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Cuando el rodaje de una película da para hacer otra

Anthony Hopkins encarna al maestro del suspense en 'Hitchcock', que recrea la filmación de 'Psicosis'. Antes, el cine dentro del cine ya había abordado el trabajo de directores como Orson Welles, John Huston, James Whale,

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Psicosis y Hitchcock regresan esta semana a los cines gracias a un biopic protagonizado por Anthony Hopkins y Hellen Mirren en el que se cuenta cómo fue el complicado proceso de rodaje de una de las películas más representativas del mago del suspense. 'No deberías esperar hasta la mitad. Mátala a los 30 minutos'. Esta frase, dicha por Alma Reville (Hellen Mirren) a Hitchcock durante el desayuno refleja la importancia que la mujer del cineasta tuvo no solo en el proceso creativo de Psicosis, sino en toda la carrera del director británico.

Hitchcock acababa de estrenar Con la muerte en los talones y buscaba desesperadamente una nueva historia que llevar al cine. Psicosis, una novela con malas críticas y rechazada por muchos antes que él, cayó entonces en sus manos. Inspirada en el asesino Ed Gein, Hitchcock ve en ese material literario de dudosa calidad y argumento provocador un fuerte potencial cinematográfico. Nadie le apoyaba en su decisión. Paramount no quería asumir el riesgo económico. Con la muerte en los talones había funcionado y le pedían que se mantuviese en esa línea. Empeñado en llevar al cine Psicosis, obsesionado con Ed Gein y con el apoyo incondicional de Alma, decide arriesgar su propio patrimonio autofinanciándose. Se arriesgó y ganó. Él y su mujer.

Así lo cuenta Hitchcock, un biopic con Anthony Hopkins en la silueta del mago del suspense que desgrana cómo fue el proceso de producción, rodaje, montaje y distribución de uno de los clásicos del cine en una película en la que todo gira en torno a la relación entre Hitch y su esposa, una mujer desconocida que tuvo mucho que ver en la carrera del director británico.

Sin ella, Psicosis no habría existido. Hablando a cámara -como hacía el director en sus famosos episodios de Alfred Hitchcock Presenta-, Hopkins se convierte en el Hitchcock menos conocido, el hombre enamorado e inseguro.

El director Sacha Gervasi se centra en la faceta menos conocida de este mago del cine y en la relación con su esposa y ayudante basándose en el libro Alfred Hitchcock and The Making of Psycho. Aún así no olvida su obsesión por las rubias, sus excentricidades, su fama de director imposible y su ingenio. Todo eso que hace unos meses retrató Julian Jarrold en The Girl, una película para la televisión que detallaba la compleja relación entre Hitchcock (Toby Jones) y Tippi Hedren (Sienna Miller) durante el rodaje de Los pájaros, cronológicamente la siguiente tras Psicosis.

Hitchcock forma parte de esa reducida lista de películas que tratan sobre el rodaje de otras películas reales, aunque, como ocurre con Mi semana con Marilyn, se concentra en gran parte en la relación personal de sus protagonistas. Hace dos años Simon Curtis convirtió a Michelle Williams en Marilyn Monroe para reseñar la historia de amor surgida entre un joven ayudante de producción llamado Colin Clarke (Eddie Redmayne) y la diva durante el rodaje en Inglaterra de El príncipe y la corista. De fondo, las inseguridades que siempre caracterizaron a la mítica rubia, sus cambios de humor, su forzada cara pública y la tormentosa relación con Laurence Olivier, su compañero de rodaje durante aquel 1956.


Aunque la dramatización ha desdibujando en cierta manera la línea que separa la realidad de la ficción, estas películas comparten el mismo punto de partida: un clásico del cine con un rodaje enrevesado y una potente historia detrás. En esa línea fue RKO 281. Estrenada en 1999 bajo la dirección de Benjamin Ross, es la historia de cómo Ciudadano Kane llegó a ser lo que fue. Orson Welles (Liev Schreiber) no era más que un joven de 24 años con un guión polémico entre las manos. Charles Foster Kane estaba inspirado en el magnate de la prensa William Randolph Hearst, al que se pintaba como un viejo solitario y avaricioso aislado del mundo en su lujoso castillo. Con un retrato así, Hearst no estaba dispuesto a dejar que Ciudadano Kane viese la luz. Coacciones, amenazas cumplidas y toda clase de escollos tuvo que superar Welles para que su ópera prima llegase al día del estreno.

Lo consiguió, no sin esfuerzo, en un ejercicio de testarudez y soberbia. Si Hitchcock tenía fama de director difícil, Welles no lo era menos. Su empeño le valió un Oscar al Mejor Guión Original compartido con Herman Mankiewicz (John Malkovich) y el reconocimiento como uno de los mejores directores de la Historia. Sus avatares, contados una y otra vez, se convirtieron en una película que ni de lejos acaricia la calidad de la que la inspira y cuyo enigmático título no es otro que el nombre del expediente asignado por la RKO al guión de Ciudadano Kane.

El escritor Peter Viertel recogió en una novela sus andanzas junto a John Huston en África y Clint Eastwood rodó con ello en 1990 Cazador blanco, corazón negro. Una película en la que el oscarizado director interpreta a John Wilson (personaje basado en Huston), un cineasta que se empeña en rodar en el continente africano como única excusa para cazar un elefante. La película está plagada de referencias fácilmente reconocibles para los amantes del cine. Guiños recurrentes a La reina de África y a su rodaje pese al enmascaramiento de personajes y hechos. De nuevo, como en Hitchcock y RKO 281, la figura de un director complicado en el trato.

El germen de Cazador blanco, corazón negro es una novela, no una biografía, ya que hay mucho de ficción en lo que contó Viertel. Como lo hay en La sombra del vampiro.

En 1922, el visionario F.W. Murnau rodó Nosferatu. Un clásico del cine de terror basado en el Drácula de Bram Stoker en el que el misterioso y tétrico Conde Orlok es en realidad un vampiro que aterroriza a la comarca.

78 años más tarde de aquello, E. Elias Merhige estrenó La sombra del vampiro (2000), una ficción que contaba el rodaje de Nosferatu partiendo de la rocambolesca idea de que el actor que interpretaba al Conde Orlok era realmente un vampiro, con lo que eso suponía para el equipo implicado en la película. El actor/vampiro era Willem Dafoe, mientras que John Malkovich fue el encargado de interpretar al director de cine alemán.

Aunque no se centran en el rodaje de una sola película, no pueden dejar de mencionarse dos títulos como Ed Wood y Dioses y monstruos. Con la primera, Tim Burton reivindica la figura del denominado peor director de cine de la historia, quien no era otra cosa que un cinéfilo empedernido con más pasión que talento y medios. Con Johnny Depp en el papel principal y rodada en blanco y negro, Ed Wood repasa la carrera del director de Glen or Glenda incluyendo escenas del rodaje de algunas de sus películas como la ahora de culto Plan 9 from Outer Space y su rescate de un acabado Bela Lugosi (Martin Landau).

Dioses y monstruos, dirigida por Bill Condon, presenta a un retirado y casi acabado James Whale (Ian McKellen). El director de Frankenstein (1931) y La novia de Frankenstein (1935) vive de sus recuerdos, alejado del cine y condenado por una enfermedad que acabará con él. Dioses y monstruos pone el foco de atención en la importancia que la obra de Mary Shelley tuvo para Whale. Cómo la llegada de un joven jardinero a su mansión (Brendan Fraser) hace que se convierta en una suerte de Víctor Frankenstein que modela a su propia criatura con el fin de que acabe con él.