Publicado: 01.04.2015 17:13 |Actualizado: 02.04.2015 09:42

ENTREVISTA | JEAN-PIERRE AMÉRIS

“Rodar a los marginados da sentido al cine”

Jean-Pierre Améris vuelve a poner el foco en ‘la diferencia’ con 'La historia de Marie Heurtin'. La película recupera la experiencia real, a mediados del siglo XIX, de una joven sordo-ciega, incapaz de comunicarse, que vivía en estado semisalvaje y que aprendió el sistema de signos y salió de la oscuridad

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El realizador francés Jean-Pierre Améris.- EFE

El realizador francés Jean-Pierre Améris.- EFE

Jean-Pierre Améris es un cineasta atípico. Un guionista y director que hace películas para devolver con ellas “lo que el cine me dio a mí”. Acomplejadísimo en su adolescencia por su tamaño —es un hombre altísimo—, confiesa que siempre se sintió identificado con los personajes que eran diferentes y ahora, tal vez por ello, pone la mirada en esas personas. “Poner a los marginados en el centro de la pantalla da sentido al cine. La idea es ayudarles con las películas a que superen sus miedos”. La historia de Marie Heurtin, su nuevo filme, se ajusta perfectamente a este objetivo.

Basada en hechos reales, está ambientada en la segunda mitad del siglo XIX. Un artesano, incapaz de comunicarse con su hija, una joven de catorce años sordo-ciega, y sin dinero para pagar el asilo, la llevó a un convento cerca de Poitiers, dirigido por las Hermanas de la Sabiduría. Allí, una de las monjas, Marguerite, acogió a la chica y decidió sacarla de la oscuridad en la que vivía. Marie Heurtin era una pequeña salvaje cuando llegó. La religiosa consiguió comunicarse con ella y enseñarla el alfabeto para sordomudos. La joven, con el tiempo, aprendió Braille, llegó a usar una máquina de escribir, estudio Historia, Geografía… Hoy se sigue empleando aquel método y el convento se ha convertido en el Instituto Larnay, donde se trabaja con niños sordo-ciegos.



Una vez más pone usted el foco en personajes marcados por la diferencia con problemas de comunicación, ¿es siempre su objetivo?

Es lo que me emociona y lo que quiero contar. Historias de personajes al margen de la sociedad, como los enfermos de La vida (película por la que ganó el Premio al Mejor Director en San Sebastián), los discapacitados. El sentido de hacer películas es poner a esa gente en el centro de la pantalla. Poner a los marginados en el centro de la pantalla da sentido al cine. La idea es ayudarles con las películas a que superen sus miedos. También me gusta contar historias de personas que consiguen superar las dificultades.

Con La historia de Marie Heurtin la clave está en el lenguaje y la capacidad para comunicarnos...

Yo tuve muchas dificultades para comunicarme con mi padre y, en realidad, solo necesitaba cogerle la mano, tener ese contacto. Aquí es lo mismo, la comunicación se consigue gracias al tacto.

Marguerite enseñó a Marie Heurtin el sistema de signos a través del tacto, y eso le dio un lenguaje. Existimos solo porque tenemos lenguaje y nos comunicamos. Eso es para todos. Un bebé, aunque no sea sordo, si no se le estimula no se desarrolla. En esta historia es fascinante cómo Marie Heurtin cuando comienza a comunicarse va descubriendo el mundo real y también cómo llega a comprender las nociones abstractas

Su protagonista es Ariana Rivoire, una chica sorda que no había actuado nunca antes, ¿cómo trabajó con ella?

Ariana es una chica sorda de nacimiento que aquí también tenía que hacer que era ciega. Lo que hice fue llevarla al centro de niños y adolescentes sordo-ciegos de Poitiers, donde ocurrió realmente la historia y donde se sigue trabajando. Allí, los niños vienen y te tocan la cara, te huelen… Cuando llegamos, vino una niña africana, que es sordo-ciega por culpa de la rubeola, que estuvo veinte minutos con Ariana y no la soltaba. Ella estaba sonrojada y con una emoción enorme. En nuestra sociedad no tenemos la costumbre del contacto físico y la verdad es que éste hace que caigan muchas barreras.

La historia de Marie Heurtin

Un instante de la última película de Jean-Pierre Améris, 'La historia de Marie Heurtin'.

En los países más ricos la gente se toca menos, ¿eso implica un tipo de comunicación diferente?

Sí. Es interesante porque es algo que en esta sociedad molesta y, sin embargo, tocarse lleva a algo visceral que es la auténtica comunicación. Los chicos que están en el centro de Poitiers no hacen trampa. Al principio te molesta que te toquen, pero ves que tienen una percepción increíble. Al cabo del tiempo ya nos reconocían por el olor.

¿Cuál cree que es la lectura de su película hoy, en el siglo XXI?

Para mí era importante contar esta historia que se había olvidado y creo que sigue siendo una historia muy actual sobre la educación. En Francia hemos hecho muchas proyecciones con alumnos de barrios difíciles. Es triste ver a los adolescentes desmoralizados pensando que no tienen futuro. Como Marie Heurtin, estos chicos también se merecen alguien que les diga que confía en ellos y se pongan a trabajar.

Desde los días de su película a hoy ¿la situación de las personas sordo-ciegas ha cambiado mucho?

No. Desgraciadamente las cosas no han cambiado tanto. Hace poco me contaron unos padres que llevaron a su hijo al médico y que éste les dijo que su niña era retrasada, cuando es sorda. En Francia, desde luego, sigue siendo un problema de diagnóstico, no detectan en los bebés que son sordo-ciegos, sordos… y piensan en otras cosas. Y, además, no hay muchos centros donde llevar a estos niños.

¿Confía en que su película ayude a estos niños, a sus padres…?

Con mis películas trato de devolver lo que me ha dado el cine a mí. El cine me ayudó muchísimo cuando era una adolescente, así que ahora sigo pensando que en la sala de cine un chico que es o se siente distinto puede encontrar valor en alguna película. En Francia hay público, sordos y ciegos, que van a ver la película. Incluso ha ido algún sordo-ciego. Los padres son felices con la película porque es como un reconocimiento y lo que ven en la pantalla, de repente, es igual que lo que le pasa a su hijo. Se dan cuenta de que no son niños que haya que esconder, son niños dignos de ser protagonistas de una historia. Quiero participar un poco en eso, en que las personas superen sus miedos.