué está pasando en España".

John Turturro, Ben Kingsley o Sigourney Weaver son otros miembros de este reparto, para el que Scott tiene muy buenas palabras, aunque las mejores siempre las dedica a su actor protagonista y a uno de los guionistas, el británico Jeffrey Caine (El jardinero fiel, GoldenEye...) "Me dijo que creía que no era la persona más adecuada para este trabajo porque era ateo y le contesté que todo lo contrario, que era perfecto justamente porque era lógico e inteligente. Del mismo modo que los hebreos o Moisés luchan con Dios, Caine lucha con todos los directores con los que trabaja y lucha consigo mismo".

El propio Scott ha librado su propia batalla interior con este trabajo, en el que ha tenido que enfrentarse a su verdadera relación con Dios. "De pequeño me obligaban a ir a la iglesia y no me gustaba, pero entonces escuché muchas cosas y algunas se quedaron conmigo. Esos recuerdos nunca me han dejado, es como si tuviera una segunda consciencia. Todo eso llegó de manera inesperada cuando estaba haciendo El reino de los cielos (historia de las Cruzadas) y me sacudió un poco. Así que, sí, diría que soy un ateo, pero no estoy seguro de ello, tengo mis dudas. Soy agnóstico. Dios sigue ahí como una posibilidad".