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El Robinson Crusoe que vino de África

'Naufragio', de Pedro Aguilera, ofrece un retrato mágico de un inmigrante y se aleja del realismo social habitual

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Un hombre africano naufraga en el Estrecho, y aparece varado en una playa. Se llama Robinson y aunque empieza trabajando en los plásticos infinitos de Almería, emprende pronto un viaje hacia el norte para llevar a cabo el verdadero objeto de su viaje: matar a un hombre al que no conoce y calmar así a los espíritus de sus antepasados.

Pedro Aguilera, el director donostiarra que con su primera película, La influencia, recibió aplausos unánimes en la Quincena de Realizadores de Cannes de 2007, toma aquí el camino contrario al del realismo social con el que se suele abordar la inmigración africana en el cine europeo. Naufragio, que se estrena hoy, juega con otras reglas, las de un relato insólito de tintes animistas y mágicos, que rompe con los clichés con los que se suele abordar a las personas que llegan a España desde África.

'¿Acaso todos los inmigrantes son iguales y aspiran a lo mismo?'

'En la película hay implícita una crítica de sensibilidad', explica Pedro Aguilera a Público. '¿Acaso todos los inmigrantes son iguales y tienen las mismas aspiraciones? ¿Qué significa ser africano?'. Estas son preguntas que circulan por la película. 'Creo que debemos profundizar más y no crear bloques genéricos de todo, incluidas las personas que llegan a nuestro país desde otros lugares', apunta.

De pronto parece un filme del británico Nicolas Roeg, por su fragmentación y su carácter onírico, como recuerda a El Topo, de Jodorowsky. De hecho, el autor de El Incal se encontró con Aguilera y le leyó las cartas a su película. 'Me dijo que me he transformado en película y que el protagonista es la parte oculta de mi psique. De alguna manera yo quise hablar sobre mi subconsciente a través de esta historia', admite Aguilera.

'Quise mostrar qué poca sensibilidad tenemos a la hora de ver al otro'

Las lecturas de la película se multiplican. Naufragio también puede ser vista como un cuento medieval en el que el protagonista emprende un tránsito mágico-simbólico hacia la muerte. Quizás por eso el hermetismo, y la escasa profundidad de los personajes españoles con los que el protagonista se va topando.

'Algunos ven como esquemáticos los personajes secundarios, y ocurre así porque de alguna forma el protagonista es como un icono, una estatua o un fantasma. Para mí se trataba de mostrar qué mal miramos, qué poca sensibilidad tenemos a la hora de ver al otro', justifica.

Naufragio es también una reformulación de Robinson Crusoe, de Daniel Defoe. Aguilera reconoce que partió de la lectura del clásico libro al que veía como un relato colonialista y esclavista al que ha querido dar la vuelta. 'La película es la venganza poscolonial de Viernes. Robinson lo anuló y ahora él vuelve adoptando el nombre de su explotador para vengarse. El vagabundo que acaba matando es un Robinson moderno, un tipo perdido y loco como Occidente'.